domingo, 23 de diciembre de 2012

EL DEDO DE RODRIGO




RAMONCITO EN LA CASA DE LOS ARTESANOS


    A Ramoncito como a su abu le gustan las Pascuas de Navidad y hoy, para celebrar la mañana de los “mil euros” cantados por las mismas voces de las “diez mil pesetas” de los cincuenta, hemos visitado el hermoso Nacimiento instalado en las ruinas del Castillo de la Inquisición. Luego, tras proveernos de chuches en el kiosco del Altozano, nos encaminamos hacia “El Ancla”, lugar de concentración de un nutrido de entusiastas paisanos dispuestos a rendir pleitesía a los venerados y mártires muros de la Casa de los Artesanos. La verdad es que hemos ido todos como quien visita a un amigo enfermo para inyectarle ánimo y cariño después de sufrir una dolorosa amputación.

    Las dos Triana, la calé y la gaché, se arrejuntaron en su patio en torno a una mesa con viandas como cuando vibraban los corrales de la Cava. Rostros felices que, en seguida, se vieron reflejados en la faz de la casa. Una pareja de jóvenes músicos, con todos sus avíos de instrumentos y sonido -ella, la preciosa hija de Augusto; él, un maestro del teclado-, abrieron la tarde, que tanto prometía, con hermosas canciones. La casa rió, cantó y bailó -con la prótesis bien ajustada- cuando “El Vari” desplegó un increíble popurrí festero; Triana pura sonaba en la calle Covadonga. Y para Augusto, Andrés Dominguez, Alfonso Orce y Paco Vega, representantes anfitriones de los artistas inquilinos, dejó ésta de ser una trinchera en plena batalla para aparecer como un ensueño.

    Ramoncito en su mundo... “Abu, una fiesta, qué bien...”. No paraba; él, que contesta cuando le preguntan su nombre que es de Triana y se llama Ramón “el caza-fantasmas”, recorría todos los rincones del laberinto de escaleras y puertas, decoradas de verdina y moho tan a propósito, dispuesto a desintegrar los fantasmas y monstruos que aparecieran con malos mengues. Le tengo dicho que existen fantasmas buenos, y al primero que vimos de estos -yo iba de guardaespaldas- fue a Joselito Ruiz Flores, el entrañable industrial que convirtió en altar el patio de su tejar con un retablo de su venerada Esperanza, recientemente amputado. También pululaba por allí,  envuelto -como Joselito- en una nube de algodón de azúcar, su tío abuelo Juan Vela, que ocupó uno de los tornos alfareros. Y hasta creyó contemplar el fantasma de su abu, disfrazado de niño, deambulando y esperando que su hermano Juan acabara de almorzar para volver con la fiambrera a casa. De los malos no dejó ni uno, porque los había y muchos... Chisssssssssssss, disparaba rayos a diestro y siniestro con su pose bien estudiada. “¡Abu, cuidaro...!”.Y el abu sin poder meterle mano ni al mosto, ni al chorizo ni a las interesantes conversaciones. Todo era por la purificación de lugar tan atacado...

    Ni a las tres ni a las cuatro ni a las cinco, a Ramoncito, que deseó por el micrófono feliz Navidad a los amigos asistentes antes de repartir las gominolas supervivientes, no había quien lo sacara del patio. Pepa Montes limpió sus pringados deditos y, empeñado, los puso sobre el teclado tarareando uno de los villancicos que le han enseñado en su primer curso de cole, luego soltó una retahíla ante el micrófono para acabar avisando de que continuaba con su tarea “cazafantasmas”. En esto, entramos en el taller de Augusto y, curiosamente, no sólo no se asustó con la exposición de rostros y figuras que el escultor conserva por estantes y rincones, algunos en verdad inquietantes, sino que los acarició como queriendo comprobar si harían algún gesto notando su mano. No había fantasmas en el estudio; él es un especialista. 

    Pero a la tercera llamada de su madre tuvimos que hacer mutis de aquel lugar insólito donde estaba transcurriendo una jornada histórica, un día de esos que quedan grabados en la intrahistoria de Triana. Muchas fotos lo recordarán, y cuando Ramoncito, pasado el tiempo, las contemple se dará cuenta de que fue inocente testigo de un hecho con el que su barrio demostró que estaba vivo y que mantenía alto su orgullo. 

    De momento no ha quedado allí ni un fantasma con malas ideas.


Ángel Vela Nieto      

5 comentarios:

  1. Elisa Santos24/12/12 14:53

    Ramoncito lo pasó genial y fue testigo de unos momentos llenos del más puro Arte de La Triana de los Corrales.

    Es un excelente cazafantasmas y eso en Triana es muy importante porque abundan estos "entes" y necesitariamos preparar, con la ayuda de Ramoncito a todo un ejercito de "cazafantasmas" bien entrenados para terminar al menos con alguno de ellos...

    Después de las vivencias de este sábado, me ratifico, en que hay que ser muy ciego para no ver el potencial que se esconde en esa Casa...

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  2. Bonito regalo para este cazafantasma de parte de su abuelo. Mi deseo para Ramoncito es que dentro de 20 ó 30 años esté presentando, aquí en el patio de la Casa de los Artesanos, algún libro con temática trianera. Señal de que la Casa ha sobrevivido a tantos "fantasmas" y que su "abu" ha tenido un buen continuador de su obra.

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  3. Cuando pasen los días y los años, Ramoncito, tu precioso nieto, verá verdaderos fantasmas y no querrá verlos ni podrá cazarlos pero en su memoria queda -ha quedado grabada- la nebulosa que ahora no encuadra. Un día soñará con sitios extraños llenos de cachivaches y macetas, con escaleras dibujadas en los cuentos, con puertas y ventanas de casitas de escaparates de confiterías y con una fiesta en un corral de Triana, te lo contará y te lo preguntará y tú, Ángel, le responderás con las lágrimas asomadas a las esquinas de los sacais. Vas a ser el único que tendrá esa suerte.

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  4. Gracias por tus cariñosas palabras, Antonio. He impreso las fotos y Ramoncito ya las ha colocado en su cuarto. Nunca olvidará la mañana que pasó, entre tantos amigos de su abu, sacudiendo de fantasmas y similares un lugar mágico.

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  5. ...de un lugar mágico, quiero decir...

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