viernes, 2 de mayo de 2014

EL DEDO DE RODRIGO

LUGARES  FLAMENCOS DE TRIANA



Pasaje de Feliciano


Bajando las escalerillas de la plaza de abastos por el Altozano, a la derecha, se situaba el bar de Feliciano, establecimiento heredado de los puestos de bebidas del mercado que en tiempos antiguos pasaron por manos montañesas como tantas tabernas en Triana. Toda la gracia, que no era poca y que andaba distraída tras los mostradores del pescado, la fruta o la carne, se volcaba aquí a la hora del reposo o de un breve respiro. Hay que recordar que en este mercado remataron muchas juergas flamencas. Por aquí pulularon los ecos de los fandangos de El Caracol dedicados a su amigo Pastor, el carnicero, con un café calentito y una copa de aguardiente. Aquí se fundó, a mediados de los cuarenta y por los parroquianos más guasones, “El Mote Club”. Aquí se juntaba el arte de las dos Cavas: El Titi, Pepe Gitanillo, Pepe Casado… La revista “Triana” recogió la entrevista que, sentados ante los veladores interiores, le grabamos a Pepe Gitanillo y a El Titi una mañana de sábado de 1986.

Del personal de Feliciano hay que destacar a El Chato, Francisco Iglesias Aguilar, que entró en el Pasaje con catorce años a principios de los sesenta. El Chato de Triana nació en el inmediato corral de San Joaquín y por sus venas corría la sangre de artista que iba de corredor en corredor de su casa. Uno de sus afanes fue sacar a hombros a los triunfadores de la Maestranza, “capitalista” por afición. Y como enfrente del bar estaba el puesto de pescao frito de Loli no era nada raro ver por allí a cantaores de la talla de Antonio Mairena y su hermano Manuel, Naranjito, Manuel Molina, La Lole y tantos más asiduos parroquianos.

La Manigua


Popular sala de fiestas y salón de variedades establecido en el número 29 de la calle Betis (actual 33). Antes fue esta casa sede de un centro republicano. Por La Manigua, inaugurada en 1941, desfilaron la mayoría de las estrellas de la canción, del cante y la copla en sus comienzos como artistas, probando el pulso de voz y su temple ante un público entendido y en concursos organizados por la dirección de la empresa. En este veraniego escenario se hicieron artistas, entre tantas y tantos, Paquita Rico, Marujita Díaz, Carmen Florido, Lolita Arispón, Armando Gutiérrez y Juanito Díaz. En 1951 proclamaba así su existencia: “Sala de fiestas, grandes atracciones, una orquesta, magnífico cuadro andaluz. Espectáculos hasta la madrugada”. El empresario de La Manigua fue un cajero de El Barranco (mercado del pescado) llamado Miguel Jiménez. El director de la orquesta era José Fontela.

En La Manigua fue el debut en Triana de Naranjito y Narci Díaz. Trescientas cincuenta pesetas tenía prometido cobrar el pequeño cantaor, pero una suspensión por ser menor de edad necesitó la intervención del gobernador civil a petición desesperada del joven artista. “En La Manigua trabajábamos los fines de semana -cuenta en sus memorias-, que era cuando interesaba. Era un teatro de verano precioso; tenía dos zonas, o sea, que había una parte de sillas para sentarse a ver el espectáculo y otra parte donde había veladores, donde se sentaba las gentes, tomaban algo fresquito, o lo que fuera. Durante la semana no se hacía nada, ponían música para bailar. Allí fue donde empezamos a darnos a conocer”. La Manigua quedaba durante el invierno como sala de bailes.

El Pali tampoco olvidaba que en La Manigua ganó un concurso de cante junto a Naranjito; los dos se llevaron el premio que patrocinaba el Puesto de las Flores. Y un adorno calé: La madre del último Curro Puya se instalaba frente a la puerta con sus ricos buñuelos.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)". 

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