lunes, 16 de enero de 2012

VEO VEO: LA POSNAVIDAD

 
Cada año llevo peor los días siguientes a las fiestas de navidad, en las calles se han apagado todas las luces, como muchos sueños que han vuelto de nuevo a la oscuridad del baúl de los imposibles, las promesas se disipan camino del olvido, del jamón va quedando un hueso amarillento y triste, en las caras de mis vecinos tampoco hay luz, si acaso el reflejo hinchado de tantos banquetes celebrados, atrás quedaron los saludos, abrazos cariñosos, sonrisas de niños…, la cuesta de enero no es sólo un empinado trecho económico, pienso que puede ser incluso más espiritual que otra cosa, que toda la alegría del mundo que sentíamos, que esas ganas locas de disfrutar con la familia, de hacer regalos sin freno, de destripar el pasado con los amigos, nos deja completamente vacíos por mucho tiempo, ese hombre bueno que hemos sido se ha vuelto a dormir, el viejo disfraz de papanoel que hemos portado tantos días lo hemos guardado hasta el año que viene. Si la navidad durara siempre…



Hay muchos rituales de inversión, son fiestas en las que por un corto espacio de tiempo se invierte la realidad, hay pueblos en los que un día al año es la mujer quien manda y salen a la calle orgullosas y celebran un pleno en el ayuntamiento y se divierten en los bares, mientras los hombres se quedan en casa, desaparecen, no son nada. Otro ejemplo es el que se daba por diciembre en las iglesias medievales, los monaguillos elegían un “obispillo”, que vestido como dios manda y acompañado de todo su boato se subía al púlpito y ponía a parir a las autoridades eclesiásticas, se sucedían rezos burlescos y se ponía en entredicho el poder establecido. En Sevilla, un día al año, se disputaban unas competiciones a caballo en las que los esclavos negros se vestían con ropas elegantes y montaban sobre los caballos engalanados de sus señores, mientras que estos iban a pelo. En el carnaval también se puede apreciar un importante componente de ritual de inversión. Dicen los antropólogos que estos rituales en los que durante un tiempo muy bien delimitado se rompen las normas y se invierten los privilegios, donde todas las personas somos iguales y se vive en la abundancia hasta llegar al paroxismo, al derroche, al desenfreno en todos los sentidos, sirven para que el pueblo se libere de sus tensiones y para reafirmar el verdadero poder establecido durante el resto del año.

Han pasado las fiestas y ya hemos olvidado que por un tiempo pusimos nuestras esperanzas en manos de la suerte, pero esa señora es muy exclusiva y se va con muy pocos, los abrazos por la calle se han transformado en empujones para atrapar alguna prenda en los días de rebaja, la alegría colectiva queda acallada por los ruidos de un tráfico maldito, se vuelve a hablar del tiempo dentro del ascensor, nadie te felicita y mucho menos te invitan, mientras hojeas un periódico dejado sobre la barra del bar.

Propongo que en vez de celebrar las navidades dediquemos un par de semanas a San Herodes el malvado y a San Judas el traidor, que durante ese tiempo seamos unos tiranos con nuestros hijos y les contemos de noche cuentos trágicos para que comprendan lo dura que es la vida, que despreciemos a nuestros seres queridos, que se prohíba hablar con los camareros, que sólo haya taburetes aislados desde donde publicar los defectos de nuestros amigos, que ensuciemos las calles con la rabia de un perro estreñido, que salga por nuestros poros toda la mala leche de los inútiles jefes, que las malas caras se expongan sin escrúpulos, que pasemos el día en una eterna queja, que pensemos solamente en como joder al personal… a lo mejor, así, durante el resto del año seríamos más normalitos. Yo, por si acaso, llevo en mi bolsillo la sorpresa del roscodereyes como amuleto.

Rafael Martín Holgado.

1 comentario:

  1. jimenezjb22/1/12 21:54

    Hola Rafael. Por problemas técnicos he estado sin ordenador casi toda la semana. Un virus "troyano" me diagnosticaron; no está mal para la posnavidad.
    Interesante tu reflexión acerca de las Navidades y buena fotografía del Puente.

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