Placa Cerámica en homenaje a Ana Ruiz, enterrada en Collioure junto a su hijo Antonio Machado |
Finalmente no pudo ser; Collioure quedará para otra ocasión.
Un infortunado tropezón casero terminó con la rotura del quinto metatarsiano de
mi pie izquierdo y faena final de escayola en el hospital de traumatología.
Billetes de avión, hotel, coche de alquiler y sobre todo las muchas ganas de
asistir a los dos actos tan trianeros que ocurrirían en la bella localidad francesa
quedaron en el cajón.
Ilustramos esta entrada con la placa que íbamos a depositar en
la tumba de Ana Ruiz. Teníamos previsto un sencillo homenaje a esta trianera,
olvidada en su tierra, y que, con carácter urgente, merecería un acto de reconocimiento en Triana.
La inauguración de la Exposición de Helios Gómez y el acto
de presentación del libro “Helios Gómez, la révolution graphique”, tuvo lugar, según lo previsto en el Castillo
Real de Collioure. Nuestra contribución a este libro, inicialmente editado en
francés y catalán, ha consistido en un capítulo donde se presenta la Triana de principios de siglo XX y más concretamente
los primeros años de la vida de Helios¸ de 1905 a 1926. El capítulo, de título:
“Triana: El Barrio del Arte”, es un repaso a los aspectos sociales, políticos, económicos y cultural de
un Barrio en plena efervescencia y en todo su esplendor artístico. Vaya mi
agradecimiento a la ayuda recibida de mis amigos Emilio Jiménez Diaz, Antonio
Fernández de Cachero y Ángel Vela Nieto al que le he robado hasta datos de su libro inédito: “Triana, la
otra orilla del Flamenco”.
Aprovecharemos esta entrada para mostrar una primera parte
del capítulo en cuestión y en sucesivas entradas mostraremos la totalidad del
contenido.
TRIANA: EL BARRIO DEL ARTE.
DEL LIBRO: HELIOS GÓMEZ, LA
RÉVOLUTION GRAPHIQUE
Cuando
Helios Gómez falleció su hijo Gabriel recibió, como única herencia, una pequeña
maleta con las cosas personales de su padre, el resto de pertenencias, entre
las que se encontraban diversos óleos y algunos manuscritos, habían sido
expoliadas. Mi curiosidad llevó a preguntarle por el contenido de dicha maleta:
una postal del torero trianero y gitano
Curro Puya en cuyo reverso figuraba un anuario taurino, dos libros: “El Flamenco y los Flamencos”, de José Carlos
de Luna y “Los Gitanos, el Flamenco y los Flamencos” de Rafael Lafuente, un
autorretrato donde aparece La Giralda y
diversas fotografías, entre las que se encontraba una del también torero gitano
y trianero “Cagancho”, eran los elementos más destacables de sus pertenencias.
Por aquel entonces, ya tuve la ocasión de haber leído su corpus poético y
analizar gran parte de su obra gráfica. No había ninguna duda, Helios Gómez se había
impregnado totalmente de la magia y espíritu artístico de Triana a la vez que
había forjado allí sus ideales revolucionarios.
Perseguimos
con este capítulo difundir la singularidad de este barrio de Sevilla y para
ello nos situaremos en el periodo comprendido entre 1905 y 1926, que fueron los
años de vivencia del artista en Triana y, a la postre, los años que marcaron su carácter artístico y
humano.
El inicio
del siglo XX fue el renacimiento de la industria cerámica para Triana que no
supo restablecerse tras la pérdida del comercio con América. Sin embargo la tan
esperada Exposición Iberoamericana de 1929 trajo un resurgimiento económico
importante para la ciudad y la creación masiva de puestos de trabajo. En esta
etapa Sevilla vivió un importante movimiento social y político que tendremos la
oportunidad de analizar. Triana sufrió una profunda transformación, tal vez la
más importante de su historia que no se ha visto superada ni tan siquiera por la
Exposición Universal de 1992. Al caserío se incorporaron numerosas casas
propiedad de los industriales trianeros que estos encargan a los más afamados
arquitectos de la época. A su vez se incorporan diversos edificios públicos
como La Capilla del Carmen, El Colegio Reina Victoria (donde estudiaría Helios
Gómez) o El Teatro-cine Rocío entre
otros muchos.
El único
domicilio documentado de Helios Gómez y su familia en Triana fue el número 102
de la calle Castilla, calle señera del barrio, salpicada de pequeños comercios
y corrales de vecinos y camino natural de comunicación con el Aljarafe, el
Condado, Portugal y Castilla, de ahí su nombre.
El culpable
fundamental de las peculiaridades de Triana es el río. El Guadalquivir fue el
que, mediante su poder divisorio, engendró dos poblaciones diferenciadas:
Triana en su margen derecha y Sevilla en su izquierda. El río,
a la vez que fue una de las mayores fuentes de riqueza para Triana, fue el
mayor azote. Las temidas riadas se sucedían año tras año y condicionaban la
forma de vida y el carácter del trianero. Es el mismo río que cuando llegan las
temidas calores sirve de alivio permanente y diversión de los más jóvenes a la
vez que se convierte en coprotagonista, junto con la abuela de Dios, de la
fiesta más antigua de Sevilla y típica del barrio: La Velá de Santa Ana. Desde
el siglo XIII es costumbre velar en el barrio
a su patrona, Santa Ana, durante las vísperas de su fiesta el 26 de julio donde
la iglesia permanecía abierta y un sinfín de
trianeros acudía para realizar peticiones a su entrañable Santa, luciendo para ello sus mejores galas, colgando banderas por las
calles y siempre con el río de testigo. Mientras tanto Triana miraba de frente
a Sevilla sin perder de vista que era su arrabal y entrada de una vasta y
fértil zona.
(Continuará...)
José Luis Jiménez
Vaya, no te pierdes una, te apuntas hasta para llevar escayola, esa es lesión de futbolista caro, de los que nos hacen falta por aquí, por eso no perderemos el tiempo viendo una final para los madriles,David lleva también veinte días con un esguince. Esa placa está pidiendo a gritos un viaje a Collioure. Enhorabuena por tu escrito, el enfoque me parece de lo más acertado. Que el tiempo se te pase como un suspiro y te quites pronto ese medio difraz de picaó.
ResponderEliminarEcharemos en falta esa final, Rafa. El disfraz... la Feria de abril puede ser un buen momento para perderlo de vista porque la semanasanta parece que la veré desde el balcón.
ResponderEliminarYa nos podríamos juntar en Collioure.
Pués si, quedó el viaje para otro momento que esperamos sea pronto.
ResponderEliminarCada vez que me imagino a una señora de mas de 80 años pasando por un viaje tan penoso, con la cabeza medio perdida por la edad y el castigo del sufrimiento. Cruzando la frontera en plena Cordillera Pirineaica en el mes de Enero y pensando que iba camio de su Sevilla...
La vida, o mejor dicho las personas que ostentan el poder para controlar nuestras vidas, no son justas, y lo peor de todo es que la crueldad y las injusticias se empeñan en reaparecer una y otra vez, una y otra vez...
Si este barrio ocupara el lugar que le corresponde y se le cuidara en su medida en beneficio de Sevilla y su historia, la plazuela de Santa Ana estaría coronada con un monumento a las muy sufridas madres trianeras en la imagen y el recuerdo de Ana.
ResponderEliminarHubiera sido un interesante reportaje contar el viaje, José Luis. Se aplaza, y espero que por poco tiempo.
También Helios debería volver a Triana para siempre. Y lo que podamos hacer debe quedar hecho.