jueves, 15 de septiembre de 2011

DIÁLOGOS CON TRIANA: EL RÍO




Va acariciando los juncos, va fluyendo suavemente. Como un sueño que se aleja, pasa el río de ojos verdes. En la umbría se levanta, surgiendo del callejón, la torre de la Capilla, de la Virgen de la O.

- Río de azul marinero, tú le hablas a las estrellas que te besan desde el cielo. Y te llevas a la grupa, desde Chapina al estero, cabalgando entre marismas, los barquitos salineros. Hasta llegar a Sanlúcar, entre Triana y Sevilla, bailan por alegrías, tus aguas de manzanilla. Hoy te he visto dibujar olas con ondas doradas, reflejando las candelas que alumbran la madrugada. Hoy te noto diferente, llevas brillo en la mirada. Dime tú Guadalquivir ¿Por qué sonríen tus aguas?

 - Porque hoy no siento el viento, que me azota cuando pasa. Ni me duelen las heridas que me cortan la garganta. Hoy me sabe a caramelo, la tarde cuando me abraza. Y me endulzan los oídos, las torres con sus campanas.

- Deja que hable tu murmullo, cuéntame, ¿Qué es lo que pasa?

- Me ha enamorado una niña, que tiene ojos de maga. A su orilla traigo flores, jazmines y rosas blancas. Para que adorne su pelo y su carita de nácar, de Sanlúcar le he traído, espuma y olas de plata. Para que vista su talle, para que luzca su gracia. Para que sean volantes, en su traje de gitana. Para un collar le he cogido, caracolas en la playa, conchas y estrellas caídas, carey para una medalla.
Para que pueda mirarse, un espejo son mis aguas, que siempre las llevo frescas, para que lave su cara. Si crees que no estoy muy cuerdo, ya sabes lo que me pasa. Me ha enamorado una niña, yo se la pido a Santa Ana. Su boca es de terciopelo, su piel de canela en rama. Es hermana de Sevilla y tiene por nombre Triana.

- Date prisa para hablarle, y decirle tu sentir. Que el viento ya hincha las velas de un velero bergantín. El viento que al mar te lleva, ¡Ay de ti Guadalquivir!, quieres quedarte a su lado, pero te tienes que ir.


                                                                                  Alberto Fdez. Cachero Merino

3 comentarios:

  1. Qué suerte cuando los genes se hacen visibles tan hermosamente...

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  2. Elisa Santos18/9/11 21:59

    Los genes y la herencia del amor a Triana, que, aunque no vaya en los genes (bueno, no lo tengo del todo claro....) se transmite, se contagia más bien.

    Este texto es uno de esos textos que se leen y te dejan sin palabras pensando que tras lo que has leido, qué más puedes decir que no parezca una memez?

    Extraordinario...

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  3. Rafael M.H.20/9/11 23:59

    Me gustan estos diálogos con el río, gracias por darnos música y voz.

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