sábado, 20 de noviembre de 2010

TRAS LAS RAÍCES DE TRIANA: EL LAUREL DE INDIAS

El laurel de Indias es otra especie de ficus, que se diferencia fácilmente del ficus gomero del Altozano porque tiene hojas más pequeñas y carece de las estípulas rojas protectoras. Aunque guardan en común muchas características, como poseer látex (el laurel de Indias posee menos y nunca se ha utilizado con fines industriales), el tipo de hoja y de fruto, etc. Su lugar de origen se extiende desde el sur de la India hasta Australia.


Las hojas son  simples, muy lustrosas y de un elegante color verde. Las hojas más claras son tiernas y frágiles porque acaban de brotar, pero muy pronto tendrán que endurecerse si quieren seguir vivas. ¡Qué pena no poder seguir siendo tan curioso, tan moldeable como un niño! Tienen cierto parecido a las hojas del laurel, de ahí su nombre, sin embargo no son nada aromáticas. El tronco liso y grueso comienza a ramificarse con profusión desde muy abajo.


Admite por su follaje estéticas podas que lo dotan de formas más o menos caprichosas, pero siempre, gracias a su densa y ancha copa el laurel de Indias se convierte en el dueño del espacio, allí donde está lo ocupa todo, esconde fachadas, engulle con facilidad altas farolas y bajo tierra sus raíces deben extenderse con sabiduría para poder soportar tanta biomasa.

Detrás de este ejemplar de la plaza de Chapina hay una hermosa casa de 1928, es una pena que quede tapada por el laurel de Indias, pero seguro que para quienes la descubren detrás de tanto follaje parecerá un humilde tesoro. Cuando viajo por ahí me encanta hacer microturismo social, fijarme en los pequeños detalles, disfrutar de un simple y tranquilo desayuno al ritmo del sol que se levanta,  charlar con los nativos, dejarme aconsejar para comer, perderme por calles desconocidas que no sé donde terminan. Mis sentidos no dejan que nada se escape porque tengo ansias de percibirlo todo, de aprender, de vivir.


A veces, cuando paseo por mi barrio hago lo mismo, me olvido que voy por la calle donde nací, no reconozco mis pasos cotidianos, las sombras de siempre, entonces se abren mis ojos de otra manera y me maravillo de nuevo con lo que veo, me paro delante de una fachada para apreciarla, me fijo en los pequeños higos, casi siempre en parejas, que hay en la base de las hojas del laurel de Indias, verdes aún o en esos otros que ya han comenzado a amarillear. Esos días siento una brisa nueva que me acaricía, Triana está de estreno, descubro otra gente por la calle, nada suena igual y se me aflojan los rígidos músculos de la cara hasta que se dibuja una sonrisa bobalicona de niño feliz.

Rafael Martín Holgado



7 comentarios:

  1. Muy bonito e interesante.

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  2. Desde que Rafa nos regala estas maravillosas entradas tengo otro aliciente más en mis paseos por Triana; cada día que pasa me gusta más mi Barrio.

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  3. Yo estoy encantado con esta página de Rafa porque me está enseñando mucho, a mí que tanto me gustan las plantas. Espero que vosotros, que estáis todos los días en Triana, sigáis esta guía estupenda.

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  4. Hermoso capítulo, otro más. Efectivamente, la casa tapada está fechada (1928). Se trata de una de aquellos bellos edificios levantados en Triana con el impulso de las grandes obras de la Exposición Iberoamericana que enriquecieron el caserío de Sevilla. Es proyecto de Antonio Arévalo uno de los "regionalistas", arquitectos artistas de los que "ya no se llevan". Fue el bar Centro de Castilla, de Artemio Martín, uno de aquellos montañeses llenos de trabajo, bondad y trianerismo que fiaba los bocadillos a los cartujanos y les daba café, a la ida y a la vuelta del tajo. Artemio fue un gran aficionado al flamenco y su popularidad fue tan grande que cuando murió, en 1952, cerraron todas las tabernas de Triana, y se dice que cuando el féretro llegó al Altozano, aún la estela de amigos andaba por Chapina.
    El árbol es precioso, pero tapa demasiada historia.

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  5. Muy enriquecedor el artículo.

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  6. Rafael M.H.21/11/10 10:50

    Gracias por vuestros comentarios, me pongo colorao, pero la verdad que ese color no me molesta mucho. Si nos preguntan por animales somos capaces de recitar una lista interminable, pero qué poquito nos enseñan del mundo vegetal. Pues si el árbol tapa la historia, será cuestión de levantarlo con cuidaito, a pulso aliviao, como hacen con el Señor que pasa por allí. Hay dos ejemplares muy buenos al lado del nuevo hotel y otro en la plaza Clara de Jesús Montero, delante del Hotel Triana.

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  7. Anónimo24/1/13 3:55

    la verdad no me sirvio

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