miércoles, 2 de enero de 2013

EL DEDO DE RODRIGO





Covadonga y Joselito Ruiz Flores



    O Viceversa. Joselito Ruiz Flores nació en la casa número 82 de Pureza, una calle que saludaba al siglo XX con un caserío clásico en lo popular compuesto por edificios de dos plantas salpicadas de corrales de vecinos y otros inmuebles que se alzaban en una planta más. Y a pesar de que se trataba del pueblerino paseo de Triana su pavimento podía romper los tobillos de pies mal asentados; la calzada estaba marcada en todo su recorrido por una rambla para el desagüe de las aguas de lluvia. El año 1900 su padre, que se llamaba igual que él, José Ruiz Flores y era alfarero, cumplía 44 años.

    La madre de nuestro personaje fue bautizada en Santa Ana con el nombre de Trinidad Flores Ramos y parió cuatro hijos, a saber: Trinidad, Rafael, luego llegó él -Joselito- y el Benjamín de la familia que se llamaba Cirilo (14, 12, 5 y 2 en el año señalado). Vivían con ellos los abuelos maternos, los viejos trianeros Antonio y Concepción. Pureza era la calle del torero Antonio Montes, de los médicos, de los Astolfi y los Carriedo y de una capilla de los Marineros que entonces servía de colegio.

    Hombres del barro los Ruiz Flores. Como comenté en ocasión reciente, mi padre ejerció gran parte de su vida de alfarero en el tejar que gobernó Cirilo, el hermano de Joselito ya convertido como él en industrial, en la antigua calle Aracena de la desaparecida barriada del Patrocinio; así que también conocí a don Cirilo, como se hacía llamar aquel caballero bien vestido que apenas pisaba el tejar (tejar con vaquería anexa), dejándolo todo en manos de su encargado. También quedó constancia de que mi hermano Juan, hecho un maestro del torno -o rueda-, trabajó para Joselito en su fábrica de la calle Covadonga. Luis, el marido de Guillermina -popular matrimonio- vecino del inmediato tramo de la calle Alfarería, vivía más en el tejar que en su casa. Entonces estaba fresco aún el retablo conmemorativo esperancista de la fachada de la casa, hoy abandonado a su mala suerte como todo el inmueble.

    Recuerdo una anécdota que me contó Fernando Morillo, el artista vestidor de la Esperanza. Un día acompañó a su amigo Joselito que iba a entregar, al mismísimo Alcázar, una gran tinaja de barro, una más de las que ya había fabricado para tan selecto lugar. Y estando por allí, vieron como un guía, señalándole a su grupo de curiosos una de ellas, hacía hincapié en la antigüedad de siglos de la tinaja... “del tiempo de los moros”, repetía para deslumbre de los viajeros. Fernando y Joselito no pararon de reírse en todo el trayecto de regreso. 

    Como es sabido, Covadonga fue antes Rendona o Rondona, en el siglo XVII, derivando después en Rondeña, nombre que prevaleció hasta 1859 cuando se le dedica a la célebre batalla. En 1794 sus tres únicas casas eran tejares donde estaban censados doce alfareros. Formaba parte inequívoca del llamado “barrionuevo” (primer tramo de Alfarería) y hasta época cercana conservó un tejar, ¿cual?, el de Joselito Ruiz Flores, personaje popular que en nada se parecía a su hermano don Cirilo, ni en lo físico ni en el atuendo ni en su manera de estar en el mundo. En la esquina de Covadonga con Alfarería dejó el arquitecto, Juan Talavera y Heredia, uno de sus más hermosos edificios, y en su curso adoquinado vivieron el torero “Andaluz” (el viejo), el cantaor “El Sevillano” en sus años de soltería y un extraordinario poeta, colaborador de la revista “Triana”, el querido e inolvidable Manuel Pacheco Segura.

    Acabemos recalcando la interesante implantación en su corto trayecto de la “Casa de los Artesanos”, centro de creación artística donde laboraban en diversas materias Andrés Dominguez, Paco Vega, Rafael Carmona, Paco Miranda, Alfonso Orce, Joaquín Ferreira y Augusto Morilla. Quiso Joselito, ya jubilado, que su casa quedara como templo de la Triana artesana para orgullo de propios y admiración de extraños.

    Y después llegaron un constructor, que tampoco se parecía en nada a Joselito, y una hermandad con ansias de embellecer la fachada de su capilla... 



Ángel Vela Nieto

2 comentarios:

  1. jimenezjb4/1/13 16:43

    Al menos tendremos que "agradecer" al constructor y a la hermandad que durante un tiempo se vuelva a hablar de la Casa de los Artesanos. Muchas conclusiones son las que hemos podido sacar de este asunto. Algunas posturas aclaradas, muchas dudas inquietantes y más de una careta por los suelos.
    Los que no nos movemos por intereses político, los que no veneramos al Becerro de Oro y los que, en definitiva, queremos a Triana vamos a seguir peleando por esta Casa; al menos para que quede registrada en la Historia de este Barrio y que todo el mundo sepa qué lugar ha ocupado cada uno.

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  2. Nos han faltado las palabras de algún pariente de Joselito Ruiz Flores.

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