domingo, 5 de mayo de 2013

EL DEDO DE RODRIGO


 Rodrigo de fiesta


            Cuando elegimos este título para la sesión lo hicimos con doble intención: la primera y principal estaba dedicada al dedo cercenado, amputado por el viento del palo mayor de la nave del olvido. Hace poco escribimos sobre el lamentable estado en que se encontraba la estatua de un personaje de fama mundial, tantas veces retratado por visitantes y turistas a pesar de su ilógica y desacertada ubicación en esa parcela que ahora es tierra de nadie y que en tiempos fue la más gitana y jonda, cuna geográfica donde se forjó el Cante.

            Así que era la causa protestar por el mal estado de nuestro marinero, el de Triana (nada de Lepe ni de Molinos ni de ningún otro lugar). El otro motivo, el otro dedo imaginario, es el que señala el descubrimiento del nuevo Continente, el que apunta al milagro del ansiado avistamiento. Creo recordar que la monumental estatua de Colón que corona el puerto de Barcelona presenta la figura con el brazo derecho extendido en actitud de aviso de por dónde se va a América. Lo mismo haría Rodrigo, loco de contento, en su posición de vigía aquella mañana luminosa, al par que gritaba con voz de Naranjito de Triana lo de ¡tierra!

            Pues gozosamente se nos ha caído la primera intención, porque Triana, al fin, ha aprobado esa asignatura que apuntábamos en nuestro escrito anterior, y es que la estatua se la limpiado a fondo y restaurados sus desperfectos, o sea, que Rodrigo anda estrenando dedos… Y como hemos dado tanta lata con el tema, justo es ahora reconocer y alabar el interés generado y consumado en nuestra Tenencia de Alcaldía. Así que todos estamos de enhorabuena. Y que el hecho de que queda mucho por hacer no empañe este escrito en su legal y justa intención.

            Fui a saludar al nuevo Rodrigo y lo hice con los ojos de Aurelio Murillo –feliz centenario, don Aurelio- y, muy especialmente, con los de Pepe Lemus, el generoso autor de la obra. Y es curioso que este año se cumplan los cuarenta justos de su inauguración. Tiempo oportuno para que, junto a los demás monumentos de Triana, se ilumine. Y el gozo será completo.



Ángel Vela Nieto


viernes, 3 de mayo de 2013

VEO VEO: GRACIAS, ALEMANIA



A veces, mirar el fútbol nos puede servir para ver de otra manera la realidad que nos rodea. No, no me refiero a quedarse casi dos horas viendo un partido, ni mucho menos a tragarse esos programas especiales que organizan para los eventos llamados importantes, los que comienzan a las ocho de la tarde y terminan a medianoche. No pretendo criticar el fútbol, me encanta verlo y disfruté como con pocas cosas cuando lo jugaba. Lo que me gustaría es tomar el fútbol como referencia, como símbolo para analizar cosillas cotidianas que se me vienen a la cabeza. Algunos pensarán que el fútbol no es tan importante, bueno, eso depende de cómo se mire, ¿os habéis percatado cuánto ocupa la sección de deportes en las noticias? Cada día más tiempo y sólo existe un deporte, salvo que esa semana, cosa extraña, no haya ningún partido de fútbol. Por otra parte, nuestros gobernantes sacan pecho y presumen de lo bien que marcha el país si ganamos muchos campeonatos internacionales y muchas medallas olímpicas.

  
El fútbol ya no es un juego de hombres ya no se toma Soberano, y a por todas en unos bares en blanco y negro cargados de humos celtas y ducados, ahora el fútbol es  en colores, la chispa de la vida, es de Coca-Cola, del fair play, de chavales y chavalas, que todos tienen cabida en el mercado y las dos grandes marcas de prendas deportivas cambian las camisetas y los eternos colores de los equipos cada año, mercadotecnia lo llaman, estrategias de venta, y aparecen camisetas de todos los colores, incluido el rosa, para que las puedan llevar las más femeninas, o es que no estamos en democracia, señores. Sentir el fútbol es una pasión y tiene un precio que debes pagar, ¿algún problema? Para eso están las tarjetas de crédito, no te preocupes.


Tomemos para analizar los dos partidos más recientes. El martes, comenzó la debacle nacional, un equipo español perdió contra un equipo alemán la semifinal de la championlí (no se asuste usted que todavía no es cosa de chinos, pero debe faltar poco, es una forma de abreviar eso de la Champion League). Oiga, ¿tan importante es eso? Imagínese, ya no hay guerras en Europa, de alguna manera tendremos que saber que país es el más fuerte. ¿Lo del Mercado Común, entonces, no es compartir y cosas así? Que va, alguien tiene que mandar, está en la sangre misma de los hombres, unos dominan y otros son aplastados, ley de vida, está escrito por ahí, no sé donde, tú ya sabes, no me acuerdo ahora, pero es ley de vida.


Pues sí, nos estábamos jugando reinar en Europa, conquistar el viejo continente y el equipo de la capital no consiguió la hazaña, el milagro, el pueblo se volcó, pero de nada sirvió, una noche triste, trágica, pero nos queda el magnífico comportamiento de la afición y la lucha de unos jugadores entregados. Toda la crítica y la mala leche que da una derrota es vertida por los comentaristas futbolísticos sobre un entrenador: es portugués, es un chulo (ahora, antes lo calificaban de sabio) y se quiere ir. A la mañana siguiente en una tertulia política de radionacionaldeespaña, la radio de todos (los que viven en Madrid y sus alrededores, más algún catalán que se cuela), uno de los participantes, que debió pasar mala noche dice: “…hay dos tipos de aficionados al fútbol: los madridistas y los envidiosos”. Dicho así suena a verdad indiscutible, fundamentalismo puro, pero estos comentarios me sirven para apuntalar una peregrina y absurda idea: parece que el sur no forma parte de nuestro país. Este razonamiento me viene a la cabeza cuando escucho las noticias del tiempo: “Llueve en toda España”, eso significa que se mojan de Despeñaperros para arriba, “Mañana llega una ola de calor a España”, no preocuparse, nosotros seguimos a 46 gradazos desde hace una semana, pero en Toledo van a llegar a 36ºC y en Logroño a 35ºC. Con el fútbol pasa lo mismo, cuando el Sevilla FC gana dos campeonatos de Europa, nos lo pintan como dos campeonatos descafeinados, hechos para segundones, esos triunfos tienen poco mérito, pero a los pocos años es un equipo de Madrid el que lo gana y, ¡ay, amigos!, esto sí que es un exitazo, será que se ha revalorizado, quien sabe.

Ayer miércoles jugó y perdió el otro equipo,  ¿podemos decir otro equipo español?, el calificativo no está fácil, ¿ser barcelonista es ser catalán?, ¿puede un español ser barcelonista? A veces, preguntas mal hechas no nos llevan a sacar conclusiones, sino que sólo sirven para reliar más el embrollo, el caso es que se repite la historia, de nuevo un equipo alemán vence, como diría mi suegra: no sé pa que ves tanto fútbol, ¿no te das cuenta que todos los partidos están amañaos? Por puro morbo, mujer, porque uno nunca sabe si los compran por cuestiones políticas o se encargan de ello las casas de apuestas. Pero esta derrota duele menos en los medios de comunicación y la gente parece que anda un poco jartita de catalanes, normal, se les ve mucho el plumero, sus políticos quieren una tajada más grande de Estado o abandonan el juego y poco les importa que sigan esmayaos extremeños, gallegos, manchegos, canarios y andaluces.


¿Pero qué quieren los andaluces?, ya tienen sus fiestas y su clima magnífico, siempre están con la guasa, ellos no tienen problemas, su preocupación es si va llover en semanasanta o si pueden llevar el caballo al Rocío, les da igual la economía, ellos viven de no se sabe qué, pero la cervecita que no falte, no es un pueblo serio, por tanto, no puede aspirar a tener los mismos derechos que Madrid, que para algo somos la capital y el motor de ESPAÑA, ni que las comunidades históricas, con sus lenguas propias, sus culturas e historias menospreciadas. Que somos todos españoles, pero vamos a no mezclarnos, oiga, porque los señores bajamos al sur para veranear y descubrir tradiciones, como hicieron aquellos viajeros románticos, que sólo se fijaron en lo exótico, lo insólito, lo bárbaro, como si fuéramos animales prehistóricos guardados en un paraíso perdido. Te quieiyá por ahí… Si tu cultura y tu habla son importantes, las mías también, que t’as creío y si quiere nos ponemos a compará.     


Doy gracias a los alemanes porque no quiero estar escuchando durante los próximos veinticinco días, que si Ronaldo aún no ha decidido el tipo de peinado que llevará en la final, que si el bueno de Messi estará en plenitud de condiciones físicas y mentales, que si Sergio Ramos tiene pensado un tatuaje secreto o si Xavi recogerá la copa vestido de lagarterana. Gracias alemanes porque hay poco tiempo y muchas cosas que arreglar. Vale que el fútbol nos aporta alegría y en tiempo de crisis viene bien, es verdad que sirve para olvidar los problemas, pero es que ese olvido suele extenderse demasiado.

Gracias, Alemania, por dejarnos sin fútbol, ahora pensaremos y hablaremos de política, del paro, señalaremos a los sinvergüenzas corruptos, a los que se siguen forrando a costa del dinero de todos, recordaremos a los señores que gobiernan más allá de Despeñaperros y a los empresarios que se enriquecieron hace poco tiempo, las cifras del paro, el número de desahuciados, el desastre de nuestro sistema educativo y los recortes que estamos sufriendo en Sanidad. A nuestros gobernantes más cercanos, mejor no pedirles nada, son incapaces de pensar y actuar por sí mismos.

Rafael Martín Holgado.

miércoles, 1 de mayo de 2013

EL DEDO DE RODRIGO



  Juan Pelao


            ¿A qué linaje de gitanos trianeros pertenecían los Pelaos? Lo veremos con claridad. Pérez de Guzmán asegura que eran herreros, pero sólo menciona a Juan como cantaor relacionado con Manuel Cagancho sin asentar sus apellidos. Lo mismo hace Fernando el de Triana en su libro fundamental “Arte y Artistas Flamencos”, sólo que en su sabrosa exposición destaca a Juan como “cantaor de martinetes”. Juan tenía un aspecto bronco, se parecía –asegura Fernando- a un negrito que había pintado en un almacén de hierros del Baratillo… “pero cuando abría la boca y decía: Las mares de toítos los serranos,/ toítas iban al tren;/ y yo como no la tengo/ nadie me venía a ve. Entonces más que al negrito del Baratillo se parecía a un divino serafín…”.

            Sigamos escuchando a Fernando: “Tengan en cuenta que en las reuniones de aquellos gitanos de cara bronceada y alma pura, no penetraba ningún gaché, ni admitían ningún obsequio de nadie; como caso verdaderamente extraordinario alternaba yo, que era un niño, porque yo estaba criadito entre ellos y me tiraba la inclinación”. Nos habla también el de Triana del general Sánchez Mira –uno de los primeros en el arte de escuchar de los que se tienen noticias- que con todos sus galones tenía que quedarse en la puerta de “Casa Rufina”. Un día, por medio del niño Fernando que salía del camarote, solicitó a Juan Pelao que cantara cierto martinete, el que dice: Esgraciaito aquel que come/ er pan por manita ajena,/ siempre mirando a la cara/ si la pone mala o buena”. Y como el militar era fervoroso y reconocido aficionado accedió el gitano formándose una revolución en la calle. Juan Pelao, al que acababan de declarar el rey del cante por martinetes, rechazó un regalo del entusiasmado general y un billete de cien pesetas que al día siguiente le mandó con un ordenanza; cuando el enviado se iba de vuelta con el dinero, la esposa del cantaor le gritó: “Agárralo, Juan Pelao, que no tenemos hoy ni pa comé”.

            Se había escrito que esta figura del cante trianero, una de las fuentes de lo jondo, vivió entre los años 1840 y 1910 en la Cava donde trabajaba en la fragua familiar. Juan era un excepcional intérprete de las tonás, soleares y seguiriyas, además de los martinetes en los que era inalcanzable. En el “Diccionario del Flamenco” se anota -sin créditos- a Utrera como lugar de su nacimiento y consta aquí que es sobrino del Pelao de Utrera, cantaor citado por Demófilo; asimismo se apunta que se casó en Triana y aprendió los cantes de su tío, todo fruto de la llamada tradición oral y de la imaginación particular. Y lo verdaderamente cierto y certificado por Fernando el de Triana quedaba en segundo plano, pero lo más interesante, o sea, la verdad, se leerá a continuación.

            También en este caso hemos  de mencionar a Manolo Bohórquez, quien tras la pista cierta de Los Pelaos manifiesta que ya puede afirmar –reservándose con toda lógica los datos- que se trata de trianeros de hondas raíces, ajenos absolutamente a otros del  mismo sobrenombre de Utrera o de cualquier otra localidad. Y creyendo que descubrimos lo mismo, podemos detallar que escudriñando el padrón de vecindad de 1865, vemos que en el número 110 de la Cava Nueva, y junto a otros herreros en casas inmediatas (varios Rodríguez como los Cagancho), aparecen dos hermanos dedicados también a labores de fragua, José y Juan Filigrana Moreno, hijos de José y Rita, nacidos en Triana y bautizados en Santa Ana. No cabe duda de que por aquí estaba el cante dando sus primeros pasos firmes y que estamos hablando de Los Pelaos. Así que estos cantaores fundamentales llevaban en la sangre una cultura de hondas raíces trianeras, porque a sus padres no se les reconocían otras residencias más que Triana.

            En el censo de 1865 se anota que tiene 58 años de edad y estaba casado con María Ortiz Lérida y tenía un hijo, Manuel, de 15 años. Los datos personales se refrendan en el padrón de 1870 excepto su edad (54) y la de su hijo Manuel (25). Aparece junto a su hermano José avecindados en la casa número 79 de la misma Cava. Como la página del primer censo no estaba muy clara, porque a veces resulta un martirio visual descifrar los trazos y la caligrafía de los asentadores, damos por bueno –también más lógicos por las referencias de Fernando el de Triana- estos últimos datos sobre su edad por lo que podemos fijar el año de su nacimiento: 1816, bastante antes de lo que se suponía.

            Siguiéndole la pista hallamos en el censo de 1875 a su hijo Manuel (Filigrana Ortiz), herrero de 30 años, casado con María de la Bella Serrano. Vivía en el 119 de la Cava. Y en el padrón de 1900 damos con otro hijo de Juan Pelao que no aparece en los padrones anteriores porque estaría emancipado; su nombre, José Filigrana Ortiz, vecino de la calle Puerto, 21, herrero de 57 años, casado con Carmen Rodríguez Bermúdez y padre de dos hijos: Ana de 12 años y Juan de 9. Así que hasta conocemos ahora a nietos del célebre Juan Pelao del que nada sabíamos fuera de la voz de Fernando, porque lo demás ya hemos anotado de dónde procedía.

Ángel Vela Nieto.
(Del libro “Triana, la otra orilla del flamenco”).

lunes, 29 de abril de 2013

UN PINO, DOS PINOS, TRES PINOS.... LA RAYA REAL


Aspecto reciente de la calle San Jacinto con  los veladores, toldos, bancos, farolas, estufas y los nuevos maceteros.


Hace ahora dos años que se desbordó aquel río azul que alguna mente privilegiada puso en la calle San Jacinto como homenaje al  Guadalquivir. AL paso de las carretas de la Hermandad del Rocio, y en presencia del recién nombrado “Alcalde de Triana”, el pavimento de vidrio terminó totalmente destrozado. 

Como dos años dan para mucho pensar y pese a que la calle es todo un  muestrario de cachivaches, otra mente privilegiada nos regala una doble fila de enormes maceteros de fundición con unos pinos poco trianeros -esperamos que nuestro amigo Rafa Martín nos explique su procedencia  con una de sus bellas narraciones- colocados marcando un enorme carril central del que desconocemos su función principal: tal vez sea el inicio de  una nueva  vía verde que conecte la Plaza Nueva con el Parque de Doñana, tal vez sea una nueva carretera para los vehículos de Lipasam que con tanta frecuencia,  exceso de velocidad y ruido pasean por esta calle o tal vez se trata de   un homenaje a la Hermandad del Rocío de Triana que este año cumple 200 años.

Todo lo podemos esperar de esta calle que ha homenajeado al río con aquel pavimento iluminado y  a los ceramistas con esos bancos del Ikea.  200 años merecen un gran homenaje a esta hermandad que tanto ha aportado a la romería del Rocío y que, sin lugar a dudas, forma parte de la historia de nuestro arrabal. Por ello  la idea de colocar estas hileras de pinos podría ser la de crear una Raya Real en Triana para que el discurrir de las carretas trianeras sea mucho más auténtico. Todo encaja a la perfección:  el deterioro que está sufriendo el pavimento de la calle con el paso de tantos camiones terminarán convirtiendo el carril en tierra y en varios años, cuando las coníferas adquieran cierta altura, quién advertirá la diferencia de la calle San Jacinto con la del célebre cortafuegos; sólo les quedará ponerle unas vallas y algunas cancelas.

Lo que me preocupa más de este asunto, aparte de los porrazos que podamos sufrir  con los enormes maceteros, es cómo se  lo van a tomar nuestros amigos almonteños.  Me consta que el alcalde de esa ciudad  ha llamado a Zoido para mostrarle su preocupación. La cosa no es para menos y en Almonte pensarán que con la crisis que tenemos encima sólo falta que se lleven el Rocio para Triana. Menos mal que ambos son del mismo partido y la sangre no llegará al río.

A mi me parece muy bien que quieran traerse el  Rocío para Triana pero si hay que saltar alguna reja que no sea la de la Iglesia de San Jacinto porque hay que ver lo alta que la han puesto; y además casi siempre cerrada.

Conjunto de jardinera de fundición con pino. Precio estimado  300 euros.


José Luis Jiménez

sábado, 27 de abril de 2013

EL DEDO DE RODRIGO



25 años de “Juncal”


            Veinticinco años de cuando el gran Francisco Rabal, Paco para todos -según su cercana filosofía vital-, se revistió de “Juncal” y se rodeó de trianeros; fue el capítulo de Triana en la inolvidable serie, y no porque se contemplara tan cercana y propia desde los aledaños de la plaza de la Real Maestranza, sino porque media población arrabalera aguardaba allí la llamada a escena aquella mañana de abril, deslumbrante e idónea.

            Y es que el fichaje de los extras y figurantes había sido tarea de una joven empresa instalada en la calle Alfarería, “Triana de Contrataciones”, de la que era fundador Baldomero Morillo Bernal, ex-secretario de Paco Arcas cuando éste ejerció de delegado municipal en nuestro distrito. Todo se fraguó en “Las Golondrinas” mano a mano con uno de los hijos –Álvaro-del director de la serie, Jaime de Armiñán, que andaba liado con la producción de la obra.

            Era el tercer capítulo; cuando “Juncal” llega a la Maestranza para ver a su hijo debutar como matador. Verlo o no verlo, porque no estaba nada seguro de si sería capaz de domeñar la agitación nerviosa instalada en su estómago, y eso que él había sido matador de toros… o quizás por eso. Nos citaron –estuvimos entre los figurantes- muy temprano. Allí docenas de paisanos controlados para que nadie se despistara, y así estuvimos varias horas, bocadillo por medio, hasta la culminación de la grabación. Rabal se sentó junto a nosotros con su bocata camarada. Por cierto que nos ofrecimos como guía en un paseo por Triana, y hubiera aceptado, pero estaba comprometido a una especie de pregón que habría de dar en la plaza de América por la tarde.

            Y nos llamaron al fin, no por el nombre, sino por el papelillo que íbamos a interpretar como figurante, la de portero de la plaza en la puerta principal. El otro portero era Francisco, el de la taberna “El Zapato”, que sólo debía cortar entradas y dar paso al público. Nos colocaron una gorra y esperamos el grito de Teo Escamilla, director de fotografía, que parecía que mandaba más que el apaciguado director que se limitaba a presenciar la escena. Así que nos vimos en la tarea. Mi intervención consistía en detener a un maletilla que pretende colarse… “¡Eh, eh!, ¿adónde vas? Que ha entrao mi pare con la entrá… ¿Tu pare? ¡Cómo te vea otra vez por aquí te acuerdas de mi…!”. Y a empujones lo echaba fuera. Tras el “incidente”, tenía que dar paso cortando las entradas, pero héteme aquí que estando en ello un vozarrón a mi espalda gritó eso de “¡corten!”. Escamilla era la otra cara de Armiñán, al menos aquella jornada. No iba conmigo, menos mal, sino con uno que traía la entrada por la parte en blanco (sólo estaba impresa por una cara). Bronca al canto, todos temblando y arrepentidos por habernos metido en aquel lío… Se repitió la escena y nuevo grito nunca más cortante, ahora le tocó al pobre de Francisco porque “no se metía en papel”. Así que en la toma siguiente, repitiéndose los empujones al torerillo, a Francisco no se le ocurre otra cosa que gritar, decidido: “¡Cuidado, Ángel, que se te cuela uno…!”. Horror. “¡Pero, hombre, quien le ha dicho a usted que diga nada; sólo tiene que poner cara de circunstancia. Venga, otra vez!”. Ahora sí que hubiéramos salido todos corriendo para el Altozano…

Salvados los destemplados avisos, en mi fila venía Rabal con su traje oscuro y su mascota. Y cuando se planta ante el portero, o sea, ante mí, se queda como petrificado, ni pa´trá ni pa´lante… “Usted, ¿entra o sale?”. Me mira, lo piensa… “Entro…”. Papel el mío, como ven, de “Oscar”; el premio era perder de vista a Teo Escamilla. En el siguiente plano “Juncal” sube, todavía dubitativo, unas escalerillas tropezando con otro figurante… “¿Sube o baja?”, era la voz y presencia de cine de Armando Gutiérrez, nuestro amigo poeta y rapsoda.

            La serie se emitió al año siguiente y muchos nos sentimos bien pagados por aquel lío en el que nos metió nuestro amigo Baldomero que se empeñó en hacer de Triana un barrio de actores.


Ángel Vela Nieto    

jueves, 25 de abril de 2013

DESHILACHANDO LA RED: CACHORRO MÍO

Un quejío se escapa hacia el cielo y va sembrando el camino de nubes grises, se apaga la tarde, sólo se oye una guitarra que llora, sobre el río tus ojos, Cachorro mío, párpados pesados que se van cerrando al compás, Cachorro mío, ahora si están dormidos y para siempre en el recuerdo, como esa  voz que se ha quedado flotando por el Altozano



Rafael Martín Holgado

miércoles, 24 de abril de 2013

LA CUNA DEL RETABLO CERÁMICO



Retablo cerámico de A. Kiernam en la Iglesia de San Dionisio de Jerez.

Pasear por el centro histórico de la ciudad de Jerez es impregnarse de siglos de arte y cultura; no en vano está catalogado como conjunto histórico artístico.  Desde tiempo inmemorial la industria del vino ha sido la base económica de esta ciudad pese a que en la actualidad la crisis de dicha industria ha convertido al turismo en una alternativa potencial de riquezas donde  los caballos, el Flamenco y el vino son las piezas esenciales de esta nueva fábrica.

En mi última visita - en compañía de amigos trianeros- cuando andábamos pausadamente por las estrechas callejuelas del centro nos encontramos con el retablo cerámico que encabeza esta entrada. Automáticamente se interrumpió la prolongada y recurrente discusión que manteníamos acerca del avance y difusión del Flamenco en Jerez que definitivamente ha logrado oscurecer a Triana que es la cuna de este arte.  Todos supimos distinguir claramente que se trataba de un retablo cerámico realizado en Triana. No había dudas: era idéntico a uno existente en la Iglesia de San Jacinto. Ubicado en la jerezana   iglesia de San Dionisio y dedicado a la Virgen del Mayor Dolor fue realizado por Antonio Kiernam Flores en 1952, dos años después que el ubicado en Triana dedicado a la Virgen de la Estrella.


Retablo cerámico de Kiernam en la Iglesia de San Jacinto.
Fue Francisco Niculoso Pisano, el artista italiano asentado en el barrio de Triana, el creador de los retablos cerámicos. Fechada en 1503, la Lauda sepulcral de Iñigo López,  ubicada en la iglesia de Santa Ana, constituye el primero de los retablos que rápidamente  fueron extendiéndose  por todo el mundo.Han pasado más de 500 años  y  esta técnica nacida en nuestro barrio  sigue estando de moda, como lo demuestran los innumerables retablos que adornan las fachadas de tantísimos pueblos y ciudades. Queremos destacar y recordar el protagonismo de Triana como cuna de estos lienzos cerámicos, auténticas e indiscutibles obras de artes. Pese a que ya estamos alcanzando el ecuador del año en que nos prometieron la apertura del Museo de la Cerámica, ésta aún no se ha producido y en Triana seguimos soñando lo que otros centros cerámicos  de menor importancia ya consolidaron hace años.

El maná del turismo no termina de llegar a esta cuna de la cerámica, en parte por culpa de los que nos gobiernan, auténticos desconocedores de la gran historia del arrabal ¿Qué mostraremos  a los visitantes? ¿Qué contenidos mostrará ese incierto Museo de la Cerámica? Nadie dudó en Jerez donde estaba la cuna del Flamenco y por eso lucharon   hasta ensombrecerla.

Y tras verificar  la firma de Kiermam continuamos nuestro paseo por la ciudad hermana; inmediatamente me acordé de una siguiriya que Agujetas le dedicó a Triana.




José Luis Jiménez

lunes, 22 de abril de 2013

EL DEDO DE RODRIGO


La Fuente de lo Jondo. Moreno Galván.


Manuel Cagancho (y 2)


            Pero es el reniego, en el decir de los entendidos, la bandera de su cante: Reniego de mi sino/ como reniego de la horita, mare,/ que te he conosío. El crítico Manuel Bohórquez otorga a Tomás Pavón el mérito de la creación de este cante, entre otras razones porque no cree “que ninguno de los Cagancho cantaran ni la mitad de bien de lo que lo hacía el benjamín de los Pavón”.  Nos extrañó la razón de nuestro admirado amigo cuando estamos ante quien ha sido reconocido, por quienes lo escucharon (Fernando el de Triana uno de ellos), como un consumado seguiriyero y emocionante intérprete de los cantes de fragua, uno de los grandes maestros de la primera historia del flamenco.

            “El señor Manuel Cagancho, principal miembro de una egregia familia cantaora, puede asumir la representación por excelencia del cante de Triana. Por coincidir su apogeo con la primera mitad del siglo XIX, época en la que se estimaba, poco o nada, el arte flamenco, son muy escasos los nombres que han llegado a nosotros; el señor Manuel Cagancho es uno de ellos” (Ricardo Molina).

            De este Cagancho nos quedó su voz grabada en 1899 en el “Café de la Marina” propiciada por técnicos madrileños; sólo unos minutos donde se aprecia una voz rancia, desubicada de lugar y tiempo. José Blas Vega no disimula su decepción, “atendiendo a la leyenda cantaora de esta familia”. Sabía el ilustre estudioso, quizás el más sabio en este campo por lo que vivió y leyó dentro y fuera de su librería anticuaria, que pocos cantaores y cantaoras de aquellos años, si hubo alguno, dieron su medida ante las frías circunstancias de premura y técnica. Y como ejemplo nos remitimos al mito de los mitos, Manuel Torre, en sus alabados “Campanilleros”, cante que grabó en 1929, o en la mayoría de los discos que se conservan de él. En el primer caso resulta un tormento para los oídos. Los duendes tenían prohibida la entrada a aquellos añejos e improvisados cuartos de grabaciones.

            El señor Manuel Cagancho no se prodigó mucho fuera de su ámbito; sin embargo, su amistad con personajes como Caracol, padre, le llevó a participar en alguna fiesta fuera de la Cava. La primera seguiriya que se canta (Juan Talega) en “Rito y geografía del cante”, el mejor programa de flamenco de la historia de la televisión, es de Manuel Cagancho. Se suele destacar su seguiriya de cambio, larga y grande, “titánica”, como la cataloga Romualdo Molina, la conocida como “el sermón de Manuel Cagancho”, la que Naranjito de Triana interpreta con su consabida maestría… Santana repica/ llamando al sermón,/ como doblaban en la horita mala/ que a mí me dejó. Hay que apuntar que un personaje trianero del mundo artístico, Eduardo Durán, apodado El Gitano Poeta, le contó al mencionado Naranjito en Barcelona que “Cagancho paraba en la plazuela de Santa Ana y allí bebía su vino en una botella mientras escuchaba las campanas de la iglesia llamando al sermón, que era un toque especial y, luego, el canto del cura que le gustaba mucho; estas músicas le inspiró su famoso sermón”. Por cierto que tiene otro remate, éste: …como predica un pare gitano/ tengo que di yo.

            Y vamos con los casi infalibles registros de los padrones. Sabemos que en 1865, Manuel, hijo de Antonio Rodríguez Moreno, tenía 15 años, viviendo entonces la familia en la calle Verbena, 53, entre herreros de notables estirpes; tenía un hermano menor, Juan, de 8 años, y dos hermanas, Francisca y Encarnación, de 18 y 12 años.

            En 1875 vivía Manuel Rodríguez García, de 28 años (los desajustes en las edades es habitual en los padrones), en la casa número 80 de la misma calle Verbena (Rodrigo de Triana), arropado por otros familiares herreros como él. Tiene dos hijas, Concepción y Josefa, de 9 y 2 años respectivamente, y un varón, Joaquín, que cumplía 4 años. Y veamos los datos de dos padrones “modernos”, el de 1900 y 1902. En el primero está empadronado en la calle Tulipán, número 7, breve curso de herreros consanguíneos; se anota que tiene 50 años y viven con él dos hijos: Antonio, de 26 y Manuel de 22 años (debió emanciparse muy pronto Joaquín, el padre del torero). Y en el censo vecinal de 1902 está asentado en el 108 de Pagés del Corro (tanta mudanza da la impresión de que este Cagancho no se llevaba bien con los caseros), convivía con su mujer, Juana Vargas, y un hijo, Manuel, de 24 años.

            Señalemos por último que en 1900 su hija Concepción vive en el número 21 de la calle Puerto, casa de herreros, donde también estaba domiciliado un hijo (José) de Juan El Pelao.

Ángel Vela Nieto.
 Del libro “Triana, la otra orilla del flamenco”.  

sábado, 20 de abril de 2013

UNOS GOURMET CON POCO PALADAR



Hace poco más de un año que el mercado de Triana ha comenzado una  profunda metamorfosis que lo está convirtiendo en una especie de feria de muestras de la hostelería.  Una calle San Jacinto pero sin necesidad de parasoles, estufas ni nebulizadores y, de momento, ningún ciclista ni coche que te atropelle. Nuestra  “plazabastos” de toda la vida se está adaptando a los nuevos tiempos en los que las frutas, verduras, carnes y pescados vamos a comprarlas a esas grandes - e inhumanas-  superficies que no dejan de martirizarnos con  ofertas y descuentos. Los gobernantes decidieron facilitar la proliferación de estas nuevas cadenas dejando cada vez menos salida a los pequeños  comerciantes de los barrios, a esos tenderos de cercanía que eran como de la familia.  En el caso concreto de nuestro mercado   la peatonalización de la calle San Jacinto ha sido un duro revés que ha contribuido de manera determinante en el cierre de muchísimos de los puestos tradicionales.

Usando una nueva expresión,  muy de moda en los últimos tiempos, algunos dicen que el mercado de Triana se está convirtiendo en un mercado “gourmet”, a la vez que son varios los proyectos de mercados con ese nombre francés;  el más cercano el que han anunciado en la bella nave del Barranco y que ha suscitado una gran polémica entre varios empresarios muy  famosos.  Toda una gran “extensión gourmet” a un lado y otro del Puente que confirman la acelerada reconversión industrial de este barrio donde parece que el único protagonismo en el turismo de la ciudad será el que le confiera esta legión de establecimientos de hostelería que mayoritariamente no están teniendo ningún miramiento ni respeto con el entorno ni tradiciones de Triana.

Sin entrar en el mal gusto del empleo de este palabro que precisamente parece que se emplea para definir a las personas de gusto delicado y exquisito paladar, sí queremos seguir denunciando el mal gusto, falta de respeto y grave daño que algunos de estos empresarios, denominados “gourmet”, le están causando a nuestro patrimonio; esta vez ni más ni menos que al Puente de Triana, uno de nuestros bienes más preciados y que últimamente está sufriendo demasiadas agresiones. La fotografía que encabeza esta entrada es de hace un par de días y demuestra como sin ningún tipo de miramientos una ostrería con nombre poco sevillano se anuncia colocando una pancarta sobre la barandilla del puente y otro de los citados establecimientos se anuncia sobre una pizarra; ejemplar bienvenida para los que vienen a visitarnos. No teníamos suficiente con esos relojes parados y cada uno marcando una hora distinta sino que  además colocamos panfletos y pancartas sobre nuestros monumentos, anunciando finos y elegantes establecimientos de hostelería.

Y mientras tanto nuestras autoridades hacen la vista gorda y permiten este tipo de tropelías. El caso de esta pancarta sobre el puente de Triana resulta muy sospechoso ya que en diversas juntas del distrito ha sido denunciado y sin embargo ha pasado cerca de un año y el ayuntamiento sigue haciendo  mutis por el foro. Nuestro delegado se limita a decir que da traslado de los hechos a los servicios municipales correspondientes; desconocemos quienes son los mencionados servicios municipales pero damos fe que son tan  inútiles como el propio distrito. Me quedo con la duda de saber qué pasaría si  cualquier trianero que pase por el Altozano arranca estos panfletos publicitarios que tanto daño le causan a Triana.

Sr. Delegado, si es capaz de inventar una ordenanza para que los señores de I.U. no pongan la bandera tricolor sobre la zapata de la calle Betis ¿ por qué no hace otra para que estos empresarios foráneos respeten a Triana?

José Luis Jiménez

jueves, 18 de abril de 2013

EL DEDO DE RODRIGO



Manuel Cagancho (1)



            Manuel Rodríguez García, herrero como toda su estirpe, nació, según datos publicados y repetidos, en la Cava Nueva número 20, el año 1846 en su día muy señalaito, el 26 de julio, día de la Patrona Santa Ana, algo de lo que suponemos presumiría toda su vida. Hijo de Antonio Rodríguez Moreno, primer Cagancho, y de María de la Concepción; asentemos el nombre de sus abuelos paternos: Manuel Rodríguez y Rita Moreno. Casó con María Vargas Flores con la que tuvo a su hijo Joaquín en 1871.

            Quien mejor conoció a este Cagancho, hombre y cantaor, fue su pariente Fernando el de Triana: “Manuel era un hombre noble y honrado a carta cabal y tenía a quien salir, pues me consta que tanto el padre como el hijo murieron sin tener una pelea y no saber lo que hay de las puertas de la cárcel para adentro. Cosa rara, ¿no es verdad?, pues así era, aunque su aspecto parecía decir lo contrario”. Y lo retrata: “Era un gitano cobrizo, de ojazos reventones y pómulos salientes, pero de una simpatía y una modestia que lo hacían acreedor de ser distinguido por todas las personas que tenían la suerte de tratarlo; y luego cuando salía cantando con aquella voz machuna de temple brusco y de gran potencia, esforzando las notas más y más hasta coronar los cantes, daba una sensación de tragedia por el gesto realizado; y para qué decir que presencié muchas veces que al terminar los cantes de este gitano de pura raza, los otros gitanos que le acompañaban y muchos gachés que por fuera le escuchaban, pagaban su arrebatador delirio con romperse la ropa y echar por alto todos los cacharros que tenían por delante. Esto era la compensación de aquella obra magna e inimitable. Cuando más solía ocurrir el destrozarse la ropa  de entusiasmo, era al cantar el gran Manuel esta seguiriya: Al Señor de la insinia/ le ayuno los viernes,/ porque me ponga al pare de mi arma/ donde yo lo viere. Esto no había -continúa Fernando- quien fuera capaz de escucharlo sin estremecerse y experimentar una sacudida de nervios que sólo con el vino se aplacaba”.

            Y aunque fuera difícil verlo fuera de Triana, sólo pasaba el puente para ir al Baratillo a vender su producción herrera, Fernando el de Triana nos dejó una anécdota del señor Manuel Cagancho que tuvo como protagonista a un niño insomne de un pueblo cercano al que el cantaor dejó frito dedicándole la nanarroro. Esta historia que tuvo su repercusión en Sevilla, la amplía Pepe el de la Matrona en sus recuerdos, señalando que unos amigos trianeros, concejales del Ayuntamiento, lo llevaron a un bautizo a “Villanueva la Riscal” (así lo reproduce Ortiz Nuevo) y el niño con su llanto no lo dejaba cantar; se acercó a la criatura, le cantó una nana y lo durmió. Así que cuando un niño en Sevilla no paraba de llorar se decía: “Van a tener que llamar a Cagancho”.

            ¿No estuvieron los Cagancho nunca presos? Leamos lo que monta Núñez del Prado. Asegura el polémico escritor que Manuel conoció la cárcel y que cantando carceleras su voz era como una serpiente de hierro. Y añade que le gustaba cantar esta toná: Me sacan del calabozo/ me llevan a otro más malo/ donde no se diquilaban/ ni los deitos de las manos. Y sobre circunstancia tan especial Saavedra Fajardo concreta y crea la polémica: “Tío Antonio y su hijo Manuel Cagancho, cantaores excepcionales de tonás y seguiriyas, dio la casualidad que por cualquier asunto de la justicia fueron recluidos en el penal de Belén de Granada. La prisión establecida por rara ironía en un antiguo convento, estuvo situada en la calle Molinos. Cantaban estos gitanos de manera asombrosa aquello de Ni el color de la albahaca,/ ni la frescura del río,/ templan el fuego que tengo/ en el corazón metío. El alcalde de la cárcel recibía continuas recomendaciones para que dejasen libre por unas horas a los dos gitanos, en continuas llegadas de turistas de relieve. Y así se les concedía licencia especial para salir a cantar al Hotel Siete Suelos, y tras dejar oír el misterio jondo de sus cantes, volvían a ser encerrados en el bien custodiado penal hasta otra llegada de turistas notables”. Pues a pesar de estos prolijos detalles que Félix Grande transcribe en “Retablo Flamenco” (Peña flamenca de Córdoba, 1977), Fernando el de Triana, que conocía (y quería) bien a los Caganchos, niega –ya lo hemos visto- que tuvieran nunca problema con la justicia, y nada tiene que ver con la delicada cuestión que Manuel cantara también esta letra: Cuando llegó la justicia/ y mi casa registró/ mi compañera llorando/ y yo metío en el colchón.

Ángel Vela Nieto. 
Del libro “Triana, la otra orilla del flamenco”.
             
           



   


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