viernes, 25 de noviembre de 2011

EL DEDO DE RODRIGO: AURELIO MURILLO


Este miércoles último, día 23 del mes de noviembre, se le tributó un homenaje a uno de los trianeros decisivos del siglo pasado; el nombre va en el título y está en la memoria de los que lo conocieron y en los interesados en la reciente historia de Triana, porque las referencias a este prohombre fue constante en los medios escritos, si bien últimamente permanecía en la sombra que cubre, injustamente, a tantos grandes hombres. Estamos, por tanto, ante un inmortal y, por lo que sabemos de la vida del boticario del Altozano, llegar a esa altura de la memoria cuesta demasiado y, claro, por eso son tan escasos.
         El escenario fue el salón de actos del instituto Vicente Aleixandre, en la calle San Vicente de Paúl. La voz de Nicolás Salas, que fuera director de ABC en el tiempo en el que más páginas le recortaban los aficionados a la historia y curiosidades de Sevilla, llevó la imagen en movimiento de don Aurelio y su desbordante personalidad ante un buen nutrido grupo de trianeros que colmó el salón. La mayoría sabía de la relevancia y la bondad del personaje porque pisaron muchas veces su artística farmacia que, aunque en las buenas manos de su hija María Luisa, aún porta su nombre en lo más alto de la preciosa casa que proyectara para la familia el gran arquitecto José Espiáu y Muñoz en 1912; por siempre será la farmacia de don Aurelio.
         El veterano e incansable periodista, escritor y conferenciante expuso sus conocimientos del eterno alcalde de Triana, al que trató en la última etapa de su vida, destacando su papel en determinados acontecimientos como fue, por ejemplo, en el pretendido intento de derribo del puente de Triana, después de que librara duras batallas, en unión de otros próceres de la ciudad, para evitar el corte del río por Chapina. Aquella justa urbana, evidentemente, la ganó el caballero del Altozano; en ésta no hubo formas divinas o humanas de vencer -eran tiempos especialmente difíciles. Y casos como esos en tantos años de duros empeños fueron minando la salud de don Aurelio que, empecinado en la defensa de su barrio abandonado a su suerte en demasiados casos, llegó a enfrentarse, siendo y no siendo concejal, a los alcaldes de turno cuando Francisco Franco, bien tieso y autoritario,  dirigía los plenos del Ayuntamiento. Como es lógico fue considerado un hombre problemático al que había que alejar de la Casa Grande, pero él solía mandar su carta de dimisión antes de recibir la del despido. No es exageración decir que hasta su farmacia estuvo en serio peligro.
         Su vida fue una preocupación constante fuera del mostrador y una mano abierta, rota, divina, con la bata blanca. Procuró beneficios para su gremio ocupando cargos de responsabilidad dentro de la organización; también fue una suerte para la ciudad a la que, como buen trianero, tanto amaba. Pero Triana era la pasión, y las pasiones con tantos obstáculos mediando suelen acabar en úlceras de estómagos.        Nicolás Salas desarrolló su bien preparado parlamento -bueno también por breve- y ello propició, a petición del conferenciante, la intervención de varios asistentes que completaron la visión panorámica del benemérito protagonista con alguna de las muchas anécdotas que adornaron su vida y, también, con recuerdos de otras enconadas batallas libradas; y aquí hay que apuntar su empeño en que la Velá de Santa Ana no desapareciera por mor de un grupo de nuevos vecinos molestos por el “ruido” que provocaba la fiesta ocho veces centenaria, y hasta el Ayuntamiento, por liberarse de su insuficiente y raquítica aportación, estuvo dispuesto a acabar con una tradición que reflejaba la identidad de este lado de la ciudad que presuntamente tenía que proteger.
         El nombre de Aurelio Murillo se alza en una esquina de nuestro viario ocupando un espacio inmerecido, poco terreno para tan gran hombre. Este homenaje de ahora se completará con la colocación de una placa en la fachada de la casa-botica,  y con este acto quedará culminada una nueva iniciativa de la Asociación Artística y Cultural Trianera que tanta falta hacía en un barrio laxo y dividido en las últimas décadas. El Ángel Rojo, Manuel Carriedo, Bartolomé de las Casas y Aurelio Murillo, son rescates del más flagrante olvido, históricos y ejemplares reflejos ya en nuestras calles que se les debe a un grupo de amantes del barrio más universal.

Ángel Vela Nieto

3 comentarios:

  1. Rafael M.H.25/11/11 19:00

    Parece que estamos de fiesta: un acto cultural en TRiana para ensalzar a un buen trianero. A tus tres peticiones históricas, Ángel le añadiría un poquito de movida cultural del barrio en el barrio.

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  2. Angel Bautista25/11/11 19:20

    Angel creo que D.Aurelio se merecía algo más de 12 minutos de conferencia. ¿No había quien tuviese un conocimiento más profundo del personaje? Por ejermplo tu, Angel.

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  3. Me sorprendió la corta extensión de la lectura de Nicolás Salas, pero como indico propició que durante más de media hora intervinieran algunos asistentes, completándose -creo yo- lo que Aurelio Murillo merecía en el acto que se le dedicaba. No obstante, hay que aplaudir que Nicolás, ya con sus años y tan cargado de compromisos, accediera a la llamada de los responsables de la Asociación.

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