domingo, 23 de febrero de 2014

EL DEDO DE RODRIGO

Faíco, un gitano trianero en Berlín


         (Faico, artista de la Cava de los gitanos, fue uno de los más grandes bailaores de su tiempo. Toda una leyenda. De él habla esta curiosa crónica).

         Antonio Azpetua escribió un día de 1929 en ABC un artículo titulado “¿Quien sabe de dónde vienen los gitanos?”. Menciona un café en el Berlín de 1916 por donde habían pasado españoles como los escritores Ramiro de Maeztu o Luis Araquistain, y en su honor lucía en el local una bandera española, la única que había respetado la guerra del 14. Se hallaba sentado interesado en noticias de la confrontación europea cuando se le acercó “un muchacho algo torero en el porte y en el traje. Era moreno verde aceituna y los labios tenían ese tinte violáceo de los marroquíes, los indostánicos y los mulatos”. Después de pedir permiso se sentó a la mesa. Era el bailaor Faíco, venía de “las Rusias”; la guerra le había sorprendido en Petersburgo donde bailaba con la troupe de María la Bella (Faíco ya había actuado con ella en la compañía de La Argentina en Londres en 1914). Consiguió llegar a Berlín dando un penoso rodeo; naturalmente maldecía la guerra que tanta fatiguita le había hecho pasar.

         Y aunque nada tenían en común, la españolidad fue suficiente para que salieran del local con idea de estirar las piernas y deambular por la ciudad. De pronto les sorprendió la presencia de un grupo de gitanos que destacaba por su llamativo aspecto. El trianero Faíco le aclaró con naturalidad a su nuevo amigo la nacionalidad de aquellos sujetos, eran húngaros. Pero de pronto el bailaor se agarró al brazo de su compañero para advertirle lo que acababa de descubrir... aquellos extraños hablaban caló, preguntándose: “¿Habrán estao en Sevilla?”. También a los húngaros les había llamado la atención el bailaor y se volvieron varias veces para observarlo y hasta se pararon para dejarlo pasar.

         Algo le dijo el más barbudo que lo electrizó -sigue contando el cronista- y se enfrascaron en una conversación, cruzando cortas frases, asentimientos e incluso risas. Al despedirse, el más viejo de los húngaros le zampó un beso que dejó a Faíco como si viera visiones. Al salir del asombro pudo satisfacer la curiosidad del amigo... “ No han estao en Sevilla y hablan como nosotros. Mire usté que es raro”. El amigo quiso aclararle que ellos y él procedían del mismo lugar de la tierra. “Oiga usté, yo soy de Sevilla -replicó el trianero- como mi padre, mi abuelo y mi tatarabuelo, tos de Sevilla...”. Sin ganas de porfía el flamante camarada le dio una somera explicación de su antiguo origen que de ninguna manera aceptaba. “Mire usté, yo soy sevillano por los cuatro costao, españó, lo má españó que hay. ¿Hay argo má españó que un gitano?”.

         El periodista sin querer darle toda la razón, le recordó que acababa de entenderse con gente que no era española... “Eso si que es raro...”. Y le hace observar que suelen tener las mismas costumbres, que son nómadas, que ofician en lo mismo... tratante de ganado, fabricante de cestos, herrero, músico, bailarín, echadoras de cartas las mujeres... Y Faíco no tuvo más remedios que acceder con mala gana a esas coincidencias. “Pero, ¿no me dirá usté que también son toreros? A lo que replicó el compatriota que lo mismo equivalía a la habilidad que ellos tienen para hacer bailar un oso, que todo era jugar artísticamente con animales. Naturalmente, Faíco, no podía tragarse la comparación... “Cómo va a ser lo mismo...”.

         Azpetua tuvo que admitir la realidad de que los gitanos habían marcado con su carácter a Andalucía, y Andalucía había marcado a España, y explica: “Así el garrotín gitano, baile que expresa el miedo, la superstición y la sensualidad, se ha hecho español, mientras que el aurrescu es vasco, la sardana catalana y la muñeira gallega. La jota disputa al baile flamenco su calidad de afirmación española pero no viene sino en segundo lugar como representativa”.

         Y remata el plumilla su curiosa crónica periodística: “Se marchó Faíco de Berlín. No sé si quedó convencido de que él procede de ese lugar misterioso del que salieron los gitanos hace muchos siglos. Lo único que yo sé de los gitanos es que desde niño me sentí atraído por ellos, que me infundían miedo y simpatía a la vez, que tenían una cierta habilidad para engañar a un cristiano acerca de la edad de un burro. Con todo esto no se puede escribir un artículo. Pero los manes de Faíco me han salvado”.


Ángel Vela Nieto  

2 comentarios:

  1. jimenezjb25/2/14 22:20

    Curioso el apunte sobre Faíco, creador del baile por farruca. Qué difícil debió ser bailar flamenco en Rusia en años donde los bolcheviques comenzaban la revolución. Precisamente este año se ha inaugurado el primer Festival Flamenco de San Petersburgo, posiblemente consecuencias de las semillas que ya dejaron aquellos flamencos.

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  2. La obra de Chaves Nogales "El maestro Juan Martínez que estuvo allí", historia de un bailaor en "las Rusias" de la revolución, bien pudo estar inspirada en la experiencias del bailaor Trianero tan injustamente olvidado por los flamencólogos..

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