sábado, 21 de abril de 2012

TRAS LAS RAÍCES DE TRIANA: CHOPOS DE CHAPINA


Tras el descanso obligado del otoño, los chopos, como los demás árboles caducos, comienzan a rebrotar, las ramas aún se ven ligeras, unas cuantas hojas y las flores femeninas cuelgan livianamente, de manera que por detrás se pueden ver el puente y el río, una fuente segura de agua para estos gigantes. En el año de 1948 se construyó en ese mismo sitio el tapón de Chapina, que dejó estrangulado al Guadalquivir, convertido en un brazo abandonado a su paso por TRiana. No fue hasta las obras de la Expo que se dejó al río correr otra vez por su antiguo cauce, el tapón se trasladó hasta San Jerónimo, donde una pequeña conducción subterránea regulable es la que permite la entrada de agua a la dársena, mientras las aguas vivas toman su nueva ribera artificial rodeando a la ciudad por su lado oeste, hasta unirse de nuevo al cauce verdadero, una vez pasado el puerto.


Los chopos se diferencian de los álamos por tener costillas negruzcas en el tronco, por eso se les conoce también como álamos negros. Sus hojas, recién brotadas son muy brillantes pues están recubiertas de ceras protectoras y presentan un hermoso tono púrpura, aunque más tarde terminan con su color característico.

Para la reproducción de esta especie y, por tanto su supervivencia, las flores no son vistosas, ni olorosas, no necesitan atraer a los insectos para que transporten el polen, sino que lo dejan todo en manos del viento, cuelgan por un lado las inflorescencias masculinas y por otro lado las femeninas, para quedar más expuestas a esos golpes de aire y de suerte, florecen antes de que crezcan las hojas para que éstas no estorben la llegada del polen hasta las flores femeninas, pequeñas, agrupadas en torno a un eje que cuelga.


Escribe Octavio Paz:
Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre…


Rafael Martín Holgado.

5 comentarios:

  1. jimenezjb22/4/12 13:46

    Qué buenas fotografías, Rafa. A ver cuando damos un paseo juntos y me explicas cómo se hacen.

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  2. Una hermosa lección sobre algo tan hermoso y tan desconocido.

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  3. Rafael M.H.23/4/12 12:08

    Gracias a los dos, a ver si cojo carrerilla esta primavera y le pego un achuchón a las plantas del barrio que nos quedan por contemplar.

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  4. Rafaé, que decirte, solo que tanto las fotografías como los textos son de libros de divulgación o selectivos para preparación de facultad universitaria. A estos lugares nos desplazábamos tanto niños como mayores a recoger ramas de álamos para adornar los patios de las cruces de mayo, los chavorris cuando las hojas se secaban las molíamos , las liábamos en papel smoking y nos la fumábamos escondidos por las azoteas.

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    1. Rafael M.H.1/5/12 17:21

      Lo que es de libro es tu infancia, FerCa.

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