martes, 6 de agosto de 2013

EL DEDO DE RODRIGO


Luis de Triana


            Desconocemos si hacía bien los cantes o el baile; no fue artista, pero supo como pocos del arte flamenco y hay que suponer que algo se le pegaría porque, además, tuvo hermanas que fueron bailaoras profesionales, según él, y hay que creerle ya que lo manifestó delante de quien lo conocía bien, su cuñada. Y su cuñada era la otra Coquinera, la hermana de su mujer. En el número del semanario Estampa del 8 de junio de 1935 descubrimos a este curtido personaje detrás de la barra de una ventilla que regentaba Antonia La Coquinera; la que fuera su hermana y pareja de baile, Josefa Gallardo Rueda, había fallecido pocos meses antes. Estas famosas bailaoras nacieron en El Puerto de Santa María, y después de pasar por los cafés cantantes sevillanos, Suizo y Novedades en la década de los ochenta, viajaron a Madrid donde quedarían afincadas para los restos después de ser contratadas en el famoso café “La Marina”. Y allí se le organizaría un homenaje a Antonia en el que participaron, entre otros artistas, los trianeros Faíco y El Niño de Triana.

            Fernando el de Triana nos aclara que no eran gitanas y que la más grande fue Antonia. El bar donde laboraba el triste Luis, con el luto fresco en la solapa de la chaqueta, estaba en Cuatro Vientos y hasta allí se desplazó una reportera tras la estela, ya deslucidas por las malas bromas de la edad, de la famosa Coquinera… “Su cuñado le ayuda en el bar –escribe-, tipo magnífico de gitano trianero, ex-camarero de famosos colmaos de Madrid… ¿Usted no ha sido artista? No, mis hermanas sí lo han sío y tengo parientes que aún danzan por ahí. Yo estuve siempre en los colmaos como camarero. Hoy los camareros de los colmaos ganan mucho menos. Se acabó la juerga y se acabó el flamenco hondo de verdad”. La periodista tercia para quitarle hierro a las manifestaciones pesimistas del gitano de Triana: “Sin embargo ahora se están dando espectáculos en los teatros a base de parejas de baile flamenco. Recuerde la actuación de La Argentinita en las obras de Falla. Sí –responde Luis-, pero eso es un número especiá para gente que lo entiende; no es como antes que era pa toos, porque toos lo sentían por iguá. ¿Entonces ahora no hay juergas flamencas? Muy pocas… Y si hay alguna es a base de los nuevos. A los viejos ya nadie los quiere. En los viejos está la solera del cante y el baile andalú”. Luego Luisa Carnés, que así firma la autora del reportaje, se centra en la figura de quien ya andaba lejos de los deslumbres que cegaron a señoritos distinguidos, Antonia La Coquinera. Y en un bar, montado a raíz de la muerte de su hermana y con la ayuda del afligido viudo que tanto supo de la nocturnidad flamenca y de las debilidades y grandezas de los artistas, esperaba sobrevivir hasta que Dios quisiera. Era “el final de los flamencos”.

            Y así supimos de un practicante trianero de ese otro arte que es atender, escuchar y contemplar en un ambiente en el que hay que saber más que Séneca y, por demás, esposo de una de las Coquineras a la que imaginamos conocería en Sevilla. Josefa, su mujer, había nacido en 1871 y tenía más de treinta años cuando llegó a la gran capital donde sería enterrada en el mes de febrero de 1935.


Ángel Vela Nieto. (De “Triana, la otra orilla del flamenco”).     

1 comentario:

  1. jimenezjb8/8/13 19:14

    Ese maravilloso libro está repleto de lugares y personajes, como este Luis de Triana, totalmente desconocidos y que a partir de ahora pasan a formar parte de la historia de Triana. Toda una suerte para los que tanto queremos a este barrio y que poco nos importa si el personaje nació en agosto o en diciembre.

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