viernes, 12 de septiembre de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


El Coco de Triana

             Juan Manuel García Moreno, El Coco, nació el 19 de noviembre de 1932 en el cogollo de la Cava de los gitanos, Pagés del Corro número 130, un corral de veinte vecinos gitanos y gachés. Fue el primer varón después de tres hembras y antes de un puñao de hermanos hijos del matrimonio compuesto por Juan Manuel García García y Bella Moreno Filigrana; el padre con un cuarterón, la madre gitana trianera de hondas raíces como lo decantan sus apellidos y que, además, sabía lo que era el cante. De niño, y por la mañana bien temprano, se asomaba para ver si en la esquina de Villa Troya había aparcado algún coche; si era así es que dentro había fiesta; muchas de las que se generaban en la Europa acababan en la Cava...

             El Coco, niño gordito, que siempre estaba en casa de su abuela, en la calle Diana, ya había sido motejado; el padrino, su tío, Manolo El Pioja, que tenía debilidad por él y que repetía “ay, mi coquito...”. La verdad es que más de una vez le dijeron “po vaya un Coco ma guapo...” . Crecido en el compás de los calés, empieza a destacar en los cantes de fiesta que adoba con gracia y técnica. No olvida El Coco que no fue un camino de rosas su vida de artista, ni de chiquillo porque alguna vez tuvo que soportar la guasa y las borracheras de algunos señoritos, ni de mayor cuando tenía que cumplir con su trabajo en el Puerto sin apenas haber dormido y habiendo tenido que beber por gaje de oficio.

               Más de una vez escuchó cantar a El Maní que paraba en la taberna que uno de los Gitanillos abrió en una esquina del callejón de Cisne, y allí, en la puerta, se sentaba cuando ya estaba atacado por su enfermedad, y hasta cantó con él siendo aún un chiquillo. Uno de sus espacios gustosos fue la taberna La Ladrillera, asiduo del cuarto en las fiestas de altura. Toda una gloria escucharle aquello de viva el Madrid calesero mientras acariciaba nubes con las manos Juan Montoya. Las canciones de la Piquer o Juanita Reina o los ecos morenos de Machín pasan por el filtro festero de la rotunda voz de El Coco en auténticas creaciones; es lo que le gusta, la copla, el cuplé, para hacerla cante por bulería. La Piquer y Caracol, sus ídolos. Fue soldado en Jerez donde se ennovió con una gitanita que endulzó su ausencia de Triana. Apegado al trabajo seguro ejerció, como hemos apuntado, de obrero del Puerto, no supo de la profesión del cante, salvo cuando atendía la llamada para una fiesta o cuando lo reclamaba su amigo Curro Vélez para cantar en su tablao del Arenal.

          En varias ocasiones tiraron de él para Madrid; tenía edad de jugarse el porvenir y se fue a saludar a Gitanillo de Triana para ver si podía trabajar en su sala de fiestas y ocurrió que el torero-empresario lo mandó a su socia, Pastora Imperio. El joven e ilusionado aspirante llegó a la casa y llamó… “¿Quién es?”, preguntó Pastora. “El Coco”, contestó inocente el trianero… “¿El Coco…? Pue te va a abrí...” (hay que imaginar la contestación). Creía el cantaor que estaba aún en la Cava y la gran Pastora que se trataba de un golfo con ganas de guasa. En Madrid asistió a la celebración del bautizo de Coral, la hija de Curro Romero, con Paco Rosa y El Niño de Aznalcóllar. Hubo quien dijo que en el cuplé por bulería había tres maestros, La Niña de los Peines, El Chaqueta y El Coco de Triana.

           El Coco, como a él le gusta que le llamen, cumplió seis quinquenios como obrero portuario, enviudó y se quedó con el apoyo de sus tres hijos que le ayudaron a vencer el hondo escollo. Pasado un tiempo recobró la alegría, las ganas de cantar y de vivir gracias a otra compañera que, como la primera, no es gitana, que lo cuida como su bonhomía merece en una casita en Tomares. La paradoja de la vida de El Coco es que se llevó toda su vida cantando y no fue conocido hasta que, ya jubilado, se decide a viajar con el grupo Triana Pura, desgajado del mítico Triana Pura y Pura de principios de los ochenta, para convertirse en uno de los abuelos de España y disfrutar de éxitos como “El probe Migué”.

            Ya metidos en los ochenta y con cinco hijos a los que siempre quiso ayudar, disfruta de una paz bien ganada. Hasta hace poco aún estaba dispuesto a alegrarle una festividad a quien lo llamara y hasta perteneció a la última formación de Triana Pura que grabó un disco dedicado a Lola Flores. Siempre gustó de pasear por su barrio en un repetido recorrido preñado de nostalgia que ahora le cuesta repetir con asiduidad. Señalemos que en 1986 viajó a Madrid junto a otros componentes de la inicial Triana Pura y Pura para participar en la Cumbre Flamenca de aquel año.

Ángel Vela Nieto. Del libro "Triana, la otra orilla del flamenco (1931-1970)".



domingo, 31 de agosto de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


El Bengala


       Miguel Niño Rodríguez Bengala (por lo rápido que solía andar), nació en la Cava de los gitanos en 1909, en la casa número 112 de Pagés del Corro, frente al callejón de Cisne, donde vivió. Bengala es de la casta de los Caganchos, tío de Curro Vélez y artista polifacético, lo que no es extraño en esta orilla. Lo intentó, como otros miembros de su familia, en el peligroso mundo del toro y fue banderillero de su pariente Joaquín Rodríguez Cagancho, pero no pudo con el peso de los abalorios. Cuentan que tardaron en dar con él el día en que estaba anunciado su debut novilleril en la Maestranza después de maravillar en un tentadero y de ganarse una fulgurante fama. De la fragua probó otros oficios; en ninguno cuajó porque lo suyo era el arte, así que se buscó la vida en ventas y colmaos como cantaor, ofreciéndose por tonás, seguiriyas, soleares y bulerías. Para el arte y por el arte, porque Miguel servirá de modelo en la Escuela Superior de Artes y Oficios, pero siempre el cante porque, además, guardaba tesoros flamencos antiguos, y por eso le vino a buscar Antonio Mairena.

       Su cante, ofrecido con una voz suave y dulce, fue, además, un regalo para sus amigos y en los reservados de cabales de la Alameda. Rara vez cantó en teatros y grandes escenarios; lo hizo, y quedó su añeja voz grabada, durante el III Festival del Cante de Los Puertos; seguiriyas, martinetes y tonás de Triana para la antología de los rancios sonidos flamencos. Y es que le alaban que fuera sobrino nieto de un extraordinario romancista dado por error como portuense, pero trianero de la a a la zeta de la vida, o sea, desde los primeros pasos al fin, llamado Juan José Niño López, al que en 1916 entrevistaron en Triana donando todo un tesoro musical que más tarde se publicó. El Bengala, a quien también se le denominaba cantaor de romances, destacó asimismo por fandangos (El Perlo lo recuerda con su voz justa y melodiosa). Y como fandanguero aparece en un capítulo del programa televisivo “Rito y geografía del cante” (diciembre de 1971), aposentado en un rincón de El Morapio y hablando de voces privilegiadas como la de Manuel Torre, Rebollo y Rengel. Está presente, como una reliquia, en las grabaciones de La Historia del Flamenco de Luis y Ramón Soler (Ediciones Tartesso, 1996). Luis Soler escribe de Bengala: “Al escucharlo intuimos cómo cantaban los gitanos viejos de Triana del siglo pasado. Sus cantes por seguiriyas del Loco Mateo, del Nitri, de Cagancho son joyas del mejor quilate. Los cantes por tonás salían desbordados de su pozo de vivencias”.

       Bengala tiene una hija bailaora, Amparo, esposa del tocaor granadino Pepe Habichuela, padres a su vez de José Miguel Carmona, miembro del grupo “Ketama”. Mantenemos amistad con su hijo Joaquín al que conocimos de muchacho en la Cava de los civiles y quien a pesar de ser arquetipo de gitano trianero, en clase y bondad, probó fortuna en el boxeo, gloria imposible en todos los incapaces de matar una mosca.

      Falleció Miguel El Bengala en 1974 ocho años antes de que sus camaradas de la Cava se juntaran en aquel Triana Pura y Pura para dejar el postrer rastro del arte que amamantaron en comunidad. Bengala fue lo que se dice todo un personaje.


Ángel Vela Nieto. Del libro "Triana, la otra orilla del flamenco (1931-1970)".

viernes, 15 de agosto de 2014

UNA ISLA EN TRIANA: " ESPECIES DE ESPACIOS "



Tres eran tres como los que llevan Especie de Espacios: Juan Luis Gavala, Andrew McAllister y Consuelo Álvarez Ariza.

Entrevistamos al capitán: Juan Luis Gavala:

¿Por qué en Triana ?
Principalmente porque, en nuestra opinión, el casco antiguo cada vez se parece más a un centro comercial, un concepto del que nos queremos alejar por completo. Además buscábamos una comunicación más cercana y de barrio. Entre las opciones que nos planteábamos Triana es la que más nos atraía, por su historia y su idiosincrasia.

¿Qué es lo que hace especial esta librería?
Lo que hace especial a esta librería, es que no es solo una librería, la librería, la editorial y Tourdetanos son entes indisolubles y se retroalimentan. “Especies de Espacios” no es una tienda moderna donde aunar complementos de moda con libros bonitos. Hay demasiada banalidad en el mundo como para añadir un poco más. Aquí gira todo en torno al contenido y las posibilidades que tiene un lector de llegar a ese contenido: tenemos compra-venta-trueque de libros, libros usados, un canal de préstamo, somos punto oficial bookcrossing, novedades seleccionadas y próximamente seremos la primera librería sevillana, independiente de grandes cadenas, que tenga un catálogo muy extenso  de libros digitales.
Pero principalmente, esta librería se caracteriza por su búsqueda y acogida activa: buscamos nuevas editoriales, nuevos autores, nuevas propuestas que no suelen tener cabida en otras estanterías porque son de una rotación muy larga y muy lenta, porque no están avaladas por el apellido de turno, o porque el librero no quiere perder el tiempo en echarle un ojo a esas propuestas: el mismo riesgo que corremos como editorial, lo hacemos como librería: nos gustan los otros libros por encima de todo: una de mis socias, Consuelo, siempre que puede me repite una frase de Murakami que creemos que nos define fundamentalmente: “Si lees los libros que está leyendo todo el mundo, solo podrás pensar como lo hace todo el mundo”.
No quiero dejar de lado un planteamiento, que quizá es más filosofal que otra cosa, pero que no es un elemento decorativo, sino más bien una pelea personal contra el tiempo: el tiempo es la medida del consumo, no es la vida. Creo que a veces se nos olvida: Especies de Espacios no tiene un sofá, y unos sillones para que quede bonito desde el escaparate: es una invitación a quedarte, a perder el tiempo, a olvidarte de él, no solo como ocio, sino más bien como rebelión. Párate, siéntate, que le den al mundo de ahí fuera: Como cualquier libro, esta librería quiere ser una isla.



¿Cuáles son sus características fundamentales?
Creo que esta pregunta está más o menos respondida en la anterior.

¿Qué podemos encontrarnos en ella?
Libros y literatura, rutas culturales. Bibliodiversidad. Mucha mucha poesía contemporánea, para un Banco quizá demasiada ;-) Es una librería arrebatadoramente poética. Pero no solo. Hay mucha narrativa breve, clásicos, historia de Sevilla… Ahora estamos haciendo una nueva selección más amplia para la nueva ubicación –aún por determinar-, que nos permitirá, esperamos, crecer en todos los sentidos.

¿Cómo se coordina la editorial con la librería?
Cada socio es responsable directo de cada una de los espacios: La librería-Editorial-Toudetanos, y como alguien tiene que aunarlo, al final los numeritos me toca verlos a mí. La librería y la editorial, son hijas de la misma idea, así que más que coordinarse, defienden un mismo genoma, por decirlo de alguna manera.

¿En qué se fundamenta vuestra editorial?
La editorial, se basa en el riesgo, la experimentación y el diálogo. Estoy convencido de que las editoriales tienen algo que decir, que son un modo  y un medio de expresión como otro cualquiera, esa es nuestra opinión, y su mensaje lo transmiten mediante su catálogo: los invitamos a unirse a la conversación.

¿Qué características tiene Tourdetanos?
Tourdetanos es algo más que un proyecto turístico y cultural, pretendemos dar a conocer Sevilla y Andalucía de una manera diferente y original. Nos enfocamos en el público local con ganas de profundizar o acercarse por primera vez a la Historia de su ciudad, a través de recorridos por los barrios de la misma: El Arenal, Macarena, San Luis, y, por supuesto, Triana. Todas nuestras rutas tienen un precio muy económico, no más de 6 euros, consideramos que la cultura, y más si es el conocimiento de tu propia Ciudad o barrio, deben estar al alcance de todos, sobre todo en estos tiempos. Las rutas van acompañadas de dossieres con imágenes de la Sevilla que ya no podemos ver y algunos datos y curiosidades que nos permiten vehicular los paseos y que luego se quedan los participantes. Estos dossieres, al igual que el resto de cosas que contamos durante las rutas son productos de un proceso de documentación exhaustivo, no en vano quienes llevamos Tourdetanos somo ambos licenciados en Historia, ya que nos encanta Sevilla y por eso mismo no queremos dejarnos nada en el tintero.
Nuestras rutas, en fin, están diseñadas para dar a conocer lo que no es típico, procurando que sean a la vez amenas pero muy profundas en cuanto a contenido, centrándonos en la parte más social de la Historia de nuestra ciudad, cómo vivían las prostitutas en la época del Siglo de Oro, por ejemplo, o cómo eran, quienes eran y qué pasó con los vecinos de los antiguos corrales de vecinos. Procuramos además provocar el debate sobre temas actuales de Sevilla a través de comparaciones sobre lo que ocurría en tiempos pasados y lo que ocurre ahora.
Además tenemos talleres infantiles para los más pequeños de la casa, donde pueden aprender mientras juegan como era la vida en la Sevilla Romana o qué supuso el Descubrimiento de América tanto para los europeos como para los americanos. En estos talleres dos “personajes” de la época de la que va el taller han viajado misteriosamente en el tiempo hasta la actualidad para enseñar a los niños como vivían, comían y jugaban en sus épocas.

¿Algún proyecto futuro?
Muchos, pero en boca cerrada no entran moscas. ;-) En serio, de momento, con lo que hay, el proyecto más importante es estabilizarlo y darle continuidad.
A corto plazo está la apertura del catálogo digital de la librería y su ampliación. Y sobre todo darle proyección a nuestra área de servicios: Servicios editoriales y de impresión digital, que aunque ya está en funcionamiento, no hemos hecho demasiado por sacarla a la luz: desde los servicios de diagramación, corrección y diseño, hasta la digitalización y la impresión de libros (y otros productos de imprenta) y su distribución.

¿Se pueden seguir por internet los eventos?
Nacimos en internet. Nuestro genoma es digital y 2.0 (de ahí el nombre). Por supuesto, no podría ser que los eventos que tuvieran lugar en la librería no se vieran en directo por internet. También, por supuesto, se pueden seguir nuestras evoluciones y contenidos en los distintos blogs y redes sociales, desde donde estamos en contacto directo, fuera de “comunities manager”, con los lectores y seguidores: detrás de cada respuesta estamos siempre nosotros tres. Como se suele decir 24x7, jajaja.

¿Qué libros nos recomiendas para leer en la librería?
Esta pregunta siempre es difícil. Cada lector tiene sus búsquedas y para mí no hay libros imprescindibles, así en general. Cada individuo tiene sus preocupaciones, sus  coherencias e incoherencias, sus diablos y sus ángeles. Para recomendarte un libro, tendrías que aceptar nuestra propuesta y sentarte con nosotros a compartir experiencias lectoras: solo así podría conocer por dónde vas, y qué caminos no proponerte: de hecho, casi siempre termino respondiendo a esta pregunta así: qué libro no recomiendo…




¿Qué hueco llena esta librería-editorial respecto al resto?
Esto es difícil de responder, porque sinceramente no me importa lo que haga el resto. En el sentido de que no me preocupa empresarialmente. Admiro especialmente el trabajo de Luis y su Librería La Fuga. Se habla mucho de otras librerías  que llevan menos tiempo, pero para mí Luis es un tipo especial que ha hecho de su librería un referente, no solo cultural, sino social y comprometido, que es más importante.


En cuanto al trabajo editorial, no creo que hayamos venido a llenar ningún hueco: hay muchas editoriales, cada cual con su sistema, con sus ideas y sus modos: para nosotros la editorial es otra pieza del puzle y quizá la diferencia esté en esa idea de puzle y en su tratamiento, en la imagen que quiere transmitir a la larga, porque los puzles hay que verlos completos para captar todos los colores, y no sé si seremos capaces de completarlo. Pero ahí estamos.




C/ Rosario Vega,8
41010 Sevilla

Belén Núñez 


martes, 29 de julio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


Pepa La Calzona


        Con el erróneo nombre de Pepa La Cartona, aparece en la taberna El Morapio para bailar un tango que le canta Manuel El Titi (“Rito y geografía del cante”, 1972), y hace un baile único, sensual, de misteriosas raíces trasatlánticas y tribales... Si quieres saber/ los pasos que doy/ vente pa Triana/ que a Triana voy,/ que a Triana voy...

         Tenía más de ochenta años cuando aparece bailando con “Triana Pura y Pura”. Josefa Filigrana Moreno, descendiente directo de los que nosotros tenemos por los Pelaos, mantenía un cierto vigor aunque su vista flaqueaba. Pepa estaba entre los inocentes condenados a la llamada diáspora (qué horror de palabra). Nació en la calle Diana, número, 2, en el umbral del Monte Pirolo. Su padre, Juan Filigrana, trabajó en una herrería y era diestro en el cante y los señoritos iban a buscarlo para sus fiestas; le decían El Calzones, “porque mi abuelo le ponía unos calzones y lo sentaba en los fuelles”. Su madre, Encarnación Moreno Flores, era nativa de la misma Cava de los gitanos. Pepa se casó muy joven y contra la voluntad de su padre con un gachó, Manuel Gómez Mora, y se fue a vivir a una casa de vecinos de la calle Evangelista, y allí nacieron sus tres hijos. Pero la felicidad le duró poco; fue una de las muchas viudas de guerra.

       La primera vez que bailó en público fue en El Guajiro. Pepa no se consideraba artista, pero el baile le salía del cuerpo y la necesidad obligaba; lo cierto es que las bulerías, sus rumbitas gitanas y los tangos que recreaba con su inspiración levantaban a la gente de los asientos. “Los gachós son como los gitanos –le dijo a Manolo Herrera en Sevilla Flamenca-. Que somos tos iguales; ahora que lo del cante los gitanitos lo llevamos mu adentro. Ahora que le digo una cosa, que hay gachós que tienen más gracia que los gitanos, y gachás también”. Pepa, llena de nostalgia, evocaba a su padre que le regalaba cuando era chiquitita y ella bailaba; su progenitor, que se desvivía por ella, le decía, esta amorosa seguiriya: Mi Amparo, la rosa,/ mi Pepa el clavé;/ y el espejito donde yo me miro/ mi Pepa lo es. Fue una de las componentes de la embajada trianera a la Cumbre Flamenca de Madrid de 1986 que se enfrentó a otra granadina.

        La Calzona, medio ciega, añoraba su barrio hasta llorar, era el drama de la mayoría de los viejos trianeros: “¡Que yo no quiero piso…! ¡Lo que yo quiero es volvé a Triana…!”. Pero de su Triana se había adueñado el dinero.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"


jueves, 17 de julio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


Antonia La Negra


         Cuenta La Lole: “Mi madre cantaba desde chiquitilla; mi abuela la ponía a cantar en las ferias cuando yo tenía doce años. Mi tia Adina y mi madre introdujeron el árabe en el flamenco”. Antonia Rodríguez Moreno La Negra, hija de Joaquín y Luisa (del padre tomó el cante y de su madre el baile), nació en Orán, Argelia, en 1936; su progenitor, trianero y cantaor aficionado, era vendedor de telas y fue a instalarse en el país africano. “Mi padre -cuenta la extraordinaria cantaora-, mi único maestro, se levantaba muy temprano y ya estaba cantando hasta las diez de la mañana que se iba al mercado”. Cuando Antonia tenía quince años escuchó cantar a Pastora Pavón en Casablanca, curiosamente Juan Montoya actuaba con ella. Nunca estuvo de fiesta con artistas punteros, salvo una ocasión en que le cantó a Caracol. Y es en Casablanca donde se presentó ante el público en un teatro.

         Con dieciséis años los aires del cante le llevan a Triana donde contraerá matrimonio con su primo, el bailaor Juan Montoya viviendo, primero, en la calle Evangelista y, luego, en el Tardón. Resultado: seis niñas, todas cantan y bailan. De casada siempre se dedicó a su hogar, sólo cantaba en la intimidad familiar. Se dará a conocer cuando se forma el grupo “Familia Montoya”, a principios de los ochenta; su hija Lole le empuja a cantar y a convertirse en el alma del grupo demostrando poseer una de las voces más personales por su particular rajo gitano. Por estos réditos naturales Cristina Hoyos la elige para que le cantara en la película “Tarantos y Montoyas”, pero Antonia no se decide y rechaza la oferta. Y continuó cantando de forma intermitente apareciendo como artista profesional con sus particulares bulerías sin más acompañamiento que la guitarra y las palmas.

         La Negra es la cantaora elegida por bailaores y bailaoras cuando quieren representar la pureza, las raíces, la verdad desnuda del cante en aquellos espectáculos de esencia gitana como “Macama Jonda” con Enrique Morente en 1976. Y una de estas estrellas del baile es su paisana Manuela Carrasco, a la que ha acompañado en varias de sus giras. Por las características de su garganta que tanto se ha alabado formó en el grupo que participó en “El flamenco y el son cubano”, ciclo organizado por la Diputación el verano de 1996.

         Antonia La Negra no ha tenido una vida fácil, tal vez el cante la ha liberado y la libera de las sombras de los días aciagos. En el año 2010, el 12 de abril, se le dedicó un oportuno y merecido homenaje en el Teatro Lope de Vega, organizado por los hermanos Cadaval (Los Morancos de Triana), en el que participó un generoso plantel de artistas, entre los que estaban los miembros de su familia con Miguel Poveda, Niña Pastori, El Lebrijano y Moraito. En la Navidad del 2011 anunció las fiestas de Pascua con su familia en la “Primera Poleá Flamenca de Triana”. Añadimos que fue nombrada Trianera Adoptiva durante la Velá de Santa Ana de 2012. Este mismo año actúa, voz a voz, con su hija menor, Angelita Montoya, en el llamado Espacio Santa Clara y dentro del programa de la Bienal; la guitarra fue de Paco Iglesias.

      Antonia, una estrella que canta y baila como sus hijas, no pierde la oportunidad de unir su hermosa ranciedad a la madurez y frescura de ellas y su nieta, tres voces de la misma sangre, pero la suya tiene un matiz inalcanzable.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"

sábado, 12 de julio de 2014

EL FAROL DE MARCHENA


TRIANA LA  OTRA ORILLA DEL FLAMENCO (1931-1970).


Muy cerca de los días señalaitos se producirá la presentación de esta segunda parte del trabajo que nuestro amigo Ángel Vela comenzó hace ya algunos años y que tuvo su primer fruto el mes de julio pasado. Muchas horas de trabajo, incontables entrevistas, cajones repletos de fotografías, algún que otro plantón y sobre todo un inmenso amor a Triana son los ingredientes principales  de este nuevo libro que se presentará el próximo  martes 15 de julio de 2014 a las 21 horas en el Hotel Ribera de Triana, en la plaza de Chapina.

En este blog hemos tenido la oportunidad de disfrutar, en primicia,  de algunos pasajes del nuevo libro que nos dará a conocer la historia flamenca del arrabal desde el año 1931 a 1970; ampliamente ilustrado y repleto de reseñas de artistas, lugares y hechos acaecidos desde el  inicio de la Segunda República  hasta las postrimería de la Dictadura Franquista.

Allí estaremos, dando muestras de afecto y cariño a este autor del que como trianero y amigo me siento orgulloso. Una vez más, gracias amigo Ángel porque tu obra servirá para que las generaciones futuras de trianeros sepan la verdadera historia de su Barrio.




José Luis Jiménez

sábado, 5 de julio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO



Pastora la de El Pati


      Esposa de Antonio Vega Moreno, bailaor conocido como El Pati, su compañero hasta el último suspiro y al que tantas veces le cantó para el disfrute de ambos y también en fiestas organizadas. Pastora Cruz Moreno nació en 1923, hija de Manuel Cruz Flores y de Carmen Moreno, natural de Alcalá del Río. Su padre, nacido en Castilblanco de los Arroyos, era un hombre trabajador y listo que sabía leer y escribir y se dedicaba a traficar con el ganado cuando no hacía de calderero. Pero a Pastora la crió, desde los pocos meses de vida, su tía Esperanza, hermana de su madre, que vivía en Triana y que estaba casada con un hombre bueno que se dedicaba a la venta ambulante de tejidos. Este matrimonio tuvo un hijo cuando Pastora era una niña, Paco, el popular mudo de Santa Ana.

      Pastora conoció en la misma Cava a El Pati, un bailaor que alternaba sus actuaciones profesionales con labores distintas, se casaron el año 1944 en la iglesia de Santa Ana y cogieron habitación en el corral de la callecita de Cisne donde nacerían sus cuatro hijos. A Pastora le gusta cantar y bailar desde el fondo de su memoria, pero no fue artista de teatro hasta que llegó “Triana pura y pura”, ya curtida por la vida y hechos solera su cante y su baile. En la siguiente etapa del grupo, la comercial, actuó profesionalmente junto a su hijo Manuel demostrando lo que atesoraba. Y disfrutó de viajes y aplausos hasta en las discotecas por gracia del “probe Migué”. Y así hasta que el grupo languideció. Pastora fue pilar indiscutible de esta vieja Triana que asombró a toda España.

     Los malos vientos inmobiliarios y económicos la llevaron a Tomares con su marido y su camarada El Coco, después de intentar por todos los medios quedarse en Triana y vivir un tiempo en la calle Pureza y el Barrio León. Ya viuda -El Pati falleció en 1992- Pastora continuó viviendo en el cercano pueblo de Tomares con su hijo Nicolás hasta su reciente fallecimiento.


Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"

domingo, 29 de junio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO

LOS FLAMENCOS EN LOS CINES DE TRIANA.


         En el cine San Jacinto, inmediato a la plaza del Altozano, se presentó Manuel Vallejo con su compañía de variedades, en 1933. Pero es tras la guerra cuando las embajadas artísticas son más necesarias para levantar el ánimo de un vecindario entristecido, agobiado por las duras jornadas de trabajo y asediado por necesidades y estrecheces de todo tipo: transcurría pesaroso “el año del hambre”, un año que duró casi dos décadas.

        Caracol y Lola Flores visitaron el Cine Avenida en varias ocasiones; la primera fue para animar en una fiesta el gesto de Queipo de Llano -uno de los suyos-, que apadrinaba a tres chiquillos del Barrio León; también actuaron aquella noche El Maní y Curro de Utrera. Finalizando la temporada de 1941, Monserrat presenta en la terraza de la Cava de los civiles, justo al lado del cuartel, una de sus “óperas andaluzas” en un programa encabezado por Juanito Valderrama y El Sevillano, con El Peluso y dos guitarristas excepcionales: Esteban Sanlúcar y Niño Ricardo. En el cine Alfarería, el 7 de septiembre de 1949, el original flamenco-cómico Guarino, natural de Puerto Real, actúa “en homenaje a su barrio de Triana”, con El Sevillano y los trianeros Chiquito de la Cava y Armando Gutiérrez en el cartel. Precisamente el rapsoda Armando Gutiérrez, junto a la que sería su esposa, la canzonetista Lolita Arispón, encabezarían la compañía –muy trianera- que un día de julio se presentaría en la terraza del Alfarería. También en este escenario cantó Vallejo en 1954, y años después vimos sobre su albero a un coplero flamenco que deslumbraba: Enrique Montoya, mientras el maestro de locutores, Rafael Santisteban, cerca de nosotros, comentaba que era mejor que Manolo Escobar, la otra sorpresa -entonces- de la canción andaluza. Otro de los cines de verano que en ocasiones ofrecía espectáculos flamencos fue el Gran Cinema San Jacinto, lugar donde la noche del 27 de junio de 1945 el empresario Rafael Canela presenta su espectáculo “Fantasía Andaluza” con El Sevillano –que, recordemos, vivió en Triana-, Rafael Ortega y el anunciado como Campoy que cantaba justo frente al Barrio León donde tenía su casa.

        Además de las llamadas “terrazas cinematográficas”, los artistas se presentaron muchas veces en las salas de invierno, el Cine Rocío, Triana Cinema (luego trasformado en el Astoria), Emperador y Los Remedios. En el Triana Cinema, abierto en la calle Castilla en 1931, cantó La Niña de los Peines en las vísperas de las Pascuas de 1935; vino con El Pinto, Sevillanito, y Niño Ricardo. En el mismo cine organizó la Falange varios espectáculos de variedades durante la guerra en los que participaron artistas trianeros como Juan El Tumba y Los Gitanillos de la Cava.

      En el Rocío se presenta la bailaora Carmen Mora con el omnipresente Antonio El Sevillano con el espectáculo “El sentir de la copla” con la canzonetista Consuelo de Triana. En el vetusto cine Rocío, ya en su despedida, ofreció un recital Manuel Gerena en noviembre de 1969; toda una heroicidad. En el Astoria se celebró en 1976 el homenaje al Sordillo de Triana y, después, al Niño de la Calzá, y el Cine Emperador recibió en su vuelta a Triana la rabia cantaora de Manuel Gerena un día de octubre de 1972. En junio de 1973 se celebró en esta sala colosal, la de mayor aforo de Sevilla, un festival para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer actuando Abadía, Oliver, El Pintor, Peregil, Luis Caballero, Naranjito, Curro Fernández, Matilde Coral, Rafael El Negro, Ricardo Miño, Manolo Domínguez y Antonio Mairena. Esta sala sirvió de escenario a la Bienal de 1986. Triana fue un arrabal de cines al servicio del arte flamenco.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"

sábado, 21 de junio de 2014

EL CHUZO DE MARCHENA


UN TRANVÍA PARA TRIANA


Son muchas, y frecuentemente de sentidos opuestos, las reivindicaciones que  se realizan en Triana. Mientras que algunos, por ejemplo,   piden más peatonalización o más carril bici, otros piden más aparcamientos y vías de entradas con vehículos automóviles.  Estas contradicciones, propias de una comunidad amplia y heterogénea, nos deberían hacer reflexionar para finalmente encontrar una solución que en gran medida satisfaga el interés de todos. Tal vez los gobernantes podrían abrir esas vías de debate que podrían serles muy útiles para tomar decisiones, a priori,  complejas. Sin embargo lo frecuente es favorecer el interés de los grupos afines y los del propio partido para el que trabajan por encima del de los ciudadanos.

Mucho se está hablando últimamente de la credibilidad de los políticos que se han acostumbrado a mentir e incumplir sus promesas sin ningún coste. El caso del aparcamiento de San Martín de Porres es uno más de la amplia lista de las promesas incumplidas por el Alcalde de Sevilla del que recuerdo, cuando venía a Triana a realizar la campaña electoral, como argumentaba la necesidad de construir un gran aparcamiento subterráneo en dicha plaza que impulsara la actividad comercial del Mercado de San Gonzalo y zonas próximas como San Santa Cecilia. Además, la reciente remodelación y ampliación del moderno hospital de la calle San Jacinto –otro santo más y parecen demasiados para el callejero de una ciudad de un estado laico como dicen que tenemos-  habían producido un aumento de  las necesidades de plazas de aparcamiento por la zona.  Durante los dos primeros años de su mandato han continuado las promesas de construcción de este aparcamiento; incluso han sido frecuentes las visitas y fotografías del delegado del distrito  en la plaza con nombre de santo peruano. Sin embargo en los últimos días  hemos escuchado al Sr. Zoido decir que esta época nadie construye aparcamientos de este tipo, a la vez que se enorgullece de fomentar el aterrizaje en nuestra ciudad de las grandes multinacionales de moda, ferretería, alimentación, mobiliario, etc. con el falso argumento de la creación de puestos de trabajos.  A estas grandes superficies le facilitamos la construcción, el aparcamiento, los viales y, si hace falta, cambiamos las leyes  para que se establezcan en nuestra ciudad, sin embargo nadie piensa en los pequeños y tradicionales comercios de los barrios, nuestras plazas de abastos, los artesanos  -¿se acuerda en estos momentos  algún político de la Casa de los Artesanos de la calle Covadonga?- y todo el tejido empresarial que se mueve en torno a este sector minorista. Ahí es donde se está perdiendo el empleo; un simple paseo por las calles que antaño eran más comerciales nos muestra un sinfín de carteles con los reclamos de “Se Alquila”, “Se Traspasa” o “Se Vende”.

Pero el alcalde y su séquito en un arrebato de magnanimidad con Triana nos terminan por regalar el tranvía amarillo que desde diciembre de 2012 está expuesto frente a la antigua cochera trianera de los tranvías, esta vez con tablilla renovada,  hermoso directorio explicativo  y valla verde del “Brico Depôt”. A falta de aparcamiento subterráneo  y línea del metro tendremos por fin el monumento que llevábamos reclamando desde hace algunos años. Gracias Sr. Alcalde;  en muestra de agradecimiento nos encomendaremos al santo negro que le da nombre a la plaza  rogándole le  transfiera algunos de sus dones como el de la levitación, la videncia y la bilocación, pese a que este último parece que ya lo tiene usted, a la vez que le regalamos la  fuente de la Plaza para que la emplee en lo que más le convenga.






José Luis Jiménez

sábado, 14 de junio de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


Francisco Delgado Ramos. "El Pintillo de Triana". 


EL FLAMENCO EN LA VELÁ DE ESTOS AÑOS (1931-1970)


Para el cante y el baile durante las noches de Velá de Santa Ana, los años cuarenta y cincuenta fueron los más intensos. Para Aurelio Murillo, eterno alcalde de Triana, el flamenco era imprescindible en un barrio como el suyo; también lo fue para otro concejal de fe trianera y flamenca, Alfonso Jaramillo. En 1956 Jaramillo quiso darle más lustre al concurso e invitó como jurado nada menos que a La Niña de los Peines, Pepe Pinto y Manuel Vallejo, y ocurrió que decidieron contra lo que opinaba el público que daba por ganador al local Niño Segundo, y se formó un escándalo mayúsculo. Y mientras Jaramillo decía “tierra trágame” el jurado desapareció sin la menor preocupación. Todo es posible en Triana. En estos años destacaba en las noches de Velá un cantaor aficionado muy popular: El Pintillo de Triana, el artista ácrata del barrio, sin casa ni obligaciones, sólo la de darle de comer a sus perros, los más fieles seguidores de sus andanzas. Su amigo, don Urelio, le administraba el importe de los premios para que no desapareciera en una de sus correrías.

        En 1967, en una noche de Velá, se celebró la primera misa flamenca; fue en Santa Ana: Antonio Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana y El Poeta fueron los artífices; a don José, el cura, se le mudaba la cara cada vez que veía circular los güisquis “inspiradores” por la sacristía. Fue un inolvidable acontecimiento. En las décadas siguientes, con la llegada de los partidos políticos, el nuevo andalucismo militante y las otras novedades democráticas, el flamenco en la Velá se convierte en espectáculo de profesionales, como cualquier festival y con acusada presencia de artistas de esta orilla. Oliver, El Arenero y “Triana Pura”, debutaron en el escenario de la Plazuela en noche de Sant´Ana. 

        Una noche de Velá el buen aficionado, Pepe Huesca,  acompañó a Chano Lobato  después del cierre de El Patio Andaluz donde ambos trabajaban. Pasearon por la calle Betis, aunque ya la fiesta se concentraba en unos cuantos focos íntimos... Entonces el artista gaditano, afincado en Triana, le dice a su compañero lo que éste nunca olvidó: “Aquí vienen muchos artistas de todas partes para ver a esos grupitos de trianeros bailar por fiesta, porque la verdad es que hacen lo que quieren con los pies... unas vueltecitas y ¡ahí queda eso! Los profesionales siempre pescan algo nuevo”.



Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"




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