martes, 22 de marzo de 2011

EL DEDO DE RODRIGO: ANTILLANO CAMPOS

                   
          Tal y como estaba previsto por la forma en que se hizo, la calle Antillano Campos se convirtió en un caos circulatorio. La presión de los taxistas ha podido con la opinión e interés de los vecinos que en comisión se quejaron en la Tenencia inutilmente. No sabían nada, les dijeron allí, la culpa era de esa cosa oficial que se llama Movilidad que autorizó el cambio de sentido sin aviso previo... y allí seguramente dirían que son los taxistas los culpables. Lo cierto es que parece que la “movilidad” de la plaza Nueva y la “invovilidad” de la calle San Jacinto están, evidentemente, enfrentadas. Cosas de intereses políticos dentro del mismo partido sabidas y sufridas. Así que una vía que por sus características debería ser peatonalizada, se ha convertido en imprescindible para ese ogro insaciable que se llama automóvil, víctima del desaguisado cometido con el tráfico en Triana tras la fatídica peatonalización de San Jacinto. Todo para poner de manifiesto el escaso poder, si tiene alguno, de los delegados (as) de distrito. Poco poder y escaso interés, añado; porque no se puede contrariar a los jefes ni estos a los fuertes grupos de presión. Con Triana pueden, está más que comprobado. 
         Y como ha sido la comidilla de estos días, hablemos de esta vieja calle de dos tramos que hasta mediados del siglo XIX se llamaron   Matamoros, desde San Jorge al cruce con Alfarería, y Cuchilleros hasta Pagés del Corro. Después fue rotulado Nuevo Mundo a todo el trayecto para quedar en el nombre actual (cabildo del 29 de enero de 1915) en honor de Francisco Antillano Campos, joven militar muerto heroicamente en el norte de África sólo días antes. Este mártir de una guerra impopular, inacabable y sangrienta, era hijo de un teniente coronel de Infantería, Francisco Antillano Noriega, vecino de la calle Betis.
         No son pocos los personajes vinculados a esta calle; citemos algunos: El Sargento Pestaña y sus hijos, Antonio y Paco Galisteo, gente del toro; Rafael Ariza, el patriarca de una saga de capataces cofradieros recordado en una placa de cerámica; la famosa Marujita Díaz, que vivió aquí sus primeros años; los escultores Emilio García y García y su hijo, Emilio García Ortiz; la flamenca familia Fernández y el popular Paco Arcas que montó casa después de hacerse gobernador del bar “Las Golondrinas”.

         Del caserío destaca el número 26, obra del arquitecto regionalista Rafael Arévalo (1913); la casa-taller de Emilio García, con fachada diseñada por el padre del artista en 1940 y construida por Francisco Pérez Bergali, y la que fuera “Villa de Reinosa”, tienda de ultramarinos levantada por un maestro de obras en 1915 y decorada por el pintor Gustavo Bacarisas, paredes que hoy albergan las alegres sesiones folklóricas de La Anselma. Conserva Antillano Campos muestras de arquitectura popular como la casa número 3, 13, 14 y 23, de finales del XIX y principios del XX. Luce uno de los azulejos de la ordenación urbana del Asistente Pablo de Olavide, a la altura de “los cuatro cantillos”,  cruce con Alfarería.
         Antillano Campos es el reducto residual del imperio ceramista que fue Triana, y aún así ya vemos cómo se le trata; es un auténtico milagro que no hayan desaparecidos los talleres que, desamparados pero sobrados de moral, siguen laborando en su curso. Aquí estuvo la antigua fábrica “Santa Isabel”, el tejar de Conchita (el último de Triana), y aquí laboraron artistas pintores como Manuel García Montalván, Antonio Kiernam Flores y Manuel Pérez de Tudela.
         No olvidamos que en edificio desaparecido aprendieron dibujo, artístico o lineal, los chiquillos y muchachos del barrio destinados luego, los más diestros, a las fábricas de cerámica o a los talleres de La Hispano Aviación.
         Pues esta es la calle que ha perdido toda suerte de verse libre del peligroso paso de los coches porque así lo han querido los taxistas, el distrito y esa cosa moderna y perturbadora que se llama Movilidad. ¿Y Triana? No sabe, no contesta.


Ángel Vela Nieto


4 comentarios:

  1. Rafael M.H.22/3/11 22:55

    Cuesta imaginar que calle tan corta de para tanto. Muy bien descrito, Ángel. Cuando salimos a pasear no somos capaces de ponernos de acuerdo, mi mujer odia pasar por Antillanos Campos, simplemente le incomoda y asusta andar tan cerca de los coches, amí, sin embargo me encanta atravesarla, naturalmente mejor si no hay coches, al igual que esa San Jancinto. Quizás hable desde un punto de vista muy egoista, pero es sólo la opinión de un paseante.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Ángel, por tan magnífica descripción de la calle Antillano Campos. ¿qué persona en su sano juicio es capaz de organizar el tráfico en Triana de esta manera? Lejos de peatonalizar las calles que obligatoriamente deben serlo, Antillano Campos, Fabie, Rodrigo de Triana..., las convierten en calles peligrosas al intentar arreglar el caos de tráfico que la peatonalización de San Jacinto ha provocado.. y ahora resulta que la culpa es de Movilidad. Cualquier día nos encontramos con el bus turístico aparcado en Los Cuatro Cantillos o quién sabe si con un carril bici por Alfarería y Rodrigo de Triana. ¿HASTA CUÁNDO?

    ResponderEliminar
  3. ... y lo que cobran por los desafueros. Lo peor es que no veo que esto tenga solución en el futuro, ni con ellos ni sin ellos.

    ResponderEliminar
  4. Aunque los que usamos el taxi nos ahorramos un dinerito al acortar los viajes... Además mucho comentario, pero, donde están los que verdaderamente luchan por el bienestar a menos que sean cosas de sacar tajada.

    ResponderEliminar

*/