viernes, 5 de noviembre de 2010

EL DEDO DE RODRIGO: DIEGO EL DE LA ESTRELLA



Buscando la luz sobre un asunto trianero he hallado uno de los muchos recuerdos que guardo en mis carpetas, en forma de notas o recortes, de mi eterno amigo Diego el de la Estrella, un trianero de honor sin título oficial, de esos vecinos  invisibles para la Comisión de la Velá y el delegado(a) de turno tan ajenos, en su mayoría, a la vida del arrabal y al espíritu original de estos homenajes en la fiesta de Santa Ana.

            Diego fue también un sevillano ejemplar, lector empedernido, un ilustrado enciclopédico de la historia de su ciudad que todo lo coleccionaba y encuadernaba. Era un fervoroso de las páginas del diario ABC donde un triste día de julio del 2009  apareció el aviso de su adiós. Gustó del teatro y el cine, y era un apasionado del mundo del toro, amigo del Gitanillo de Triana, aquel Curro Puya mártir, y de quien con mayor gracia dibujó el toreo, Andrés Martínez de León. Durante la Exposición Iberoamericana trabajó en la Librería Sanz donde asumió los valores de la palabra y la imagen. Tras la guerra, en la que fue soldado, empezó a ser Diego, el de la cervecería La Española, siempre entre Sierpes y Tetuán, entre el Ateneo y el teatro San Fernando, sin perder de vista a su muy querido barrio. Y bajo la protección de la hermosa imagen de la Estrella pasó, como capillé de la hermandad, su postrera etapa laboral.

            En Santa Cecilia montó casa con la que fue su esposa a la que conocería una tarde de Velá envuelto en los influjos patrios del Altozano. Aquella tarde fue una de las ilustraciones de lujo de la historia de su vida, fijada en la imagen de una joven pareja sentada como emperadores del amor en los señoriales sillones del “Puesto de Laureano”, compartiendo la dulzura de un refresco con su Salud, la trianera madre de sus hijos y gobernadora de su casa, una casa con huéspedes de honor por todos los rincones y esmeradamente encuadernados. 
 
            Tan humilde como exquisito y sabio, fue uno de mis más queridos maestros en la difícil asignatura de conocer y querer a Triana. Con su desaparición se derrumbaba gran parte de lo que le resta de pureza a este arrabal, mas yo me llevaré toda la vida dándole las gracias a Diego Castro Hurtado, porque siempre permanecerá palpitante su recuerdo entre mis carpetas por donde ahora he hurgado buscando señales de una asignatura en la que era máxima autoridad.


Ángel Vela Nieto.

1 comentario:

  1. Emilio Jiménez Díaz5/11/10 12:02

    Me acuerdo perfectamente del bueno de Diego. Sabes que era íntimo amigo de mi padre y que siempre andaban liados con sus versos, sus ocurrencias...
    Muy emotiva la página que le dedicas a un hombre se fue de esta tierra bajo el amparo de su Estrella.

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