viernes, 12 de septiembre de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


El Coco de Triana

             Juan Manuel García Moreno, El Coco, nació el 19 de noviembre de 1932 en el cogollo de la Cava de los gitanos, Pagés del Corro número 130, un corral de veinte vecinos gitanos y gachés. Fue el primer varón después de tres hembras y antes de un puñao de hermanos hijos del matrimonio compuesto por Juan Manuel García García y Bella Moreno Filigrana; el padre con un cuarterón, la madre gitana trianera de hondas raíces como lo decantan sus apellidos y que, además, sabía lo que era el cante. De niño, y por la mañana bien temprano, se asomaba para ver si en la esquina de Villa Troya había aparcado algún coche; si era así es que dentro había fiesta; muchas de las que se generaban en la Europa acababan en la Cava...

             El Coco, niño gordito, que siempre estaba en casa de su abuela, en la calle Diana, ya había sido motejado; el padrino, su tío, Manolo El Pioja, que tenía debilidad por él y que repetía “ay, mi coquito...”. La verdad es que más de una vez le dijeron “po vaya un Coco ma guapo...” . Crecido en el compás de los calés, empieza a destacar en los cantes de fiesta que adoba con gracia y técnica. No olvida El Coco que no fue un camino de rosas su vida de artista, ni de chiquillo porque alguna vez tuvo que soportar la guasa y las borracheras de algunos señoritos, ni de mayor cuando tenía que cumplir con su trabajo en el Puerto sin apenas haber dormido y habiendo tenido que beber por gaje de oficio.

               Más de una vez escuchó cantar a El Maní que paraba en la taberna que uno de los Gitanillos abrió en una esquina del callejón de Cisne, y allí, en la puerta, se sentaba cuando ya estaba atacado por su enfermedad, y hasta cantó con él siendo aún un chiquillo. Uno de sus espacios gustosos fue la taberna La Ladrillera, asiduo del cuarto en las fiestas de altura. Toda una gloria escucharle aquello de viva el Madrid calesero mientras acariciaba nubes con las manos Juan Montoya. Las canciones de la Piquer o Juanita Reina o los ecos morenos de Machín pasan por el filtro festero de la rotunda voz de El Coco en auténticas creaciones; es lo que le gusta, la copla, el cuplé, para hacerla cante por bulería. La Piquer y Caracol, sus ídolos. Fue soldado en Jerez donde se ennovió con una gitanita que endulzó su ausencia de Triana. Apegado al trabajo seguro ejerció, como hemos apuntado, de obrero del Puerto, no supo de la profesión del cante, salvo cuando atendía la llamada para una fiesta o cuando lo reclamaba su amigo Curro Vélez para cantar en su tablao del Arenal.

          En varias ocasiones tiraron de él para Madrid; tenía edad de jugarse el porvenir y se fue a saludar a Gitanillo de Triana para ver si podía trabajar en su sala de fiestas y ocurrió que el torero-empresario lo mandó a su socia, Pastora Imperio. El joven e ilusionado aspirante llegó a la casa y llamó… “¿Quién es?”, preguntó Pastora. “El Coco”, contestó inocente el trianero… “¿El Coco…? Pue te va a abrí...” (hay que imaginar la contestación). Creía el cantaor que estaba aún en la Cava y la gran Pastora que se trataba de un golfo con ganas de guasa. En Madrid asistió a la celebración del bautizo de Coral, la hija de Curro Romero, con Paco Rosa y El Niño de Aznalcóllar. Hubo quien dijo que en el cuplé por bulería había tres maestros, La Niña de los Peines, El Chaqueta y El Coco de Triana.

           El Coco, como a él le gusta que le llamen, cumplió seis quinquenios como obrero portuario, enviudó y se quedó con el apoyo de sus tres hijos que le ayudaron a vencer el hondo escollo. Pasado un tiempo recobró la alegría, las ganas de cantar y de vivir gracias a otra compañera que, como la primera, no es gitana, que lo cuida como su bonhomía merece en una casita en Tomares. La paradoja de la vida de El Coco es que se llevó toda su vida cantando y no fue conocido hasta que, ya jubilado, se decide a viajar con el grupo Triana Pura, desgajado del mítico Triana Pura y Pura de principios de los ochenta, para convertirse en uno de los abuelos de España y disfrutar de éxitos como “El probe Migué”.

            Ya metidos en los ochenta y con cinco hijos a los que siempre quiso ayudar, disfruta de una paz bien ganada. Hasta hace poco aún estaba dispuesto a alegrarle una festividad a quien lo llamara y hasta perteneció a la última formación de Triana Pura que grabó un disco dedicado a Lola Flores. Siempre gustó de pasear por su barrio en un repetido recorrido preñado de nostalgia que ahora le cuesta repetir con asiduidad. Señalemos que en 1986 viajó a Madrid junto a otros componentes de la inicial Triana Pura y Pura para participar en la Cumbre Flamenca de aquel año.

Ángel Vela Nieto. Del libro "Triana, la otra orilla del flamenco (1931-1970)".



3 comentarios:

  1. "Chapo", Ángel, el gran Coco, artista trianero y felizmente entre nosotros. Tengo en mi blog todo lo que he podido obtener de Triana Pura. Un admirable capítulo de su fecunda biografía y que te agradezco porque he aprendido algunas cosas que desconocía de él.

    Enhorabuena por tus libros que no faltan en mi biblioteca...

    ...Entre ellos: "La Casa de los Artistas", ¡ Olé!

    ¡¡¡GRACIAS!!!

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  2. Mi saludo afectuoso, Mari Carmen, y agradecimiento.

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  3. En el libro citado están las biografias de todos los componentes de Triana Pura y Pura con imágenes de ellos.

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