jueves, 26 de julio de 2012

MI "SANTA ANA"



En este día tan especial para todos los Trianeros y Trianeras, me gustaría poder compartir con vosotros una historia, porque como vosotros, yo, que no soy Trianera de nacencia, también tuve, y siempre llevaré conmigo, una Santa Ana, que me contaba historia, me consolaba cuando estaba triste y siempre siempre conseguía poner una sonrisa en mis labios y la paz en mi corazón.

“Ana, conservó el acordeón que su hermano tocaba para ella y sus amigas mozas en la puerta de su humilde casa de un pueblo blanco granaino, de los de arena y cal, durante toda su vida.

Aquel acordeón que dejó de pasear sus notas por el viento un día, cuando ella a penas tenía 15 años y  un policía “malage” le dijo en la puerta del presidio, “ese ya no se va comer lo que le traes ni hoy ni nunca, así que te puedes ir por donde has venido”.

Las notas del acordeón siguieron sonando siempre en su cabeza  y sus ojos, de un color gris que nunca más he podido admirar, y que tanto echo de menos,  se llenaban con los recuerdos de su hermano y sus amigas cantando y bailando.

Su recuerdo la hizo fuerte cuando tuvo que huir para que “los azules” no le raparan la cabeza y le llenaran el estómago de laxante.

Aquel instrumento, fue uno de los pocos objetos que metió en su baúl cuando, después de quedar viuda, con 3 hijos y embarazada del cuarto, tuvo que vender todo y venir hasta Sevilla para buscar algo mejor. Y seguro que sus notas calmaron sus lágrimas el día que dejó en la casa de socorro a una de sus hijas y firmó la renuncia de todos sus derechos de madre, porque no podía alimentarlos a todos, y el pequeño se agarró a su pierna y le dijo: “no me dejes aquí mamá, te prometo que no te pediré comida” 

Seguro que oyó como su hermano le tocaba una sonata el día antes de su segunda boda, con un señor que era la salvación de una viuda joven y sola, y la posibilidad de recuperar a la niña que había tenido que dejar. Y su consuelo fue recuperarla... y poder ver como sus hijos crecieron y se convirtieron en buenas personas, trabajadoras y honradas.

Cuando hablaba del pasado, de la guerra, de las injusticias y atropellos cometidos, siempre decía,  que no se debía olvidar lo pasado para que no volviera, pero que el odio tampoco era el camino y sólo nos hacía prisioneros.

Siempre me decía: hija mía, no tengas nunca que depender de nada ni de nadie. Y ella sabía de lo que hablaba.

 Sentía pavor por los extremos, porque creía que cualquiera de ellos la devolvería al pasado, y quién quiere volver a ese pasado, en el que tienes que después de “parir”,  porque entonces se paría, no se “daba a luz” como ahora, volver a trabajar la tierra sin días de descanso por maternidad, ni permisos de lactancia...

Le vendieron que “los socialistas” salvarían a España, y se lo creyó, y vivió pensando que era mejor mirar hacia delante y “que estamos bien como estamos, porque a ver si nos quejamos demasiado y volvemos a pasar por lo que ya pasamos”. Ni tan siquiera se quejaba del frío...
Siempre tenía una sonrisa esperando para todo el mundo y nunca se enfadaba. Tenía mil historias para contar y 2000 para callar y una enorme sabiduría, la más grande, la sabiduría de la vida, para saber callarlas.

Siempre he imaginado qué habría sido de ella si hubiese nacido en una familia adinerada y hubiese podido estudiar. Si no hubiera enviudado tan Jove, si hubiese nacido en otra época... porque siempre me imagine que detrás de aquellos ojos grises había una mujer prisionera de unas circunstancias y  una vida. “

Ana era mi abuela, y la niña de la casa de socorro mi madre. Y después de los años, he llegado a comprender ese conformismo que habitaba en ella. Lo que no entiendo es que tantas personas con abuelos y abuelas como la mía hayan olvidado de dónde vienen. Ese es el poder de la clase política, que ya nadie sabe a qué clase pertenece, han conseguido dividir al pueblo, dividirnos a todos. Inventaron eso de la ficticia “clase media” y tontos de nosotros nos creímos “todopoderosos”, pero ahora les revienta el invento, y nosotros seguimos pensando que somos “clase media” pero como hay crisis.... Mientras no nos curemos de ese virus, nada podrá cambiar porque nuestra falta de “conciencia de clase” es el mayor agravante de nuestra enfermedad.

Después de 14 años sin ella, ahora, que vivo casi frente a La Maestranza, a veces cuando la miro desde este lado, recuerdo las tardes de toros que mi abuela Ana pasaba frente a su televisor. Se conocía todos los toreros, pero jamás pisó La Maestranza. A veces me sorprendo imaginando “tengo que traer a mi abuela a los toros” Después, vuelvo a darme cuenta de que no está y me pongo triste, pero la tristeza me dura apenas unos minutos, porque enseguida la recuerdo, su tacto, su cara,  el color de sus ojos y ella toda.... y yo frotándole la espalda, acurrucándome con ella en la cama, resbalándome de su regazo....

FELICIDADES ABUELA, TE QUIERO, NO SABES CÓMO TE QUIERO...

Elisa Santos

4 comentarios:

  1. Memorial histórico en un rotundo texto. Hermoso y sentimental recuerdo para tu agüela. Lo estará leyendo.Nuestros muertos siguen vivos con nosotros en su mundo de silencios.

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  2. Juan Luis Franco26/7/12 17:33

    Hermoso y conmovedor relato. Una vez, siendo un niño, le escuché decir a un viejo socialista (de los de verdad y no los de visa-oro)que todos morimos definitivamente cuando lo hace la última persona que nos conoció y nos tuvo cariño. Mientras en usted permanezca esa carga tan hermosa de afecto hacia su abuela ella permanecerá viva. Morir no es solo dejar de respirar: morir es dejar de existir en la memoria sentimental de los humanos. Las abuelas del ayer nos pusieron las cuerdas en nuestras cometas para que volaramos como personas de bien. Los abuelos de hoy se nos configuran como verdaderos amortiguadores de esta Crisis tan injusta como irracional. Mi abuela se llamaba Teresa y en mi frondoso árbol genealógico existen tres ramas con el mismo nombre. Algo haría bien esta Santa mujer. Mis respetos y mi admiración hacia su demostrada sensibilidad. Saludos.

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  3. Elisa Santos26/7/12 20:05

    Muchas gracias amigo Juan Luis.
    No puedo estar mas de acuerdo con lo que le dijo aquel socialista de los de verdad ( que quedan pocos... )
    Su abuela y la mía merecen muchas generaciones de Teresas y Anas.

    Las agüelas Antonio y sus bollos de pan con aceite y azúcar.... Mmmm...
    Hay cosas tan simples como un bollo con aceite y azúcar que pueden trasladarte a momentos entrañables de nuestra infancia y a pasar una tarde de merienda con nuestra aguela. Verdad que es milagroso?

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  4. Sin duda,hermana,cada dia estoy mas orgullosa de llevar la misma sangre que llevas tu.Cada una lo expresa a su manera ojala yo supiera escribir como lo haces tu y no ser una estreñida emocional...Bueno yo hoy 26 de julio,si,Santa Ana,como se me iba a olvidar,he acudido a ese lugar donde el tiempo se para y de repente veo la foto de tantos amigos que parece que desde el frio marmol me saludan como en los viejos tiempos porque ,no se si lo sabes,pero este lugar esta lleno de bonitas fotos de gente sonriendo...parece que estan felices.Ay que arte mas grande que acabo de ver a la Mena,adios cariño,como siempre dice,que voy a ver a mi abuela,que hoy es su dia.Bueno que ya he llegao,,FELICIDADES GORDITA!mira que ramo te he traido¿te gusta?mira que es de verdad no como esos de plastico que no huelen a na.Y ella se rie porque las flores le encantan y me ha dicho ay arma puñetera!¿pa que te gastas er dinero en mi?pero en el fondo si no lo hago se enfada un poquillo porque quiere que la mimen,ella es asi.Estamos un ratito alli porque luego nos vamos de visita,un paseo para recordar con los demas vecinos y luego vamonos gordita! a casa que nos esperan los niños pa merendar pan con aceite y azucar.

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