miércoles, 25 de julio de 2012

DESDE EL MONTE PIROLO



UN 21 DE JULIO

Hace prácticamente 2 meses leí un artículo en el diario “SUR”  del periodista José Antonio Garriga titulado “El otro mundo”. El día de Andalucía, 28 de Febrero de este mismo año, yo  había escrito y publicado en  nuestro blog de Triana algo parecido en  “Actos para Juan Belmonte” por lo que al leer el referido artículo dije: “Joé, pues ya no soy solo yo el que piensa de esta manera”. El artículo en cuestión venía a decir: “Creo que los muertos siguen vivos y que no es preciso recordar su despedida” y entre otros pensamientos intercalaba citas como la del escritor mexicano José Emilio Pacheco recordando a su colega recientemente fallecido Carlos Fuentes: “Ahora lo que me interesa es releerlo y seguir dialogando con él en este México, inimaginable para nosotros hace cincuenta años”.


¿Suena lo de los cincuenta años, de la bala?. Hasta Benítez Carrasco se extrañó:
¿Cómo pudo, como pudo
  con un torero tan grande
  un torillo tan menudo?.
  Los pitones van doblados
  el plomo marcha derecho
  aquellos te hirieron tanto
  éste una vez y estás muerto….

  ¡No me lo cuentes, que no...!
  ¡Que yo no quiero acordarme…!

Sigue el autor del artículo: “No me atraen los homenajes (actos) póstumos, han muerto demasiadas personas que quiero y comparto con ellos más tiempo que cuando estaban vivos. El silencio nos une porque ellos están en el país del silencio y desde allí nos hablan porque las obras que dejan sobreviven y el destino es un secreto que ellos solo conocen, todo tan rápido como coger un avión y perderse…..Las flores en vida o en recuerdos gratos de alegría….”. A groso modo y sacando lecturas del contexto esto es lo que venía a decir y con lo que estoy totalmente de acuerdo en homenajear la vida y los triunfos de los que ya no están, pero no su muerte. 

El día 21 de Julio  del año 1912,  se cumplieron 100 años, este día es el día más importante en la vida torera de Juan. Más que el de su alternativa por que además la “tomó en Madrí” confirmándola al mismo tiempo. Es el día que se proyecta desde Sevilla como un meteoro que asombra, nada visto hasta entonces. Hoy no, pero en aquellas fechas la plazatoros de Sevilla era la que daba y quitaba, era la más importante del planeta taurino. Quiero creer que Manuel Carriedo, como buen aficionado que sería y partidario, sembró ese mismo año el magnolio de la iglesia de San Jacinto -también cumple cien años según Paco Solís- en conmemoración del triunfo de Juan. Antes un tranvía, no podemos decir con quién o quienes se pusieron de acuerdo la Compañía o  el conductor, se encargó de abrirle sitio a la muchedumbre al fallarle los frenos y destrozar la esquina de la taberna Berrinche, calle San Jorge haciendo escuadra con el Altozano, y por el puente y por toda la Velá  se estrenaron faroles a la veneciana creeremos también, como una premonición, en honor a Juan. Todo ello a lo peor es mentira pero a lo mejor es verdad, la podemos  inventar, patentar y referir  como leyenda urbana, pero si nos la creyéramos sería una leyenda maravillosamente torera.

Con este 21 de Julio, antesala de la Velá, llegó y debía de ser otro día señalaíto en lo torero para Triana.  Juan forma un auténtico taco, un alboroto, en el último novillo y vuelve a la afición loca y la muchedumbre lo coge, lo zarandea y se lo llevan a hombros hasta el barrio, hasta su casa que era un corral de la calle Pureza. Triunfo difícil pues los clarines novilleriles de Joselito “El Gallo” habían sonado con muchísima fuerza en el coso del Baratillo el 23 del mes anterior con más de treinta novilladas toreadas y tres años más joven que Juan.
Juan tuvo una carrera corta como novillero pero jalonada de  aclamados y orejeados éxitos que lo llevaron a la alternativa en Madrí el 16 de Septiembre del año siguiente con toros de Guadalest.  Ese mismo año de 1913 se había presentado -contratado por su enorme triunfo en Sevilla-  en la misma plaza como novillero en Marzo y repitió en Abril con dos triunfos apoteósicos. Sus maneras de hacer el toreo dejó estupefacta a la afición que se muestra revolucionada con discusiones y desbordados apasionamientos que llegan incluso a ambientes  no reconocidos como  aficionados taurinos sino como intelectuales. Más que lo de Manolete en  tiempo pasado, de lo del Cordobés de antes de ayer,  el Paco  Ojeda de ayer o el  José Tomás de hoy, pero con muchísimo más aparato, repercusión e importancia debido a la época en la que la tauromaquia era el “deporte” nacional. 

            Si en Madrí hay una revolución imaginaros como estaba el cotarro taurino por aquí abajo. Sevilla volcada con José y Triana que se volcó con Juan, todo ello prácticamente en un mes, lo que va  del 23 de Junio al 21 de Julio. Era de tal magnitud lo que desató Juan en un barrio que necesitaba un ídolo para reflejarse en él que no se dieron ni cuenta, con la marimorena formada y a hombros de sus partidarios, que llevaba una cornada en una pierna, aunque, a tenor de la fotografía, creo que su pierna izquierda iba vendada debajo de la taleguilla lo que calló para no perder la oportunidad que se le presentaba y le salió la jugada bordada. 

Hubiera deseado que este mi pequeño, particular y modesto homenaje hubiera salido a la luz el pasado día 21, coincidiendo con el centenario, pero problemas personales y técnicos no achacables a la dirección de este nuestro blog lo impidieron. Pero se lo hago hoy, tres días después, a este gran hombre,  humilde en su persona e introvertido trianero, que se fue a vivir a la esquina de la calle Almirante Lobo con el Paseo de Colón para ver todos los días  a Triana, y el homenaje se lo hago en el centenario de su proyección de magnitud infinita en el toreo de todos los tiempos. Y se lo hago porque mi bato fue belmontista a rabiar y si mi bato lo fue, yo también. Y se lo hago porque estoy harto de que se celebren actos recordando su muerte, de mortuorias, de esquelas, de minutos de silencio, de responsos, de Goris, de necrófagos y necrófilos, de tanatorios y hasta de los Juanes Tenorios y las Juanas Tenorias  y de mis mulis toas y todo eso me da un  canguelo que me meo, ¡ea!.

-Don Juan, ¿ por qué no se va usté a viví a Triana?.

-Porque desde fuera la veo toda entera y mucho mejor y además  allí no queda nadie de mi  gente.   

¿A que va a tener razón Elisa Santos?.

                                                                        Antonio del Puente
                                                                               Verano-12

Las fotos de este mi homenaje particular a Juan Belmonte están recogidas del libro El Toreo (L. B.) y Juan Belmonte, editado por Rnmto. Biblioteca de la memoria y D. de S. con ilustraciones de S. B.    

6 comentarios:

  1. Rafael M.H.25/7/12 15:07

    Lindo homenaje. Las leyendas son para crearlas y para creérselas, son el toque que endulza la historia, no reflejan la verdad, ni falta que les hace, pero resultan más dulces que las noticias de los periódicos. Las fotos, una maravilla. El árbol de Sanjacinto no es un magnolio, sino un ficus de hojas grandes, cuyas raíces aéreas son muy características. Gracias, Antonio, por trasladarnos cien años atrás, tu máquina del tiempo funciona de maravilla.

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  2. Y como ficus lo tiene escrito Paco Solís. Pero te cuento Rafaé,ahí fue una de las parada y fonda del escrito, las dudas del ¿que pongo?. Tío Antonio, hermano de mi bato,cuando quería comer pajaritos fritos -esta expresión la copié de él para designar a los organismos que dejan este valle de lágrimas- o guisados con arroz cogía un tirador de plomillos, los de los dos cancamitos y cuatrovueltas de gomilla rematadas en un cuero pasante, y me decía: !sobrino, vente conmigo! y a mi agüela:¡mama me voy al magnolio de San Jacinto!, por el camino nocturno:¡sobrino, en el magnolio de San Jacinto es donde hay más pájaros der mundo!. Llegábamos al magnolio y a ciegas tiraba los perdigones del uno y empezaban a caer pájaros y él decía:¡pajarito frito!. Era una iglesia de San Jacinto de puertas abiertas sin vallas.Toda la familia de mi bato y de mi bata le llamaban magnolio, quizás porque el palabro "ficus" no les llegaba o´que no tenían ni idea, lo más seguro. Como la leyenda estaba dentro de mi magín y todo era mentira que más daba ¿dejaba en ridículo a mi cultura familiar?. Te confieso que magnolio, aunque no lo sea el de M.Carriedo, me gusta más que ficus y porqué no lo iba a bautizar yo sin ser cura en represalia de uno que no quizo prestar el palio para meter debajo a Belmonte y sí lo prestaban para meter a otro menos importante y con mala leche. Probablemente si le hubieran dado a escoger a Carriedo seguro que hubiera plantado un magnolio y tú y Paco estaríais encantado.¿O no?. En cuanto a la máquina del tiempo ojalá fuera yo el encantador de los neutrinos o del bosón de Higgs (partícula de Dios), te aseguro que volvería a coger otra vez el chupe y el sonajero para que me echaran peluches los Reyes Magos.Además el ficus está horríbilis y mi nieto se asustaba, veía brazos y fantasmas en las raices que se movían. Ya no se asusta pero no quiere pasar por esa acera.

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  3. Rafael M.H.26/7/12 16:16

    Las palabras sirven para designar y son importanyes porque lo que no tiene nombre no existe porque nadie se ha fijado en él. Que más da cómo lo bauticemos, si decimos el árbol de Sanjacinto, ya sabemos de cuál estamos hablando. No quería enmendar tu historia, pero me salió la vena científica y, al final, se me fueron las cabras pal monte.

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  4. Elisa Santos26/7/12 19:19

    En el país del silencio Belmonte seguirá remiendos días de gloria y mirara Triana desde este país, y a veces querrá bajar a dar algún que otro tirón de orejas....
    Es un bonito homenaje Antonio.

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  5. Elisa Santos26/7/12 19:45

    Quería decir 'seguirá teniendo días de gloria'

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  6. Sí, Rafaé,llevas toda la razón der mundo, mundiá, pero como verás y tu mismo lo dices es una cosa de savia, mejor dicho de sangre, sea de vena científica o familiar y a cada nos corrió la savia, o sea la sangre, por las nuestras. Pero no caí en el momento del bautizo con tanto "pelón" de letras denominarlo el árbol de Sanjacinto, ojalá, y hubiera quedado como Belmonte en Sevilla y no como Cagancho en Almagro. En cuanto a tus cabras te diré que se fueron a favor de querencia para donde se tenían que ir, al monte. Si las cabras de todos se nos fueran más a menudo donde tienen que estar, en el monte, comerían del monte bajo y bajeras de árboles de dehesas, solanas y umbrías y los fuegos forestales descenderían espectacularmente. Claro que tendrían que desaparecer también las colillas que se caen de las manos sin darse cuenta, los conejos con reata de estopa ardiendo y las mechas retardadas que siempre aparecen los días de viento.

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