jueves, 19 de mayo de 2011

TRAS LAS RAÍCES DE TRIANA: CELINDAS PARA UNA VIEJA TAPIA

A principios de los años noventa comenzó la construcción de pisos en torno a la nueva Ronda de Triana, esa carretera que nos enviaba directamente a la expo, es decir, camino del futuro. Se destruyeron fábricas, almacenes y talleres, la cochera de los tranvías y humildes casas de autoconstrucción, un magnífico suelo quedaba libre para la especulación privada, pues tan sólo se construyeron algunas viviendas de protección oficial para realojar a los vecinos que habían expropiados con anterioridad, mientras muchos jóvenes trianeros se veían forzados a salir del barrio para residir en el Aljarafe y en Sevilla Este.

De aquellos grandes espacios que ocuparan tejares y huertas, sólo queda un corralón entre las calles Tejares y Manuel Arellano, en el muro que da a la calle Uxama, sugerente nombre para un asentamiento celtíbero de la provincia de Soria, las celindas intentan esconder las feas y sucias piedras, dar un poco de vida a una estrecha calle convertida en dormitorio de coches. Un poco más de tres cuartas de espacio verde, que bien podría haberse transformado en un largo corredor cubierto de matorrales desordenados, papeles tirados, botellas, pero el jardinero de la barriada, que ya hemos citado en otra entrada, se empeña en mantener un limpio suelo de césped y varios arbustos con vida.


Las hojas de las celindas son opuestas, es decir que de cada nudo salen dos, una enfrente de la otra, tienen el borde finamente dentado y los nervios muy marcados, se disponen en ramas que con la edad cuelgan, quien no, y su verde intenso les permite captar la energía que se esconde en los rayos del sol.


Cuando florecen, los blancos pétalos llenan de luz la calle, los ramilletes están formados de pocas flores, que exhiben numerosos estambres, de finos filamentos y anteras amarillas, entre ellos está el pistilo siempre a la espera de la llegada del polen.

De la vieja Triana puede que sólo se vean sucias tapias, pero cuando destruyeron los corrales y las casas de vecinos se veían volar por el aire sones flamencos, los olores de guisos que pasaban de unas puertas a otras, los saludos de hombres y mujeres que se veían cada día, ahora unos azulejos marcan hasta donde crecía el río y las placas nos recuerdan muchas celebridades, si cierro los ojos imagino el pasado y se me escapa el presente. 

Rafael Martín Holgado.

7 comentarios:

  1. ¿Cómo es posible que este corralón haya sobrevivido al negocio inmobiliario? Misterio. En este patio multiuso hasta hubo un cine de verano.
    Por lo visto las celindas es lo único que resta de su antiguo atractivo... que lo tuvo.

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  2. Rafael M.H.19/5/11 23:09

    Dicen que pertenece a una señora mayor viuda y sin descendencia, a la que también pertenecen los coches de caballo que salen de la Ronda de los Tejares. No sé si se trata de una leyenda urbana, en fin, un misterio.

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  3. José Manuel Holgado Brenes21/5/11 0:49

    Querido cuasitocayo, me embelesan tus textos y en este no sabe uno si es mejor la botánica o la historia menor de Triana aportada por ti. Nuevamente la más efusiva enhorabuena, de corazón. Me ronda por la cabeza que nada menos que todo un Becquer dijo algo sobre las celindas, ¿no? A mí me traen hermosos recuerdos de mis tiempos de estudiante, pues eran flores de mayo y junio en mi facultad de Derecho, cuando más sufríamos los estudiantes. ¡Gracias!

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  4. Rafael M.H.22/5/11 11:46

    Gracias a los dos, ya voy echando de menos una de tus fotos, José Manuel.

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  5. Jsoe Manuel Holgado Brenes23/5/11 12:06

    Querido Rafael, mis fotos siguen en el blog "Desde mi torre cobelto", que te recomiendo, como poeta que eres

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  6. Rafael M.H.23/5/11 15:45

    Está bien, me pasaré de vez en cuando por allí, así de camino saludo a Emilio.

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