sábado, 14 de enero de 2012

EL DEDO DE RODRIGO: LAS PASCUAS DE RAMONCITO


Ramoncito ha disfrutado de sus primeras Pascuas; el año pasado, por razones de estatura, no se dio mucha cuenta de los duendes de la fiesta. Con sus ojitos y su corazón de dos años y medio y desde que empezaron a darle vida al alumbrado navideño, encendiéndose de felices colores las calles y las plazas, las ha vivido intensamente. Cada noche ha sido una fiesta, cada escaparate un imán y nuestro “Serranito” un remanso feliz con adornos como brazos abiertos y parabienes desde el día en que las calles se inundaron de los miles de euros pregonados... ¡Miiiiil euuurooooos! Porque allá donde íbamos hacía una entrada triunfal con los bracitos alzados y gritando con su vocecilla de ángel lo de lo mil euros...
         Por “Los Comerciales” las luces le felicitaban las Navidades... “¿Ves, Ramoncito?: Fe-liz Na-vi-dad”. En la plaza de nuestra barriada le atraía cada noche un enorme árbol cuajado de bolas brillantes donde destellaban las lucecitas saludándolo desde el interior de su maravillado mundo. Y lo mejor de sus primeras Pascuas, el  hermoso Nacimiento que montaron en el salón de la Asociación de Vecinos que hemos visitado cada día dándole vida a cada figura con su cálida y absorta mirada y sus deditos, claro... “No tocar el Belén..., Ramoncito...”, y le señalaba el cartel, pero él, aupado en una silla, no tocaba, acariciaba, a lo más que llegaba era a esconder con el serrín alguna lucecilla y jugar con ella... “No está la lú, abu...”, me repitía con carita de pillo y dominando la escena -para sus ojos inmensa- como un dios contemplativo y poderoso.
         Los villancicos, esa secular tradición musical olvidada por la radio y la televisión, quizás porque no conviene que la gente se sienta buena, feliz y solidaria (algún día se pregonará la razón por la que quieren una sociedad abatida y asustada), nos ha acompañado, como los mejores amigos, dentro y fuera de casa, porque sabíamos donde encontrarnos con las voces de siempre que para Ramoncito suponían una dulce novedad y para el abuelo hermosos recuerdos con rostros sonrientes. La verdad es que también para el abu han sido unas Pascuas singulares que ha disfrutado como hacía muchos años, porque este nuevo trozo de Triana que nos acoge, generado por la Expo´ 92, que en nada se parece a aquel de las grandes naves industriales, del Hoyo de Japón, de la calle Juan de Pineda sin el tajo que la dejó minusválida para que los coches corrieran raudos camino de la Expo, esta Triana de la fría modernidad a setenta por hora y que, como digo, nada tiene que ver con la del abu-niño, se ha reconvertido por vía de la ilusión y como un recurso visual de película de Frank Capra.
         El día de Navidad, que llegó cuajado de luz como casi todos lo de diciembre, cumplimos con nuestras visitas protocolarias y a Ramoncito lo cargaron de besos como a un pequeño ídolo irresistible. Mientras Helena, su tierna amiga de la que nadie diría que llegó de lejos, lo alzaba en sus brazos al par que ponía en imagenes el sabroso condumio de la casa, Iris, la otra empleada amiga de nuestro “Serranito”, le hacía cosquilla en el cogote con una piruleta. A todo esto, los demás compañeros, a los que este abu les debe todo el cariño que durante el año vierten sobre quien aprendió a andar delante de sus sonrisas; a ellas, a Antonio, a los Javieres, a David el Nomo, a todos, gracias por haber contribuido a hacer inolvidables las primeras Pascuas de Ramoncito.         
         La mañana de año nuevo, fuimos los primeros niños (el abu también) que pisaron los fosforescentes papelillos que delataban la algarabía de la última noche; la calle tenía tantos atractivos para Ramoncito que los autobuses pasaban, unos tras otros, sin que tirara de mi mano... “¿amo artabú...?”.
         Y en su gran día, el que venía diciendo de los “die regalo” de los Reyes, a los que también ha contemplado con ilusión de niño por primera vez, le llegó, en nuestro paseo postrero, la sorpresa de una charanga que irrumpió por una esquina y de la que no quiso separarse. La alegría de las Pascuas se hacía música en directo en la despedida con rastro de caramelos. Y su estruendo cercano llenó de paz a Ramoncito y al abu.

Ángel Vela  Nieto

3 comentarios:

  1. jimenezjb15/1/12 19:42

    Dicen los expertos que los primeros años de vida son fundamentales para el aprendizaje y que además los niños guardan en la memoria muchos pasajes de esos primeros años.
    Esperamos que el año que comienza te dejes ver más con Ramoncito por La Cava.

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  2. Está más que claro que eres un abuelazo, ojalá y pronto yo también pueda serlo. Bien dejado el comentario de Jiménezjb. "Venimos con una cinta virgen y hasta los siete años ese es el tiempo en el que mentalmente dependemos de nuestra madre, por consiguiente nuestra misión es sólo y exclusivamente recoger información hasta que podamos disfrutar de una capacidad analítica lo suficientemente desarrollada para decidir en razón de lo aprendido comenzar a tomar nuestra propias decisiones". Enséñale a Ramoncito cuanto tú, querido Ángel, sabes, y tendrá Triana un sarmiento en el que poder apoyarse para seguir luchando por ella...

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  3. Mitad en serio, mitad en broma entre amigos, siempre solía repetir que no tenía ninguna prisa por ser abuelo, que era la última señal de vida porque la siguiente es la esquela en el ABC... y ya veis, amigos José Luis y Santiago. Claro, que yo no soy abuelo, sino "abu", algo bien distinto como podéis comprender.
    Una cosa si me está contrariando, y es que yo veía de positivo que de abuelo volvería a mis tebeos con la excusa de enseñar a leer en ellos a mis nietos y de entretenerlos con sus historietas... A Ramoncito lo único que le interesa es el ordenador, los laberintos de "pepapig" y no los de los almanaques de TBO o Pulgarcito.
    No cabe dudas de que los niños de hoy son de pantalla, no de papel. La primera batalla la doy por perdida.
    Un saludo afectuoso.

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