jueves, 4 de julio de 2013

EL DEDO DE RODRIGO




Va de Velá


        Cuando se ha escrito tanto sobre un tema uno cree que lo que escriba de nuevo no será nada interesante, pues lo importante ya quedó  asentado. Así que para tratar de huir de la tentación del refrito o del auto plagio contaremos las sensaciones de una mañana, la reciente de la presentación del cartel de Juan Romero; del cartel y de la publicación de los afortunados que serán principales protagonistas en la edición de este año de la Velá de Sant´Ana.

Fue, como el año anterior, en las instalaciones del restaurante Abades, que si bien levantó su horrendo edificio en una calle que no se merece esas modernidades apátridas y a pesar de la seria oposición vecinal, ahora parece que está pagando su culpa poniendo al servicio de actos sociales –en cumplimiento penitencial- esa orilla del paraíso con fondo de Torre del Oro del que disfruta su selecta clientela.

      Se me viene a la memoria los años en que acto tan trianero se celebraba en el Bar-restaurante El Puerto, donde Federico atendía como el más cuidadoso anfitrión a la feliz embajada que aparecía por su puerta, sin un duro, pero con toda la calor a cuesta y todo el calor del afecto en el corazón; años de Paco Arcas y Alberto Jiménez-Becerril, especialmente. La copa y el condumio era lo propio de la época y de aquel histórico e inolvidable espacio ribereño. O sea, que nada de muestras gastronómicas de la nueva cocina, tan sabrosas como breves, sino un buen plato de arroz o de otro condumio de la clásica carta de la casa. Cosa muy de barrio. Y no es que nos quejemos del tapeo del Abades, generoso en el pase de bandejas, pero no es lo que recuerdo; no es aquel trozo de arrabal y guarda el que nos recibe y se ofrece en bocaditos gustosos; es otra Triana ya adaptada a la fría formalidad. Federico se acercaba y preguntaba cómo estaba la paella… Y tan atento, tan puro, que podía quedar como arquetipo de Trianero Adoptivo.

         En fin, otros tiempos y hay que resignarse aunque veamos con tristeza cómo van tambaleándose las columnas que soportan los perfiles únicos de este barrio impar, el que se hizo a sí mismo, el arrabal Ave Fénix tantas veces renacido. El Puerto representaba eso, la verdadera Triana, familiar, corralera y gitana-gaché; el Abades, la frialdad cortés de este siglo que no sabemos hacia dónde nos va a llevar, no ya a Triana, sino al mundo. Las tradiciones de los pueblos para que sobrevivan han de llegar envueltas en papel extraño, disfrazadas un poco, adaptadas a una sociedad que apenas tiene criterios para estas viejas celebraciones. Mas a todo no se puede aplicar el dicho de renovarse o morir; no se debe, aunque sea lo fácil.

  Ya hace tiempo que esta orilla dejó de ser un lugar alejado y autóctono; lo fue plenamente hasta el puente de hierro y parcialmente hasta muchos años después; puede decirse que hasta la era Fraga y su apertura; hasta los Beatles y el twist que vienen a animar –qué ironía- la expulsión (“apertura”) de un sangriento porcentaje del vecindario trianero de raíz y, entre ellos, casi todos los flamencos. Nos cambiaron el compás.

          Pero, como entonces, hemos visto rostros felices, veteranos que, por fin, se ven reconocidos en su hondo patriotismo, y jóvenes ilusionados que comienzan a apreciar lo que el añejo barrio los aprecia por cuanto representan. Hemos contemplado un cartel-cartel y escuchado con interés las justas palabras del delegado y de quien será la voz de la Velá; tenemos los rostros, la imagen y el eco que resonará en el Hotel Triana. Es lo importante, la ganancia de este día que adobándolo con la noche del pregón forma ese renacer que cada julio se repite como un milagro.

¡Viva Triana!

Ángel Vela Nieto
              

            

1 comentario:

  1. jimenezjb4/7/13 14:34

    Casi todo cambia, Ángel. Ya lo hemos hablado: de "Los Chorritos" al "Abades" o lo que es lo mismo de las sardinas "asás" al "bacalado" con Ali-Oli de albahaca. Lo que no ha cambiado es nuestra ilusión por la Velá y por supuesto la de los galardonados.

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