lunes, 1 de noviembre de 2010

DE CERCA: LA LUZ DE CADA DÍA

(El Puente de Triana en soledad. Foto de Antonio Mesa León,
                                                                        alumno del Instituto Vicente Aleixandre)



LA LUZ DE CADA DÍA
Vienen como bandadas de palomas por la calle Castilla. Sortean las obras, los baches y los andamios. Llegan a San Jorge y se desparraman por la esquina del Puente, por la capillita del Carmen, por Pureza, por la sufrida San Jacinto que ve cómo los comerciantes levantan los cerrojos de sus tiendas para esperar el día... Vienen vestidos de azul, de rojo, de rayas frises; ellos llevan pantalones caídos, vaqueros y camisetas gastadas, sudaderas y gorras; ellas lucen largas melenas, mientras sus bolsos de bandolera se mueven al compás de su andar... Son los trianeros del presente y del futuro y van a inmortalizar con sus cámaras de fotos este rincón de Triana. Un profesor de una asignatura nueva, que se llama Proyecto Integrado, les ha dicho que en esa zona pueden desarrollar su imaginación, hallar el motivo geográfico que les enseñe a mirar la realidad. El profesor, seguramente, ha venido de fuera, de Extremadura o de Galicia, pero, después de algunos años de enseñar en Triana, ha caído en la cuenta de que allí, allí mismo, muy cerca del Instituto, hay cosas que ver y admirar.

Estos chavales y otros muchos son los que pueblan las aulas de los Institutos y los Colegios del barrio. Un barrio que, cuando en otros muchos lugares la palabra "instrucción" era una quimera, ya tenía escuelas de niños y de niñas, ya tenía bancos de madera y pupitres, pizarras verdes, batas azules de bedeles apresurados y punteros para señalar el mapa de España. Es Triana un barrio lleno de estudiantes de todas las edades y de toda condición. Abarrotan las tiendas en la hora de los recreos y al mediodía; encargan fotocopias en las pequeñas imprentas de López de Gomara o San Vicente de Paúl; compran libros en la Ronda o en la antigua avenida de Sánchez Arjona, ahora rotulada hermosamente como la reina de Triana, la Esperanza. Cuando llega el momento, suben a los autobuses y se alejan camino de la Universidad, dejando su sitio a nuevas generaciones que estudian en el barrio y que serán, andando los años, también ellos, universitarios. Aunque también, entonces, los universitarios venidos de fuera ocupan sus pisos de alquiler en el arrabal, igual que hacen los Erasmus, los auxiliares de inglés o francés que se acomodan en el barrio y parece que nunca hubieran salido de aquí. Es la Triana cosmopolita que se puede observar en las cafeterías, en los bares y tabernas, cad fin de semana.

No sabemos si los niños que estudian en Triana, en alguna ocasión, en una de esas clases que reciben, oyen hablar de su barrio, estudian su historia, aprecian sus personajes y sus costumbres, se familiarizan con su legado. No sabemos si los profesores que enseñan en Triana han entendido que no se puede romper el cristal sin mancharlo, que no se puede olvidar en qué suelo se enclava el Instituto o el Colegio en el que trabajan. Una de las premisas del aprendizaje escolar estriba en partir de lo común, de lo cercano y cotidiano a alumno; partir de lo que sabe y, diríamos más, de lo que ama y siente. Siendo así, ¿porqué nuestros estudiantes rianeros no dedican una parte de su tiempo a estudiar el barrio? Imaginaos miles de chavales que, a lo largo de su escolaridad, hayan aprendido la historia del barrio, sus orígenes, su poblamiento, sus vicisitudes históricas, su arte y su música, sus industrias y su devenir. Esos nuevos trianeros llevarían siempre a Triana en el corazón y en la mente, aunque la vida les deparara el exilio sentimental que a todos apena, así que pasen muchos años.

Pero no creáis que esto es tan fácil. El corsé de los contenidos nos asfixia en ocasiones. La presión de los estudios futuros, de la Selectividad, impide el sosiego del aprendizaje lento. Triana espera, abierta hacia la luz y hacia la vida, lo que Machado llamaría "otro milagro de la primavera".

Por ello, esos paseos por Triana que hacen estos fotógrafos improvisados que estudian Proyecto Integrado en el Instituo Vicente Aleixandre, son una rara avis, el sueño de un profesor intrépido, que ha cruzado la barrera del sonido, del sonido que indica, con una voz burócrata, que dos y dos son cuatro... o quizá, no siempre.


Caty León Benítez

17 comentarios:

  1. Emilio, me ha encantado leer la entrada. Gracias

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  2. Emilio Jiménez Díaz1/11/10 19:37

    Sois vosotros los que estáis haciendo grande a este blog sobre nuestro barrio. Magnífico este artículo que recomiendo a todos los blogueros.
    Gracias a ti.

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  3. El profesor del que hablo en este artículo ha recibido el enlace del blog(se lo he mandado) y le ha gustado mucho. Quizá se anime y nos cuente alguna vez, si os parece bien a vosotros, cómo funciona todo eso que ha montado de la fotografía en Triana. Él va a utilizar un blog para exponer las fotos que están haciendo los alumnos.

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  4. Emilio JIménez Díaz1/11/10 21:22

    Sería magnífico que así lo hiciera. Triana necesita de personas como él, personas que enseñen a la juventud a amar al barrio donde habitan y se están formando para ser el futuro, el relevo de los que todavía no nos cansamos de luchar por él desde todos los flancos.
    Queda invitado.

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  5. Interesante reflexión sobre el sistema educativo. Uno de mis hijos pertenece a ese grupo de fotógrafos del Vicente Aleixandre y tiene mucho mérito sacar provecho de una asignatura como proyecto integrado en segundo de bachiller, donde se piensa fundamentalmente en aprobar la selectividad. Los niños que terminan de estudiar en nuestro barrio, en el V. Aleixandre o en cualquiera del resto de institutos, desconocen el legado, la historia, los personajes y las costumbres de Triana. Por el contrario, esta semana, mi hija pequeña de 4 años me explicaba en qué consistía la fiesta de Halloween; en el colegio público al que asiste se lo han explicado mucho antes de saber de algunas tradiciones de su entorno próximo. Ya mismo cuando a nuestros hijos le hablemos del Puente de Triana pensarán en algún puente vacacional como el que acabamos de terminar en el día de hoy.

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  6. El artículo es magnífico.
    A los trece años residía en el Núcleo Santa Ana(pululaba por La Dársena, Santa María,Tejares, Baleares o El Turruñuelo).

    Quizás si hubiese vivido en calles como Fortaleza,Castilla, Alfarería o Pureza hubiese sido distinta mi visión del Barrio.

    Era chavalito de la vía del tren,de Gicos, del campo de fútbol de Tejares, Deportes cobo-
    Busto y de unos salones recreativos que andaban cerca.
    Si la esencia de Triana se pudiese acercar a todos sus extremos sería fantástico. Y si se acerca desde la infancia o adolescencia no les ocurriría como a mí, que es ahora cuando sufro "esguinces cervicales" al ver azulejos, cerámicas, premios de balcones,corrales...y me fijo en detalles que antes era incapaz a todas luces.

    ¡ Chapeau por éste maestro !

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  7. Pues ese salón recreativo que funcionaba junto a "Deportes Cobo" fue nada menos que "El Cañaveral", el más hermoso establecimiento de bebidas de Triana, tanto es así que sirvió de ilustración de tarjetas postales. En "El Cañaveral" se fundó una de las más famosas tertulias flamencas, la vinculada al no menos famoso programa de Radio Sevilla, el de Rafael Belmonte, Luis Caballero, Mairena, Naranjito...
    Y tenía la mejor ensaladilla del mundo.

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  8. Emilio Jiménez Díaz2/11/10 8:57

    Y las mejores cerámicas ¿Dónde habrán ido a parar? Era la cita obligada todos los domingos después de la misa de la Estrella en San Jacinto. Recuerdo a todos cuando al salir del deber dominical entraban en "El Cañaveral" en busca de la primera copa y de sus extraordinarias tapas: a mi padre, Antonio Kiernam, Adolfo Ferrer, Antonio Garduño...
    ¡Domingos inolvidables de un niño en "El Cañaveral"!

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  9. Fue "mi" primer bar; allí trabajaba mi amigo Manolo con el que, después de su jornada, paseaba por el barrio en busca de las más sabrosas tapas. Los cuadros de cerámica eran de Kiernam, copias de clásicos de Velázquez y una imagen de la bodega propia en Villanueva. Imagino que su último dueño, Pepe Romero (hace años que falleció), los reservaría para su contemplación particular.
    Las paredes, frente a la barra, estaban adornadas con una atrayente colección de azulejos con aforismos tabernarios. Me encargaba de surtir su máquina de música con las últimas novedades de la maravillosa década de los sesenta (yo vendía discos entonces). Allí vi los primeros programas de televisión y aprendí a jugan al ping-pong cuando quitaron los veladores del interior. Tenía un antiguo pozo en el patio interior... Qué maravilla de bar. Aún me apena que desapareciera; hoy sería toda una atracción, y tan trianera...

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  10. Emilio Jiménez Díaz2/11/10 12:10

    Es normal que "El Cañaveral" te traiga tantos recuerdos. ¿No se sabe nada de adónde fueron a parar las cerámicas?

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  11. Ya digo, Emilio: Creo que Pepe Romero se los llevó a su casa que estaba próxima, en la misma calle San Jacinto. No tuvo hijos, así que sabe Dios qué paredes enriquecerán tan preciosas obras del amigo de tu padre, el gran Antonio Kiernam Flores.

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  12. A lo mejor a través de este blog podemos hallar donde están esos azulejos de los que habláis.

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  13. Según nos comenta Ángel Vela, casi seguro es que se los llevase Pepe Romero, un gran hombre y, aunque no nacido en Triana, un trianero de pro. ¿Dónde estarán ahora? No lo sé.

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  14. Eugenio Carrasco, El Perlo, me ha comentado que en El Cañaveral había un mural cerámico donde aparecía su madre, La Perla.

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  15. Emilio Jiménez Díaz4/11/10 23:30

    ¿No tiene fotos El Perlo de ese retablo?

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  16. Le preguntaré el sábado. Él frecuentaba el lugar y es posible que tenga. Ya os diré.

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