jueves, 17 de julio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


Antonia La Negra


         Cuenta La Lole: “Mi madre cantaba desde chiquitilla; mi abuela la ponía a cantar en las ferias cuando yo tenía doce años. Mi tia Adina y mi madre introdujeron el árabe en el flamenco”. Antonia Rodríguez Moreno La Negra, hija de Joaquín y Luisa (del padre tomó el cante y de su madre el baile), nació en Orán, Argelia, en 1936; su progenitor, trianero y cantaor aficionado, era vendedor de telas y fue a instalarse en el país africano. “Mi padre -cuenta la extraordinaria cantaora-, mi único maestro, se levantaba muy temprano y ya estaba cantando hasta las diez de la mañana que se iba al mercado”. Cuando Antonia tenía quince años escuchó cantar a Pastora Pavón en Casablanca, curiosamente Juan Montoya actuaba con ella. Nunca estuvo de fiesta con artistas punteros, salvo una ocasión en que le cantó a Caracol. Y es en Casablanca donde se presentó ante el público en un teatro.

         Con dieciséis años los aires del cante le llevan a Triana donde contraerá matrimonio con su primo, el bailaor Juan Montoya viviendo, primero, en la calle Evangelista y, luego, en el Tardón. Resultado: seis niñas, todas cantan y bailan. De casada siempre se dedicó a su hogar, sólo cantaba en la intimidad familiar. Se dará a conocer cuando se forma el grupo “Familia Montoya”, a principios de los ochenta; su hija Lole le empuja a cantar y a convertirse en el alma del grupo demostrando poseer una de las voces más personales por su particular rajo gitano. Por estos réditos naturales Cristina Hoyos la elige para que le cantara en la película “Tarantos y Montoyas”, pero Antonia no se decide y rechaza la oferta. Y continuó cantando de forma intermitente apareciendo como artista profesional con sus particulares bulerías sin más acompañamiento que la guitarra y las palmas.

         La Negra es la cantaora elegida por bailaores y bailaoras cuando quieren representar la pureza, las raíces, la verdad desnuda del cante en aquellos espectáculos de esencia gitana como “Macama Jonda” con Enrique Morente en 1976. Y una de estas estrellas del baile es su paisana Manuela Carrasco, a la que ha acompañado en varias de sus giras. Por las características de su garganta que tanto se ha alabado formó en el grupo que participó en “El flamenco y el son cubano”, ciclo organizado por la Diputación el verano de 1996.

         Antonia La Negra no ha tenido una vida fácil, tal vez el cante la ha liberado y la libera de las sombras de los días aciagos. En el año 2010, el 12 de abril, se le dedicó un oportuno y merecido homenaje en el Teatro Lope de Vega, organizado por los hermanos Cadaval (Los Morancos de Triana), en el que participó un generoso plantel de artistas, entre los que estaban los miembros de su familia con Miguel Poveda, Niña Pastori, El Lebrijano y Moraito. En la Navidad del 2011 anunció las fiestas de Pascua con su familia en la “Primera Poleá Flamenca de Triana”. Añadimos que fue nombrada Trianera Adoptiva durante la Velá de Santa Ana de 2012. Este mismo año actúa, voz a voz, con su hija menor, Angelita Montoya, en el llamado Espacio Santa Clara y dentro del programa de la Bienal; la guitarra fue de Paco Iglesias.

      Antonia, una estrella que canta y baila como sus hijas, no pierde la oportunidad de unir su hermosa ranciedad a la madurez y frescura de ellas y su nieta, tres voces de la misma sangre, pero la suya tiene un matiz inalcanzable.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"

sábado, 12 de julio de 2014

EL FAROL DE MARCHENA


TRIANA LA  OTRA ORILLA DEL FLAMENCO (1931-1970).


Muy cerca de los días señalaitos se producirá la presentación de esta segunda parte del trabajo que nuestro amigo Ángel Vela comenzó hace ya algunos años y que tuvo su primer fruto el mes de julio pasado. Muchas horas de trabajo, incontables entrevistas, cajones repletos de fotografías, algún que otro plantón y sobre todo un inmenso amor a Triana son los ingredientes principales  de este nuevo libro que se presentará el próximo  martes 15 de julio de 2014 a las 21 horas en el Hotel Ribera de Triana, en la plaza de Chapina.

En este blog hemos tenido la oportunidad de disfrutar, en primicia,  de algunos pasajes del nuevo libro que nos dará a conocer la historia flamenca del arrabal desde el año 1931 a 1970; ampliamente ilustrado y repleto de reseñas de artistas, lugares y hechos acaecidos desde el  inicio de la Segunda República  hasta las postrimería de la Dictadura Franquista.

Allí estaremos, dando muestras de afecto y cariño a este autor del que como trianero y amigo me siento orgulloso. Una vez más, gracias amigo Ángel porque tu obra servirá para que las generaciones futuras de trianeros sepan la verdadera historia de su Barrio.




José Luis Jiménez

sábado, 5 de julio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO



Pastora la de El Pati


      Esposa de Antonio Vega Moreno, bailaor conocido como El Pati, su compañero hasta el último suspiro y al que tantas veces le cantó para el disfrute de ambos y también en fiestas organizadas. Pastora Cruz Moreno nació en 1923, hija de Manuel Cruz Flores y de Carmen Moreno, natural de Alcalá del Río. Su padre, nacido en Castilblanco de los Arroyos, era un hombre trabajador y listo que sabía leer y escribir y se dedicaba a traficar con el ganado cuando no hacía de calderero. Pero a Pastora la crió, desde los pocos meses de vida, su tía Esperanza, hermana de su madre, que vivía en Triana y que estaba casada con un hombre bueno que se dedicaba a la venta ambulante de tejidos. Este matrimonio tuvo un hijo cuando Pastora era una niña, Paco, el popular mudo de Santa Ana.

      Pastora conoció en la misma Cava a El Pati, un bailaor que alternaba sus actuaciones profesionales con labores distintas, se casaron el año 1944 en la iglesia de Santa Ana y cogieron habitación en el corral de la callecita de Cisne donde nacerían sus cuatro hijos. A Pastora le gusta cantar y bailar desde el fondo de su memoria, pero no fue artista de teatro hasta que llegó “Triana pura y pura”, ya curtida por la vida y hechos solera su cante y su baile. En la siguiente etapa del grupo, la comercial, actuó profesionalmente junto a su hijo Manuel demostrando lo que atesoraba. Y disfrutó de viajes y aplausos hasta en las discotecas por gracia del “probe Migué”. Y así hasta que el grupo languideció. Pastora fue pilar indiscutible de esta vieja Triana que asombró a toda España.

     Los malos vientos inmobiliarios y económicos la llevaron a Tomares con su marido y su camarada El Coco, después de intentar por todos los medios quedarse en Triana y vivir un tiempo en la calle Pureza y el Barrio León. Ya viuda -El Pati falleció en 1992- Pastora continuó viviendo en el cercano pueblo de Tomares con su hijo Nicolás hasta su reciente fallecimiento.


Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"

domingo, 29 de junio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO

LOS FLAMENCOS EN LOS CINES DE TRIANA.


         En el cine San Jacinto, inmediato a la plaza del Altozano, se presentó Manuel Vallejo con su compañía de variedades, en 1933. Pero es tras la guerra cuando las embajadas artísticas son más necesarias para levantar el ánimo de un vecindario entristecido, agobiado por las duras jornadas de trabajo y asediado por necesidades y estrecheces de todo tipo: transcurría pesaroso “el año del hambre”, un año que duró casi dos décadas.

        Caracol y Lola Flores visitaron el Cine Avenida en varias ocasiones; la primera fue para animar en una fiesta el gesto de Queipo de Llano -uno de los suyos-, que apadrinaba a tres chiquillos del Barrio León; también actuaron aquella noche El Maní y Curro de Utrera. Finalizando la temporada de 1941, Monserrat presenta en la terraza de la Cava de los civiles, justo al lado del cuartel, una de sus “óperas andaluzas” en un programa encabezado por Juanito Valderrama y El Sevillano, con El Peluso y dos guitarristas excepcionales: Esteban Sanlúcar y Niño Ricardo. En el cine Alfarería, el 7 de septiembre de 1949, el original flamenco-cómico Guarino, natural de Puerto Real, actúa “en homenaje a su barrio de Triana”, con El Sevillano y los trianeros Chiquito de la Cava y Armando Gutiérrez en el cartel. Precisamente el rapsoda Armando Gutiérrez, junto a la que sería su esposa, la canzonetista Lolita Arispón, encabezarían la compañía –muy trianera- que un día de julio se presentaría en la terraza del Alfarería. También en este escenario cantó Vallejo en 1954, y años después vimos sobre su albero a un coplero flamenco que deslumbraba: Enrique Montoya, mientras el maestro de locutores, Rafael Santisteban, cerca de nosotros, comentaba que era mejor que Manolo Escobar, la otra sorpresa -entonces- de la canción andaluza. Otro de los cines de verano que en ocasiones ofrecía espectáculos flamencos fue el Gran Cinema San Jacinto, lugar donde la noche del 27 de junio de 1945 el empresario Rafael Canela presenta su espectáculo “Fantasía Andaluza” con El Sevillano –que, recordemos, vivió en Triana-, Rafael Ortega y el anunciado como Campoy que cantaba justo frente al Barrio León donde tenía su casa.

        Además de las llamadas “terrazas cinematográficas”, los artistas se presentaron muchas veces en las salas de invierno, el Cine Rocío, Triana Cinema (luego trasformado en el Astoria), Emperador y Los Remedios. En el Triana Cinema, abierto en la calle Castilla en 1931, cantó La Niña de los Peines en las vísperas de las Pascuas de 1935; vino con El Pinto, Sevillanito, y Niño Ricardo. En el mismo cine organizó la Falange varios espectáculos de variedades durante la guerra en los que participaron artistas trianeros como Juan El Tumba y Los Gitanillos de la Cava.

      En el Rocío se presenta la bailaora Carmen Mora con el omnipresente Antonio El Sevillano con el espectáculo “El sentir de la copla” con la canzonetista Consuelo de Triana. En el vetusto cine Rocío, ya en su despedida, ofreció un recital Manuel Gerena en noviembre de 1969; toda una heroicidad. En el Astoria se celebró en 1976 el homenaje al Sordillo de Triana y, después, al Niño de la Calzá, y el Cine Emperador recibió en su vuelta a Triana la rabia cantaora de Manuel Gerena un día de octubre de 1972. En junio de 1973 se celebró en esta sala colosal, la de mayor aforo de Sevilla, un festival para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer actuando Abadía, Oliver, El Pintor, Peregil, Luis Caballero, Naranjito, Curro Fernández, Matilde Coral, Rafael El Negro, Ricardo Miño, Manolo Domínguez y Antonio Mairena. Esta sala sirvió de escenario a la Bienal de 1986. Triana fue un arrabal de cines al servicio del arte flamenco.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"

sábado, 21 de junio de 2014

EL CHUZO DE MARCHENA


UN TRANVÍA PARA TRIANA


Son muchas, y frecuentemente de sentidos opuestos, las reivindicaciones que  se realizan en Triana. Mientras que algunos, por ejemplo,   piden más peatonalización o más carril bici, otros piden más aparcamientos y vías de entradas con vehículos automóviles.  Estas contradicciones, propias de una comunidad amplia y heterogénea, nos deberían hacer reflexionar para finalmente encontrar una solución que en gran medida satisfaga el interés de todos. Tal vez los gobernantes podrían abrir esas vías de debate que podrían serles muy útiles para tomar decisiones, a priori,  complejas. Sin embargo lo frecuente es favorecer el interés de los grupos afines y los del propio partido para el que trabajan por encima del de los ciudadanos.

Mucho se está hablando últimamente de la credibilidad de los políticos que se han acostumbrado a mentir e incumplir sus promesas sin ningún coste. El caso del aparcamiento de San Martín de Porres es uno más de la amplia lista de las promesas incumplidas por el Alcalde de Sevilla del que recuerdo, cuando venía a Triana a realizar la campaña electoral, como argumentaba la necesidad de construir un gran aparcamiento subterráneo en dicha plaza que impulsara la actividad comercial del Mercado de San Gonzalo y zonas próximas como San Santa Cecilia. Además, la reciente remodelación y ampliación del moderno hospital de la calle San Jacinto –otro santo más y parecen demasiados para el callejero de una ciudad de un estado laico como dicen que tenemos-  habían producido un aumento de  las necesidades de plazas de aparcamiento por la zona.  Durante los dos primeros años de su mandato han continuado las promesas de construcción de este aparcamiento; incluso han sido frecuentes las visitas y fotografías del delegado del distrito  en la plaza con nombre de santo peruano. Sin embargo en los últimos días  hemos escuchado al Sr. Zoido decir que esta época nadie construye aparcamientos de este tipo, a la vez que se enorgullece de fomentar el aterrizaje en nuestra ciudad de las grandes multinacionales de moda, ferretería, alimentación, mobiliario, etc. con el falso argumento de la creación de puestos de trabajos.  A estas grandes superficies le facilitamos la construcción, el aparcamiento, los viales y, si hace falta, cambiamos las leyes  para que se establezcan en nuestra ciudad, sin embargo nadie piensa en los pequeños y tradicionales comercios de los barrios, nuestras plazas de abastos, los artesanos  -¿se acuerda en estos momentos  algún político de la Casa de los Artesanos de la calle Covadonga?- y todo el tejido empresarial que se mueve en torno a este sector minorista. Ahí es donde se está perdiendo el empleo; un simple paseo por las calles que antaño eran más comerciales nos muestra un sinfín de carteles con los reclamos de “Se Alquila”, “Se Traspasa” o “Se Vende”.

Pero el alcalde y su séquito en un arrebato de magnanimidad con Triana nos terminan por regalar el tranvía amarillo que desde diciembre de 2012 está expuesto frente a la antigua cochera trianera de los tranvías, esta vez con tablilla renovada,  hermoso directorio explicativo  y valla verde del “Brico Depôt”. A falta de aparcamiento subterráneo  y línea del metro tendremos por fin el monumento que llevábamos reclamando desde hace algunos años. Gracias Sr. Alcalde;  en muestra de agradecimiento nos encomendaremos al santo negro que le da nombre a la plaza  rogándole le  transfiera algunos de sus dones como el de la levitación, la videncia y la bilocación, pese a que este último parece que ya lo tiene usted, a la vez que le regalamos la  fuente de la Plaza para que la emplee en lo que más le convenga.






José Luis Jiménez

sábado, 14 de junio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


Francisco Delgado Ramos. "El Pintillo de Triana". 


EL FLAMENCO EN LA VELÁ DE ESTOS AÑOS (1931-1970)


Para el cante y el baile durante las noches de Velá de Santa Ana, los años cuarenta y cincuenta fueron los más intensos. Para Aurelio Murillo, eterno alcalde de Triana, el flamenco era imprescindible en un barrio como el suyo; también lo fue para otro concejal de fe trianera y flamenca, Alfonso Jaramillo. En 1956 Jaramillo quiso darle más lustre al concurso e invitó como jurado nada menos que a La Niña de los Peines, Pepe Pinto y Manuel Vallejo, y ocurrió que decidieron contra lo que opinaba el público que daba por ganador al local Niño Segundo, y se formó un escándalo mayúsculo. Y mientras Jaramillo decía “tierra trágame” el jurado desapareció sin la menor preocupación. Todo es posible en Triana. En estos años destacaba en las noches de Velá un cantaor aficionado muy popular: El Pintillo de Triana, el artista ácrata del barrio, sin casa ni obligaciones, sólo la de darle de comer a sus perros, los más fieles seguidores de sus andanzas. Su amigo, don Urelio, le administraba el importe de los premios para que no desapareciera en una de sus correrías.

        En 1967, en una noche de Velá, se celebró la primera misa flamenca; fue en Santa Ana: Antonio Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana y El Poeta fueron los artífices; a don José, el cura, se le mudaba la cara cada vez que veía circular los güisquis “inspiradores” por la sacristía. Fue un inolvidable acontecimiento. En las décadas siguientes, con la llegada de los partidos políticos, el nuevo andalucismo militante y las otras novedades democráticas, el flamenco en la Velá se convierte en espectáculo de profesionales, como cualquier festival y con acusada presencia de artistas de esta orilla. Oliver, El Arenero y “Triana Pura”, debutaron en el escenario de la Plazuela en noche de Sant´Ana. 

        Una noche de Velá el buen aficionado, Pepe Huesca,  acompañó a Chano Lobato  después del cierre de El Patio Andaluz donde ambos trabajaban. Pasearon por la calle Betis, aunque ya la fiesta se concentraba en unos cuantos focos íntimos... Entonces el artista gaditano, afincado en Triana, le dice a su compañero lo que éste nunca olvidó: “Aquí vienen muchos artistas de todas partes para ver a esos grupitos de trianeros bailar por fiesta, porque la verdad es que hacen lo que quieren con los pies... unas vueltecitas y ¡ahí queda eso! Los profesionales siempre pescan algo nuevo”.



Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"




lunes, 9 de junio de 2014

EL CHUZO DE MARCHENA


Fachada del Museo de la Cerámica de Triana con "cartelito" de la empresa de seguridad y remates de obras sin ejecutar

MUSEO DE LA CERÁMICA DE TRIANA: CONTINUA EL CACHONDEO


La incapacidad de gestión de estos personajes que nos gobiernan, en la múltiples administraciones con la que contamos, se pone de manifiesto con las cifras globales de paro, desahucios, listas de esperas en sanidad, emigrantes, etc. Ninguno de los partidos con representación y responsabilidades de gobierno, PP en el Ayuntamiento  de Sevilla y en el gobierno central y PSOE e IU en la Junta de Andalucía, son incapaces de poner remedio a los males que padecemos la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo estos personajes públicos se permiten seguir tergiversando las cifras a su antojo y, lo que es más grave aún, se ríen impunemente de nosotros.  

La historia de la inauguración del Museo de la Cerámica de Triana bien pudiera haber sido uno de los títulos de aquellos cuentos de Calleja con personajes como Gregorio Serrano, Granada Santos, Rafael Rodriguez, Juan Ignacio Zoido o  Alfredo Sánchez Monteseirín que siendo alcalde vaticinó que el Museo abriría en 2008.

Son numerosas las entradas que llevamos escritas en este blog sobre el asunto y queremos dejar constancia del último anuncio realizado la semana pasada tras la manifestación  que realizó el alcalde desde el propio edificio donde anunciaba la apertura para el mes de abril.  De nuevo, y ya hemos perdido la cuenta, dos representantes políticos, Gregorio Serrano (PP) y Granada Santos (IU),  anuncian en rueda de prensa que el Centro abrirá a final de este mes de junio.

La desfachatez de estos cargos públicos  no tiene límites y se permiten decir que la apertura del  museo acumula un mes y medio  de retraso cuando ellos mismos ya estuvieron presente en septiembre de 2012, para la recepción de unas obras que al día de la fecha siguen estando inconclusas (observen las fotografías  actuales), y anunciaron la inauguración a finales de  2012, o sea hace ya año y medio. Recordamos  de nuevo que  en enero de 2013 el delegado del Distrito Triana, Curro Pérez, anunciaba la apertura en breve o que el Consejero de Turismo, Rafael Rodríguez, anunciaba el 21 de mayo de 2013  la apertura para finales de ese año.

¿Se imaginan en el ámbito de una empresa privada que se realice una inversión de más de 4 millones de euros y –usando un término del gusto de los políticos- no se ponga en valor? ¿Qué pensarían los accionistas de esta supuesta empresa de su administrador? Si pasan por la puerta del Museo podrán comprobar como hay permanentemente un vigilante de seguridad en el interior lo que demuestra que los gastos de explotación van corriendo, pese a no tener ninguna actividad. 

El cartel de la empresa de seguridad junto con el cable colgando los grandes protagonistas de la fachada del museo de la cerámica. La falta de respeto y sensibilidad son evidentes. Y dicen que el Museo no abre porque no han contratado las cámaras de seguridad; tiempo han tenido.

Sin ver el interior del edificio, ni por supuesto los contenidos, auguramos que estamos ante una gran chapuza como lo demuestra el estado de la fachada  donde, casi dos años después de la recepción de las obras, aún están los cables colgando, escalones sin rematar, chapas dobladas,  múltiples desconchones o la manifiesta falta de sensibilidad de quienes están dirigiendo este futuro museo cuando sobre su blanca fachada, en la que no han querido instalar ni un solo azulejo cerámico, acaban de instalar tres carteles anunciando a la empresa de seguridad.     

Hasta 3 carteles de esta empresa rocianera hemos contado sobre la fachada del Centro donde el azulejo no es bienvenido.

Cualquier persona con un mínimo de dignidad y vergüenza torera no aparecería por Triana para volver a anunciar una fecha de apertura para este museo que tanta falta hace que esté abierto, sin embargo estos representantes del gobierno municipal y autonómico no tienen ningún tipo de reparos para aparecer una y otra vez y seguir cachondeándose de nosotros.

Lo que son capaces de hacer por no perder un sueldo público que no merecen…


José Luis Jiménez

jueves, 5 de junio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO

Cortijo El Guajiro


Los que no están muy seguros de la geografía trianera suelen asentar que El Guajiro estaba “en el sevillano barrio de Los Remedios”; pues no, señor, la calle Salado está bajo la influencia del Monte Marianillo; o sea, que no puede ser más Triana antigua y más flamenca su huella; a pocos metros existía y existe la casa de vecinos que se conoció como la “de los presos”. Todo esto dejando sentado que la barriada de Los Remedios es tan Triana como cualquiera de sus otras barriadas satélites; otra cosa es que algunos de sus moradores, llegados en aluvión de mil lugares distintos, se sientan a gusto desconociendo las raíces del lugar donde llegaron a aposentarse porque su economía lo permitió. La geografía histórica de esta orilla sigue siendo la asignatura pendiente de algunos cronistas y críticos con una idea insuficiente de los límites del arrabal.

El Guajiro, que abrió con tres socios propietarios, Francisco Rodríguez (alias El Guajiro), Juan Cortés Hutton, relaciones públicas del local, y Carlos al que, por su apellido llamaban “el alemán. Es el primer tablao de Sevilla y feudo de la Triana flamenca, raro el artista del arrabal que no pasara por su escenario; ellos lo mantuvieron. Fue inaugurado el 23 de julio de 1952 al final de la antigua calle Tulipán, actual Salado, aislado por el lugar que ocupó el cortijillo de El Guajiro, un curioso personaje que iba montado en su caballo a todos los sitios y que conservó su picadero justo detrás del tablao. El 12 de marzo de 1956 se reinauguró tras una profunda reforma con una fiesta en la que La Paquera fue la figura central.

En El Guajiro, del que se decía que era la sala de fiestas más atractiva de Sevilla y quizás de España, presentaron su arte “en el tipismo que encierra el marco de la sala”, nombres como Pepe El Culata, Pepa y Matilde Coral, Rafael El Negro, Farruco, Los Hermanos Rabay, La Pillina, Barrilito, El Moro, Manolo Marín, El Bujero y tantos otros. Se anunciaba en 1961 a dos guitarristas “de solera”: Manolo Brenes y Pedrito Sevilla, a la pareja Coral y Quiroga, al Trío Sevilla y a la Orquesta del maestro Moradiellos “con un conjunto de profesores”. Precisamente Moradiellos compuso una pieza titulada “¡Ay, Cortijo del Guajiro!” que se solía interpretar antes y después del espectáculo. Desapareció a mediados de los años sesenta.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"


viernes, 30 de mayo de 2014

EL DEDO DE RODRIGO

Ballesteros en su bar. Del archivo de Manuel Cerrejón, extraido del libreto "Triana Cantaora"


Casa Ballesteros (Joaquín y Antonio Ballesteros)


Joaquín Cosme Baeza (1915-1967) nació en la calle Castilla número 96, la casa donde palpitaría una de las tabernas más flamencas de Triana, Casa Ballesteros, existente desde que su tío, Joaquín Baeza Ballesteros, decidiera convertir la antigua tienda de comestibles de su padre, Joaquín Baeza Portela, en taberna (entonces número 92 de la calle) a principios de los años veinte.

El conocido como Joaquinito Ballesteros fue allí, además del regidor, el animador habitual, ya en los años cuarenta, de tantas reuniones y su cante siempre era esperado con interés. En una de estas ocasiones, noviembre de 1963, se le grabaron unas soleares en un magnetófono, cante que Manuel Cerrejón incluye en uno de sus trabajos, Triana cantaora, y que, por razones de edad, no da la dimensión de su categoría interpretativa. A los artistas hay que grabarlos en su mejor momento, pleno de facultades, de lo contrario queda una idea equivocada de su altura. Cuando falleció Joaquín Ballesteros su amigo El Arenero le dedicó esta soleá: Ya se murió Joaquinito/ Joaquinito Ballesteros,/ que cantó por soleá/ mejor que to el mundo entero.
La popular taberna fue hasta la muerte de Joaquín ágora de tradición flamenca arraigada en el hemisferio payo de Triana. La enorme afición y buen estilo interpretativo del que hacía gala y a quien no le iba a la saga su hermano Antonio, dio nombradía en Sevilla a la taberna primordialmente en las décadas de los cuarenta y cincuenta. Antonio, oficinista de profesión, era de carácter serio y sus cantes anhelados por lo sobrios y ajustados, derivaban por los sones más dificultosos, mientras que Joaquín era un muestrario sonoro de los palos alfareros. La clientela estaba compuesta de grandes aficionados por lo que el cante surgía espontáneamente. Se unía a ellos Manolito El Pintor que trabajó allí de camarero. Mairena, Chocolate y cuantos cantaores atravesaban el puente, visitaban a los Ballesteros.

La taberna de Ballesteros no era sólo sitio de gachós… “Nosotros nos íbamos a cá Ballesteros y nos tomábamos cuatro copas y nos entraba unas ganas de fiesta… Empezábamos con las palmas y allí no había ni gitanos ni gachós, tos nos jaleábamos y nos pegábamos nuestros cantes y la fiesta no acababa nunca…” (El Titi, entrevista de 1986. Revista “Triana”). Y entre ellos El Chocolate, que si no estaba por la Cava había que buscarlo en Casa Ballesteros... Y ya que hablamos de Chocolate, recordemos que llegó a Sevilla con seis años de edad; aquí, naturalmente, se hizo hombre y cantaor... “Recuerdo que Triana y la Alameda marcaban la diferencia. Las gentes de Triana siempre han sido muy orgullosas y pocas veces venían a Sevilla; para escucharlos había que cruzar el río, y también tenían a gala que nunca ponían la mano a los señoritos, aunque eso fue al principio, después todo cambió”. De los que él escuchaba en Ballesteros si alguno puso la mano en fiesta de cuarto o señoritos fue la excepción. Chocolate aprendió y grabó (lo escuchamos en un programa de televisión) las soleares de casa Ballesteros, cante que adornó con un exultante y sentido ¡viva Triana!

Y recordemos lo que era para El Arenero la taberna de su amigo Joaquín: “Allí hemos pasao ratos de ensueño, porque allí estaban los güenos afisionaos, iban los periodistas, la gente de la radio y hasta Antonio Mairena daba una vueltecita pa escuchá y disfrutá del ambiente. En menos que cantaba un gallo daba alegría como había treinta que se estaban creciendo por soleá, por seguiriyas y por tonás...”. (A Emilio Jiménez Díaz en El Correo de Andalucía).

Dio la parroquia de Casa Ballesteros hasta para un equipo de fútbol; Joaquín era muy aficionado y en su casa se funda el Castilla F.C. bajo la presidencia de Guillermo Pickman, cuñado de Joaquín y tan trianizado, tan bohemio y flamenco, que nada había en él de su distinguido rango. Y entre los futbolistas Antonio El Arenero y los Tudela, soleaeros de la casa. Es fácil suponer cómo y dónde celebraba el equipo sus triunfos o donde despejaban las penas de las derrotas deportivas. Y también surgió en su festivo ambiente una peña humorística, la de los “Sin Belleza”, cuyos componentes estaban, como es de suponer, entre los parroquianos menos agraciados; fue su primer presidente un buen cantaor, El Sopera. Y para que no falte de en Ballesteros latía una tertulia taurina a la que solía asistir (¿por los toros o por el cante?) el faraón Curro Romero.

Seriamos injustos si no abundáramos en la personalidad de Antonio Ballesteros (1911-1974), eclipsada por el brillo personal de su hermano Joaquín. El laureado poeta trianero Juan Lamillar escribió sobre “los silencios de Antonio Ballesteros”; Lamillar, sobrino de la esposa de Antonio, heredó de él varios libros, un bastón de bambú y una pluma. Y da fe, desde sus recuerdos de adolescencia, de su discreción y su señorío, cualidades que le impidieron ser más expresivo en su cante, contrariamente a su hermano. A finales de los sesenta “era una máscara muda para el cante” después de la muerte de Joaquín. “Enfermo conservaba su elegancia, una elegancia que yo -cuenta Lamillar- encontraba entonces demasiado refinada para un ex-flamenco, y que venía de antiguo pues ya en la Triana de los primeros cincuenta se comentaba, por insólitos, sus camisas rusas, sus trajes a medida, sus cigarrillos filipinos, su elegancia realzada por una leve cojera que le da, además, derecho al título de caballero mutilado de guerra”. Había estudiado Magisterio y fue hasta su jubilación administrativo de la Compañía Exportadora de Filipinas. Juan Lamillar vio en su casa tarjetas y saludas firmados por un poeta que entonces no conocía: Jaime Gil de Biedma. Tuvo inclinación por las joyas, los taxis y la cerveza. “La flamenquería de mi tío se me aparecía demasiado confusa, pero pronto corría a restaurarla su mujer, excelente narradora oral, y comenzaba a contar las juergas interminables de la golfería de Triana, las reuniones de aficionados que duraban tres días, las esposas (ella misma) buscando a sus respectivos en un peregrinaje por tabernas y reservados”.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)".

lunes, 26 de mayo de 2014

EL FAROL DE MARCHENA


LOS ANGELES TRIANEROS


Con las ganas de usar el chuzo, contra tanto político desconocedor que campa a sus anchas vociferando en los mítines, se ha quedado el bueno de Marchena que  finalmente ha optado por usar su farol para arrojar un poco de luz en favor de este barrio olvidado y tan frecuentemente ultrajado.

Tenía cien mil argumentos el alcalde Zoido para proclamar la importancia de nuestra ciudad en la gesta del Descubrimiento que él, sin dar demasiadas explicaciones,  considera  fue  una de las claves de la génesis de la Europa del futuro y para ello no se le ocurre mejor idea que aseverar que las naves del primer viaje de Colon no salieron de Palos sino  de Sevilla. Como era lógico, la respuesta desde tierras onubenses no se hizo esperar y  fue el alcalde de la capital, el también popular Pedro Rodríguez, el primero que le enmendó la plana a su colega sevillano dando otra lección magistral de historia afirmando que todos los marineros eran de Huelva llegando incluso a asegurar que Rodrigo de Triana era de Lepe. Podemos entender que el alcalde pacense de Huelva no tenga tiempo de repasar la historia y se permita asegurar con tal rotundidad de dónde eran quienes se inscribieron en la tripulación con el apodo “de Triana”. Le recomendamos, para cuando sus obligaciones se lo permitan, que repase la obra de un trianero docto en la materia y personaje fundamental en el Descubrimiento; nos estamos refiriendo a Bartolomé de las Casas.



Hemos titulado esta entrada “Los Ángeles Trianeros” en referencia al monumento que se puede observar en la trianera  Plaza de Chapina desde el 26 de Julio de 1992 y que fuera realizado por Gabriel-Mozas en homenaje a los marineros trianeros que participaron en el descubrimiento del “Nuevo Mundo” entre los que destacan Rodrigo de Triana, Rodrigo de Bastidas,  Andrés de Morales y otros muchos  marineros trianeros anónimos. Nosotros queremos añadir, para conocimiento del edil onubense, a dos que figuraban en la lista de tripulantes de aquel viaje que partió de Palos:  Juan Verde de Triana y Fernando de Triana. Tampoco queremos pasar por alto al navegante trianero Luis de Cárdenas, pieza fundamental en aquella  conquista  junto con Hernán Cortés, y a tantos lugares trianeros como EL Convento de los Remedios, El Monasterio de la Cartuja,   donde Colón planificó su viaje y estuvo enterrado, La Casa de las Columnas, sede de la  Universidad de Mareantes, el Muelle de las Mulas como punto de partida de la expedición de Magallanes y Juan Sebastián el Cano.  Seguro que fueron muchísimos más esos “Ángeles Trianeros” que tuvieron en el arrabal el apoyo necesario de calafates, carpinteros de riberas, artesanos del barro, de la industria del bizcocho o de la pólvora.

Nadie, salvo los zoquetes, deberían dudar de la importancia que Triana tuvo en el Descubrimiento y que no fue reconocida ni siquiera durante la Expo 92 más allá de este monumento que hoy en día le puede parecer al que lo visite que  representa a un grupo de trianeros huyendo despavoridos ante la amenaza de esa cercana Torre Pelli.


José Luis Jiménez
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