jueves, 16 de junio de 2011

VEO VEO: SANTA ANA, UNA IGLESIA ALMENADA

Cuando el rey Don Fernando conquistó Sevilla se apresuró en cristianizar las dos mezquitas más importantes, la de Ibn Addabás quedó consagrada como Colegiata del Divino Salvador del Mundo y la Mezquita Mayor con la advocación de Santa María. Expulsados los musulmanes, a los que se les permitió llevarse sus bienes, la vacía ciudad pasa a manos de la corona de Castilla, que reparte las casas y las tierras entre los propios miembros de la familia real, importantes nobles y las diversas órdenes militares, que habían participado en la conquista, también obtuvieron alguna ganancia monasterios, iglesias, obispos, oficiales reales, servidores, soldados, alcaldes, alguaciles y los repobladores. Don Remondo, primer obispo de Sevilla organiza la ciudad en veinticuatro colaciones, cada una con su propia parroquia, que no eran más que mezquitas a las que se les cambiaba la dirección de rezo, en vez de ser hacia el sur, donde se encontraba el muro de la quibbla, el altar se situaba en el muro este, un ligero giro que permitía transformar a alá en dios.


Pero no es hasta 1276, veintiocho años después de la conquista, que Alfonso X, ya muerto su padre, manda construir el primer templo cristiano de Sevilla, la iglesia de Santa Ana. Desde época almohade TRiana es una alquería que cuenta con una fortificación junto al puente de barcas por ser el lugar donde confluyen diversos caminos procedentes de la vega y del aljarafe. Sin embargo, la iglesia se construye apartada del castillo, por lo que se piensa que en un principio el templo pudo estar fortificado. Como herencia de aquel entonces hoy se pueden contemplar en las cubiertas de las terrazas unas ondulantes almenas, que como pétreas olas rodean los irregulares muros del templo, por un lado y por otro las paredes sin adornos, limpias, terminan en ese vaivén contagioso que se empeña en dotar de movimiento a los viejos muros de Santa Ana.


(Fuentes: Ficha de la iglesia del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico y Sevilla en la Baja Edad Media de A. Collantes de Terán).

Rafael Martín Holgado.

3 comentarios:

  1. A. Fernández de Cachero M.17/6/11 0:34

    Que historia, Rafaé, más interesante. Y que fotografías. Si las piedras hablaran. Pero como decía el Divino Calvo, tocayo tuyo llamado "El Gallo", las cosas bien hechas son las bien arrematá y de momento SantAna no está bien arrematá, los plásticos en esos magníficos remates cerámicos parecen cartuchos de arbejones. Una pena.

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  2. Rafael M.H.18/6/11 20:27

    No entiendo por qué han dejado esos cartuchos así, imagino que será un sistema de protección, pero estéticamente destrozan la arquitectura del templo.

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  3. Alfredo199221/6/11 15:40

    Supongo que se trata de alguna medida protectora para evitar que sufran más mientras se busca alguna medida definitiva.

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