domingo, 21 de noviembre de 2010

DE CERCA: SE ESCUCHA UN CANTE


En el debate sobre flamenco en la escuela sí o no, me gustaría terciar (qué bonita palabra) con esta historia real:

Gregorio era un niño ambulante, el hijo de unos temporeros que iban de un lado para otro, una especie de gente del circo, pero peor, porque en el circo la gente parece muy contenta, van en grupo y tienen profesores que alternan con los payasos y los trapecistas. Esto era otra cosa. Sus padres eran buena gente y trataban de que Gregorio aprendiera cosas, las más importantes, leer, escribir y las cuentas, para que no le engañaran. Pero era muy difícil. Porque Gregorio acudía a recoger la fresa, a la vendimia, a la recolección del algodón, a la recogida de la aceituna, a la quema del ramón, en fin, Gregorio sabía más de geografía y de cultivos que siete maestros juntos.
            Así que, un día de septiembre, Gregorio llegó, con catorce años, a un colegio de un barrio muy bonito de Sevilla. Y lo metieron en una clase de octavo de EGB, que ya ni existe eso. Ésta era una clase bastante peculiar. Los niños estaban aprendiendo muchas cosas y, entre ellas, estudiaban el flamenco. Aunque pueda parecer algo normal si la escuela estaba en Andalucía, ay, no es así. Porque los niños andaluces no aprendían flamenco en la escuela, ni entonces ni ahora. Solamente algunos maestros y algunas maestras habían decidido que era una pena perderse eso tan bonito, pues los niños tenían derecho a saber de soleares, de fandangos, de tangos y seguiriyas.

            En la escuela de Gregorio el flamenco era cosa diaria y de andar por casa. Los niños hacían repiqueteo con las manos en cualquier sitio, escuchaban músicas, bailaban en el recreo y también tenían, colocadas en un gran mural de corcho, muchas fotos de artistas, que ellos les enviaban con dedicatorias amables y caligrafía irregular. Qué bonito era tocar las palmas en los intermedios de las clases, cuando los niños se cansaban de sumar y entonces decíamos: a ver, un poquito de compás…esas palmitas...

            A Gregorio el flamenco le ha salvado. No tuvo tiempo de sentirse fuera de lugar, de considerarse un fracasado frente a aquellos otros niños, tan brillantes y listos, que sabían tantas cosas… No fue nunca el último de la clase, ni el rezagado, ni el extraño. Porque Gregorio traía consigo una rara cualidad, algo que despertaba la admiración de los otros. Esa cualidad la aprendió de su padre y por eso únicamente Gregorio tuvo ocasión de admirarlo y de dejar de pensar qué mala suerte tengo, siempre de un lado a otro, sin amigos…

            Gregorio hace como nadie la salía de los cantes. Le decimos: A ver Gregorio, arráncate por tangos… y Gregorio mete los ayes donde corresponde y entona de maravilla, ante el asombro de todos, hasta de los otros maestros, los que no quieren saber nada de esto y piensan que todo es una locura. A Gregorio las niñas, cuando canta, le ponen carita de admiración y ya no es el chico desgarbado, canijo, con granos y las manos llenas de callos de recoger garbanzos negros en el campo. Es un artista.


Caty León Benítez

4 comentarios:

  1. Elisa Santos21/11/10 16:36

    Es una bonita historia Caty.

    Todo aquello que engrandezca el alma de un niño y le sirva para convertirse en una gran persona debería tener cabida en la escuela, sea proclamado o no Patrimonio Inmaterial.

    Entiendo que el sentido común es lo que nos hace saber discernir entre lo que es Patrimonio de la Humanidad, inmaterial, material o hipotético y lo que es auténtico y necesario.

    Mi opinión acerca de ello es que el hecho de hacer Patrimonio de la Humanidad al Flamenco no lo va a mover de dónde se encuentra en éste momento, son otros los medios para hacerlo. Sin embargo no es necesario tener que llegar a éstos nombramientos para que por fin se decida que los niños andaluces puedan acceder a él desde pequeños.

    Se siguen dando clases de religión en nuestros colegios laicos, y rara vez existen alternantivas dignas para aquellos niños cuyos padres optan por la no vinculación a ésta religión.
    Entiendo que sustituir este tipo de cosas, como la religión, que a mi juicio deben enseñarse en casa, y según las creencias o ateismos de cada uno, por clases de "Cultura Andaluza", entre las que deberían entrar por supuesto el Flamenco y toda la cultura general que se ha dado a lo largo de los siglos en nuestra Tierra, ayudaría a crear una conciencia en los hombres de mañana y un amor hacia nuestra Andalucía que la haría más grande.

    Si sabemos de donde venimos podremos hacer el camino hacia el futuro. Es la humilde opinión de alguien que no tiene hijos, pero ama a su Tierra y no querría que los niños de hoy corrieran con mi misma suerte. Tener que aprender cosas que deberían haberme venido dadas por el lugar en que nací, a éstas alturas de mi vida.

    Lo que se aprende en los primeros años de tu vida se aprende e interioriza con una naturalidad que jamás vuelve a nuestra conciencia, y se atesora con una ternura que lo hace grande en las imágenes de nuestros recuerdos.

    "Cultura Andaluza", no se si existe algo parecido a esa asignatura pero debería existir.

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  2. No existe una materia llamada "Cultura Andaluza" pero la LEA establece que es un contenido transversal, que debe impregnar todas las áreas. Se estudia la Historia del Arte y de la Literatura con muchas claves andaluzas, por la importancia que tienen los artistas y autores andaluces. Lo mismo pasa en otros terrenos, pero no se enseña Flamenco, por eso pienso que debería ser una materia, al menos, optativa. No veo claro que pudiera ser una alternativa a la Religión (ni creo que haya que mezclar el debate porque esto generaría choques innecesarios). Bastaría con que se estudiara en Primaria en un tiempo específico de carácter muy práctico (ritmo, compás, etc) y que en Secundaria hubiera una materia optativa, como está la materia Cambios Sociales y Género.
    La historia que cuento es absoluta y totalmente real. Los niños de esa clase, con los que estuve cinco años llevando a cabo un proyecto experimental que se llamaba "La cultura andaluza a través del arte, la poesía y el flamenco" aprendieron muchísimas cosas y disfrutaron mucho. Gregorio solamente estuvo un año, pero nos robó a todos el corazón. ¿Dónde estará ahora?

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  3. Elisa Santos21/11/10 21:05

    En algún lugar recordando aquellas clases seguro.

    Tal vez podría encuadrarse dentro de la asignatura de Música.

    Recuerdo que mi sobrina tenía una asignatura en infantil que se llamaba música y movimiento, o algo parecido.

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  4. Pero es que el flamenco no es sólo Música y la formación de los profesores de Música, que es de conservatorio, no abarca el resto de los aspectos flamencos. Dentro de esa materia se debería estudiar la copla flamenca, las estrofas, los artistas, la historia del flamenco en su contexto, el ritmo, el compás, las manifestaciones culturales en las que aparece, la plástica de tema flamenco... Mi idea que siempre reitero y que reitero desde hace más de veinte años es que haya una materia llamada Flamenco.

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