domingo, 20 de enero de 2013

EL DEDO DE RODRIGO

Último tramo de la Cava de los Gitanos

EL BAÚL


    Taberna típica, perla húmeda del Monte Pirolo donde confuía el arte cañí de la Cava de los gitanos, justo en la esquina de la vieja calle Diana (hoy Rosario Vega) con Pagés del Corro. Agustín López Macías, aquel modelo de reportero con gracia y buen sabor periodístico conocido como “Galerín”, nos dejó en un Liberal de 1921 una sabrosa descripción del lugar y sus usos: “Hace tiempo era una cuadra con un mostrador, dos camarotes donde se entraba de canto y una salita adornada con Lidias antiguas. Hoy han variado la decoración y en la misma Cava sigue El Baúl, pero no aquel Baúl forrado de piel de burro, sino un Baúl de expreso. En El Baúl se improvisaba a diario juergas con los mismo gitanos que vivían a dos pasos. Las juergas siguen, pero la casa ha mejorado de aspecto y ha perdido mucho con ganar en lujo”. Y remata Galerín con su particular visión humorística y publicitaria: “Hoy conserva algunos rasgos de cosa de Sevilla, particularmente la muestra que dice: Venta El Baúl. Dios sea con todo. No se fía ni a mi padre hasta luego. Este letrero hay que explicarlo para aquellos que no son de Sevilla. Es muy frecuente en las tabernas dejar fiado, diciéndole al dependiente “hasta luego”. Estas dos palabras que en otros sitios son de despedida, aquí es dejar una cuenta en las tabernas. Por eso en El Baúl no se reza ni con el padre del dueño”.

    Este lugar que mereció tan prolija descripción que genera simpatía, subsistió hasta pasada la guerra civil. Allí llevaban los toreros gitanos de la Cava a sus amistades e invitados de dentro y de fuera para bautizarlos, en muchos casos, con la desbordada emoción del cante y el baile que solía estallar, “por simpatía” o en fiestas organizadas, entre los gitanitos del lugar. Cagancho y los Gitanillos de Triana frecuentaban El Baúl después de regar, si acaso era de día, con algunas monedas las pelumbreras de los chiquillos que les cerraban el paso como lo que eran, los más generosos padrinos. Por recuerdos de La Bella, la madre de Manolo el del Morapio, sabemos que cuando Manuel Torre venía a Triana llegaba al Baúl, “el bar más grande que había en el mundo -nos contó La Bella-, donde venía gente muy importante. Un día Manuel Torre le preguntó a mi sobrina Pastora (Pastora Moreno) que quien la había enseñado a cantar, y ella se levantó y le hizo allí una demostración de cante y baile que lo dejó boquiabierto” (Triana Universal, abril 2002).

    Aunque el renombrado Galerín, en uno de sus “Sevilla en broma”, nos ha avisado de la transformación profunda del popular establecimiento, pudo existir otro Baúl. Veamos lo que se dice  en el libro “Poder y prostitución en Sevilla”: “El Baúl es una peculiar taberna situada al final de la calle Pureza. Este local gobernado por un tal Tarugo, fue un antro de malos instintos”. Los autores de la obra citada, Vázquez García y Moreno Mengíbar, achacan  la causa a la miseria con la que se vivía por aquellos lares en la frontera de los siglos XIX y XX. Ignoramos de donde tomaron la información, pero desde luego nada que ver este Baúl de la calle Pureza, del misterioso e ignominioso “Tarugo” -si acaso existió-, con el que visitó Galerín dos décadas después en el Monte Pirolo.       

Ángel Vela Nieto   
Del libro "Triana, la otra orilla del flamenco". 

1 comentario:

  1. jimenezjb20/1/13 19:31

    Siempre es un placer, sobre todo en esta época tan convulsa donde abundan los chorizos,los fantasmas y los ángeles caídos, encontrarnos con artículos de este tipo. Hay muchas maneras de pelear por Triana pero, sin lugar a dudas, esta siempre ha sido la de un verdadero Ángel.

    ResponderEliminar

*/