Los Callejones y Portugalete
(1740-1800)
Numerosas familias gitanas moraban casas de los
Callejones, lugar recóndito, más allá del arco de la Cava, y que según el plano
de Padura (1891), partía del final de Febo siguiendo un recto curso entre
huertas (la de las Cañas y la Polvoreta, principalmente). Los Callejones, paso
entre formaciones de focos suburbiales, tapias y linderos de huertas, tejares y
desmontes de barro, se hicieron tristemente célebres en el siglo XVIII cuando
comenzó a ser refugio de individuos perseguidos por la justicia. Más allá, el
camino llamado de los Gordales que conducía a San Juan de Aznalfarache. Se
colige que ni los guardias se atrevían a penetrar en estos extremos idóneos para el escondite o para perderse
por mil caminos. Edgard Neville, escritor y director de cine, uno de los señoritos que pasaron el puente mal
orientados, desdice del mito trianero en una supuesta guía turística editada
por él en 1952, donde ofrece un recital de desconocimiento de Sevilla,
proclamando –Dios sabría con qué intenciones- lo “horroroso” de las calles de
Triana y lo inmediato que se encuentran de la plaza del Altozano los mal
afamados callejones (¡!). Recordemos sus nombres:
Callejón el Asno.- Así se conocía a la calle Cisne.
Callejón de los Enamorados.- Desapareció en 1865. Por su escondida situación fue
escenario propicio para las efusiones amorosas.
Callejón del Fantasma.- En las inmediaciones de la calle María Niño, actual Farmaceutico Murillo Herrera.
Nombre popular del principio del XIX que recuerda una leyenda que tiene como
protagonistas a una mujer que por amor ocultó en su casa a su amante, un
soldado francés prófugo. Para que nadie curioseara por allí hizo creer que un
espíritu pululaba por la cercanía.
Callejón de Marianillo.- Origen de la calle María Niño.
Callejón de los Mártires.- Lugar donde rendía curso el callejón de Marianillo,
en las inmediaciones de la antigua ermita de los Mártires.
Callejón de san Miguel.- Se llamó en principios callejón de la Rubia. En el
siglo XVIII conectaba con la calle San Juan (Evangelista). Vivían en este
callejón nada menos que veintiuna familias gitanas dedicadas a la forja
ocupando las trece casas que componían el curso. Manuel Macías señala que se
conoció a este callejón con el nombre de Caleta durante un corto periodo de
tiempo. Desapareció con las reformas de 1808.
Callejón de los Tramposos.- En este sitio desaguaba uno de los caños de las
zanjas con las que los árabes liberaban la Vega de las inundaciones. Justino
Matute lo menciona en su biblia
trianera.
Callejón del Turco.- Primitiva barreduela de la actual calle San Jacinto,
antes Santo Domingo, donde se refiere que vivían unos ceramistas amigos del
maestro Niculoso Pisano (s. XVII).
Callejón de las Escopetas.- Discurrió por terrenos que hoy ocupa el Barrio
Voluntad.
(Mercedes La Serneta cantaba con profundo sentimiento esta soleá: Viene por los Callejones/ la madre de Carlos Puerto/ el que parte corazones. Y Manuel Cagancho aquello de… estando en el Altozano/ comiéndome unos piñones/ oí una voz que decía:/ tira pa los Callejones).
(Mercedes La Serneta cantaba con profundo sentimiento esta soleá: Viene por los Callejones/ la madre de Carlos Puerto/ el que parte corazones. Y Manuel Cagancho aquello de… estando en el Altozano/ comiéndome unos piñones/ oí una voz que decía:/ tira pa los Callejones).
Sobre Portugalete, con el de San Sebastián el más antiguo barrio satélite de Triana, nos ofrece
suculentas noticias Juan José Antequera Luengo que amplía bajo el prisma e
interés de un historiador de Camas, los datos –digamos básicos- que Manuel
Macías publicó en la revista “Triana”. Se asentaba este núcleo vecinal por el
entorno de la llamada Alcantarilla de los Ciegos, el puentecillo que había que
salvar a la altura de la actual Chapina para atravesar el foso que abrazaba a
la vieja Triana y cuyo curso se corresponde con el de las calles Clara de Jesús
Montero y Pagés del Corro. Este amplio espacio estaba tan alejado del Altozano
que a principios del siglo XVII pertenecía a la administración de Camas. Sin
embargo, los muchos gitanos que moraban por allí tenían más que entretenido al
aguacil de Triana. Son los ascendientes de los gitanos de los que nos da
noticias, por sucesos concretos, El
Bachiller Revoltoso a mediados del XVIII. Portugalete, como los Callejones,
se hacía ideal para cobijo y escondite y, en el peor de los casos, para salir pitando por distintos caminos. Dos
importantes huertas, la de Martín de Cabrera y la de Diego Bázquez (con b)
existían en la zona que habitaban un total de 797 vecinos, según el censo de
1639, muchos de ellos trabajadores del campo. Apenas quedaba entonces algún
descendiente de la primitiva colonia portuguesa que se asentó aquí.
Ángel
Vela Nieto
(Del libro “Triana, la otra orilla del
flamenco”).
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