Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de agosto de 2014

UNA ISLA EN TRIANA: " ESPECIES DE ESPACIOS "



Tres eran tres como los que llevan Especie de Espacios: Juan Luis Gavala, Andrew McAllister y Consuelo Álvarez Ariza.

Entrevistamos al capitán: Juan Luis Gavala:

¿Por qué en Triana ?
Principalmente porque, en nuestra opinión, el casco antiguo cada vez se parece más a un centro comercial, un concepto del que nos queremos alejar por completo. Además buscábamos una comunicación más cercana y de barrio. Entre las opciones que nos planteábamos Triana es la que más nos atraía, por su historia y su idiosincrasia.

¿Qué es lo que hace especial esta librería?
Lo que hace especial a esta librería, es que no es solo una librería, la librería, la editorial y Tourdetanos son entes indisolubles y se retroalimentan. “Especies de Espacios” no es una tienda moderna donde aunar complementos de moda con libros bonitos. Hay demasiada banalidad en el mundo como para añadir un poco más. Aquí gira todo en torno al contenido y las posibilidades que tiene un lector de llegar a ese contenido: tenemos compra-venta-trueque de libros, libros usados, un canal de préstamo, somos punto oficial bookcrossing, novedades seleccionadas y próximamente seremos la primera librería sevillana, independiente de grandes cadenas, que tenga un catálogo muy extenso  de libros digitales.
Pero principalmente, esta librería se caracteriza por su búsqueda y acogida activa: buscamos nuevas editoriales, nuevos autores, nuevas propuestas que no suelen tener cabida en otras estanterías porque son de una rotación muy larga y muy lenta, porque no están avaladas por el apellido de turno, o porque el librero no quiere perder el tiempo en echarle un ojo a esas propuestas: el mismo riesgo que corremos como editorial, lo hacemos como librería: nos gustan los otros libros por encima de todo: una de mis socias, Consuelo, siempre que puede me repite una frase de Murakami que creemos que nos define fundamentalmente: “Si lees los libros que está leyendo todo el mundo, solo podrás pensar como lo hace todo el mundo”.
No quiero dejar de lado un planteamiento, que quizá es más filosofal que otra cosa, pero que no es un elemento decorativo, sino más bien una pelea personal contra el tiempo: el tiempo es la medida del consumo, no es la vida. Creo que a veces se nos olvida: Especies de Espacios no tiene un sofá, y unos sillones para que quede bonito desde el escaparate: es una invitación a quedarte, a perder el tiempo, a olvidarte de él, no solo como ocio, sino más bien como rebelión. Párate, siéntate, que le den al mundo de ahí fuera: Como cualquier libro, esta librería quiere ser una isla.



¿Cuáles son sus características fundamentales?
Creo que esta pregunta está más o menos respondida en la anterior.

¿Qué podemos encontrarnos en ella?
Libros y literatura, rutas culturales. Bibliodiversidad. Mucha mucha poesía contemporánea, para un Banco quizá demasiada ;-) Es una librería arrebatadoramente poética. Pero no solo. Hay mucha narrativa breve, clásicos, historia de Sevilla… Ahora estamos haciendo una nueva selección más amplia para la nueva ubicación –aún por determinar-, que nos permitirá, esperamos, crecer en todos los sentidos.

¿Cómo se coordina la editorial con la librería?
Cada socio es responsable directo de cada una de los espacios: La librería-Editorial-Toudetanos, y como alguien tiene que aunarlo, al final los numeritos me toca verlos a mí. La librería y la editorial, son hijas de la misma idea, así que más que coordinarse, defienden un mismo genoma, por decirlo de alguna manera.

¿En qué se fundamenta vuestra editorial?
La editorial, se basa en el riesgo, la experimentación y el diálogo. Estoy convencido de que las editoriales tienen algo que decir, que son un modo  y un medio de expresión como otro cualquiera, esa es nuestra opinión, y su mensaje lo transmiten mediante su catálogo: los invitamos a unirse a la conversación.

¿Qué características tiene Tourdetanos?
Tourdetanos es algo más que un proyecto turístico y cultural, pretendemos dar a conocer Sevilla y Andalucía de una manera diferente y original. Nos enfocamos en el público local con ganas de profundizar o acercarse por primera vez a la Historia de su ciudad, a través de recorridos por los barrios de la misma: El Arenal, Macarena, San Luis, y, por supuesto, Triana. Todas nuestras rutas tienen un precio muy económico, no más de 6 euros, consideramos que la cultura, y más si es el conocimiento de tu propia Ciudad o barrio, deben estar al alcance de todos, sobre todo en estos tiempos. Las rutas van acompañadas de dossieres con imágenes de la Sevilla que ya no podemos ver y algunos datos y curiosidades que nos permiten vehicular los paseos y que luego se quedan los participantes. Estos dossieres, al igual que el resto de cosas que contamos durante las rutas son productos de un proceso de documentación exhaustivo, no en vano quienes llevamos Tourdetanos somo ambos licenciados en Historia, ya que nos encanta Sevilla y por eso mismo no queremos dejarnos nada en el tintero.
Nuestras rutas, en fin, están diseñadas para dar a conocer lo que no es típico, procurando que sean a la vez amenas pero muy profundas en cuanto a contenido, centrándonos en la parte más social de la Historia de nuestra ciudad, cómo vivían las prostitutas en la época del Siglo de Oro, por ejemplo, o cómo eran, quienes eran y qué pasó con los vecinos de los antiguos corrales de vecinos. Procuramos además provocar el debate sobre temas actuales de Sevilla a través de comparaciones sobre lo que ocurría en tiempos pasados y lo que ocurre ahora.
Además tenemos talleres infantiles para los más pequeños de la casa, donde pueden aprender mientras juegan como era la vida en la Sevilla Romana o qué supuso el Descubrimiento de América tanto para los europeos como para los americanos. En estos talleres dos “personajes” de la época de la que va el taller han viajado misteriosamente en el tiempo hasta la actualidad para enseñar a los niños como vivían, comían y jugaban en sus épocas.

¿Algún proyecto futuro?
Muchos, pero en boca cerrada no entran moscas. ;-) En serio, de momento, con lo que hay, el proyecto más importante es estabilizarlo y darle continuidad.
A corto plazo está la apertura del catálogo digital de la librería y su ampliación. Y sobre todo darle proyección a nuestra área de servicios: Servicios editoriales y de impresión digital, que aunque ya está en funcionamiento, no hemos hecho demasiado por sacarla a la luz: desde los servicios de diagramación, corrección y diseño, hasta la digitalización y la impresión de libros (y otros productos de imprenta) y su distribución.

¿Se pueden seguir por internet los eventos?
Nacimos en internet. Nuestro genoma es digital y 2.0 (de ahí el nombre). Por supuesto, no podría ser que los eventos que tuvieran lugar en la librería no se vieran en directo por internet. También, por supuesto, se pueden seguir nuestras evoluciones y contenidos en los distintos blogs y redes sociales, desde donde estamos en contacto directo, fuera de “comunities manager”, con los lectores y seguidores: detrás de cada respuesta estamos siempre nosotros tres. Como se suele decir 24x7, jajaja.

¿Qué libros nos recomiendas para leer en la librería?
Esta pregunta siempre es difícil. Cada lector tiene sus búsquedas y para mí no hay libros imprescindibles, así en general. Cada individuo tiene sus preocupaciones, sus  coherencias e incoherencias, sus diablos y sus ángeles. Para recomendarte un libro, tendrías que aceptar nuestra propuesta y sentarte con nosotros a compartir experiencias lectoras: solo así podría conocer por dónde vas, y qué caminos no proponerte: de hecho, casi siempre termino respondiendo a esta pregunta así: qué libro no recomiendo…




¿Qué hueco llena esta librería-editorial respecto al resto?
Esto es difícil de responder, porque sinceramente no me importa lo que haga el resto. En el sentido de que no me preocupa empresarialmente. Admiro especialmente el trabajo de Luis y su Librería La Fuga. Se habla mucho de otras librerías  que llevan menos tiempo, pero para mí Luis es un tipo especial que ha hecho de su librería un referente, no solo cultural, sino social y comprometido, que es más importante.


En cuanto al trabajo editorial, no creo que hayamos venido a llenar ningún hueco: hay muchas editoriales, cada cual con su sistema, con sus ideas y sus modos: para nosotros la editorial es otra pieza del puzle y quizá la diferencia esté en esa idea de puzle y en su tratamiento, en la imagen que quiere transmitir a la larga, porque los puzles hay que verlos completos para captar todos los colores, y no sé si seremos capaces de completarlo. Pero ahí estamos.




C/ Rosario Vega,8
41010 Sevilla

Belén Núñez 


sábado, 6 de julio de 2013

UN PLAN DE MOVILIDAD PARA TRIANA


Que la peatonalización del tramo de la calle San Jacinto próxima al Altozano ha sido una gran chapuza del  último gobierno municipal no debe ser discutible;  y nos referimos a la falta de planificación y estudio  del impacto general sobre aspectos tan importantes como los transportes públicos, aparcamientos e influencia en muchos comercios consolidados en el barrio.

Que sean  los comerciantes y vecinos de la zona los más apropiados para   valorar y proponer un rediseño de una ordenación viaria, aportando su experiencia en las necesidades para zonas de aparcamiento, carga y descarga y posibles peatonalizaciones, parece lo más lógico. Y en eso estamos.

Sin embargo ante el primer borrador del “Plan de Mejora de la Movilidad del Barrio de Triana y su área de influencia”, que en la actualidad se está discutiendo dentro de un grupo de trabajo del Distrito de Triana, ya han comenzado a aparecer las voces críticas desde el  otro lado del río; de nuevo, los salvadores de Triana, aquellos que  consiguieron derrumbar el “proyecto impactante”  del actual delegado, comienzan a movilizarse contra cualquier mejora que se proponga para nuestro arrabal. ¿Dónde estaban estos salvadores  cuándo se decidió peatonalizar “sin ton ni son” la calle San Jacinto? ¿Cuántas plataformas se han creado para que la apertura del Museo de la Cerámica sea una realidad inmediata? ¿Cuántos han reclamado una mejora de la zapata ante el estado de abandono que presenta en la actualidad? ¿Ninguno ha paseado por Antillano Campos o Fabié observando el peligro que corren los peatones? Han intentado aparcar o llegar en transporte público a Triana?

Necesitamos urgentemente paliar los efectos negativos de esa irracional peatonalización de la calle San Jacinto, organizar una ruta peatonal,  segura y tranquila, que impulse la única industria que nos queda, facilitar la llegada y salida de las personas y ,en definitiva,  estudiar una ordenación viaria coherente para este mal tratado barrio.

También necesitamos con urgencia, y ya han pasado más de dos años,  un delegado que se ponga a la cabeza, para solventar  los problemas del barrio al que representa, y que con una adecuada hoja de ruta sea capaz de poner orden ante tanto desbarajuste.

Y a los salvadores, desconocedores de Triana, decirles que confunden el Guadalquivir con el Arlanzón - ese simpático río que divide a Burgos en dos partes- y no estaría de más invitarlos a que pasen una temporada en la capital castellana, pero mejor que se vayan en invierno porque tal vez el frío les cure del odio que sienten por este Barrio.


José Luis Jiménez

martes, 9 de noviembre de 2010

TRIANA EN LA LITERATURA: JOSÉ MARÍA DE MENA


EL MUELLE DE LAS MULAS


Si pasáis el Puente de San Telmo, encontraréis al otro lado, la Plaza de Cuba, y en ella, a mano izquierda un pequeño edificio, en que una lápida recuerda que allí estuvo el "Muelle de las Mulas" donde se realizaban gran parte de los embarques para Indias, y donde dio comienzo uno de los episodios más gallardos y tremendos de aquellos viajes de nuestra época imperial.

En la primavera de 1520 se reunió en Sevilla una flota de cinco barcos, para intentar la más asombrosa aventura intentada hasta entonces: la de darle la vuelta al mundo.

Desde el descubrimiento de América, veintiocho años antes, se venían realizando innumerables viajes, cada uno de los cuales completaba más el conocimiento que se tenía de nuestro planeta. Estaba ya suficientemente claro que la Tierra era redonda, y se había incluso demostrado mediante recorridos parciales, pero la verdad es que nadie había dado la vuelta completa; demostrando, claramente, que no existía ningún punto ajeno a la redondez.

La expedición se organizó en Sevilla, al mando de un navegante portugués, Fernando de Magallanes, quien llevaba entre sus oficiales a un marino vasco llamado Juan Sebastián Elcano.

Poco antes de emprender la partida, Elcano estuvo en la catedral, que por entonces no estaba aún terminada de construir, y en una de sus capillas hizo oración de despedida, ante la imagen de la Virgen de la Antigua, patrona de los navegantes de Indias. Aún cuando hay quien afirma que la Virgen de la Antigua no estaba entonces en la catedral, sino en otro templo sevillano.

Tras la despedida de la Virgen, las naves emprendieron su viaje, río abajo, para tomar la ruta del Atlántico. Nunca nadie había navegado hacia la India por Occidente, pues los portugueses lo hacían siempre por el Cabo de Buena Esperanza. Magallanes dirigió su flota a Nueva Granada, hoy Colombia, y desde allí descendió al Atlántico sur, para pasar por el Cabo de las Tormentas, y cruzó del Atlántico al Pacífico por la Patagonia, dando su nombre al Estrecho que separa a ambos mares.

A partir de la entrada en el Pacífico, las cosas fueron muy mal para la expedición. Hubo dos naufragios, perdiéndose por consiguiente no sólo dos barcos sino su valioso material, armas y víveres. La gente quería regresar, y estalló una rebelión que costó la muerte de varios jefes, y Magallanes se vio obligado a ahorcar a unos cuantos de los marineros levantiscos.

La navegación era cada vez más difícil por la falta de viento, pues los navegantes no conocían el régimen de vientos aprovechables en aquel hemisferio. Durante cuatro meses permanecieron en una ocasión parados en plena calma chicha. Agotados los víveres, los infelices viajeros tuvieron que hervir los zapatos, los cinturones, y las correas de los arcabucez, para comerlos. El escorbuto estalló entre las tripulaciones, muriendo más de la mitad de los hombres.

Llegados a un archipiélago, las actuales Islas Filipinas, Magallanes desembarcó al mando de un grupo de famélicos soldados, con objeto de buscar alimentos y agua. No era posible a estos hombres, sin fuerzas, y desconocedores del terreno, enfrentarse a los tagalos, así que en una emboscada fueron muertos Fernando de Magallanes y su tropilla, a la vista de las naves.

Tomó entonces el mando el segundo comandante, Duartes de Mendoza, quien prosiguió la navegación teniendo que abandonar otro barco en los arrecifes.

Llegados a Cebú, volvieron a desembarcar, y se repitió la desdichada ocurrencia de Filipinas. Duartes de Mendoza y sus compañeros de desembarco fueron muertos por los indígenas.

Entonces tomó el mando Juan Sebastián Elcano, quien redujo la flota a un sólo barco, el llamado "Victoria", de poco más de cien toneladas, llegando hasta las islas Molucas, lugar extremo de las navegaciones portuguesas hacia Oriente. Es decir, que navegando hacia Occidente se había enlazado ya con la ruta portuguesa de Oriente, demostrando la redondez de la Tierra.

Cargó en las Molucas barriles de clavo, canela y ámbar, y emprendió el regreso hacia España, dando la vuelta por el Cabo de Buena Esperanza, llegandos dos meses después de salir de Timor, a las islas Cabo Verde. Pero al darse cuenta de que los portugueses, furiosos por la nueva ruta descubierta por los españoles, intentaban apresarle, como habían hecho con varios de sus marineros que desembarcaron, levó anclas, y a toda vela se dirigió a España, sin acopiar víveres ni agua, terminando así penosamente, entre hambre y sed, el viaje. La nave "Victoria" entró en el puerto de Sevilla el día 8 de Septiembre de 1522 con sólo 31 hombres de los 264 que habían salido. El viaje había durado casi tres años, y se habían recorrido 14.460 leguas, equivalente a 79.530 kilómteros.

Elcano desembarcó con su tripulación de espectros, y se dirigió a orar ante la Virgen de la Antigua, dándole gracias por haberles dado la gloria de ser los primeros en dar la vuelta al mundo.

El emperador Carlos I otorgó a Juan Sebastián Elcano el priviegio de usar un escudo nobiliario con un globo terráqueo, alrededor del cual figura un rótulo con estas palabras: "Primus circundedisti me". "Tú fuiste el primero que me circundó".


José María de Mena"
Las leyendas y tradiciones de Sevilla" (1968)

Selección: Emilio Jiménez Díaz

sábado, 6 de noviembre de 2010

TRIANA EN LA LITERATURA: CARMEN CALDERÓN BENJUMEA



ALFONSO X EL SABIO Y LA ERECCIÓN DE LA IGLESIA DE SANTA ANA


La iconografía de Santa Ana en Sevilla tiene su mayor difusión en los siglos XVII y XVIII, aunque con claros precedentes en el siglo XIV, y sobre todo a partir del XVI.

En la ciudad hispalense goza de gran popularidad esta devoción, pues desde el siglo XIII era venerada la madre de la Virgen. En efecto, el monarca Alfonso X el Sabio, estando en Sevilla hacia 1270, sufrió una grave enfermedad en la vista -como luego veremos- e hizo voto a Santa Ana de edificar en su honor un templo, lo que cumplió al recuperar la salud. El templo es el de Santa Ana, en Triana, cuya historia se remonta en el tiempo. Entre las primitivas collaciones de la ciudad, la de San Jorge fue la parroquia del arrabal de Triana, "guarda y collación de Sevilla", como se la conoció durante siglos, erigiéndose en la capilla de su castillo, que probablemente surgió como defensa principal del paso que había para las barcas en la confluencia de caminos de la Vega y del Aljarafe.

Triana, en la época árabe era castillo, población y vega. Al aumentar el vecindario, hubo que erigir una nueva parroquia, y como la de San Jorge era insuficiente y poco adecuada por su situación en el interior del castillo, se unieron ambas iglesias, y aun a fines del siglo XV, los beneficiados lo eran de la iglesia unida "invicem" de San Jorge y Santa Ana. Por desuso se fue perdiendo el primer título, conservándose sólo el de la Santa, a lo que debió contribuir que los Reyes Católicos entregaran el castillo al Tribunal de la Inquisición.

Posteriormente se demolió esta fortaleza y el nombre de San Jorge, que lleva una de las calles abiertas sobre ella, es el único recuerdo que queda de la primitiva iglesia del arrabal. Más adelante, se crearon ayudas de parroquia en las capillas del Patrocinio, Nuestra Señora del Rosario y en Nuestra Señora de la O. Como manifestación de la primitiva devoción a San Jorge, hay una pintura ecuestre del Santo en el tercer cuerpo del retablo del altar mayor de la actual parroquia de Santa Ana.

Ortíz de Zúñiga, Morgado, Luis de Peraza y Matute y Gaviria refieren la intervención sobranatural de la Santa a favor de Alfonso X el Sabio, que con este motivo visitó Triana y mando construir la actual iglesia. El Rey tenía el propósito de ir a sofocar un levantamiento en Córdoba. Peraza, al narrarlo, sigue en su Crónica a un canónigo regular que al invocar a su imagen en Triana, dice así: "En Sevilla, estando el noble rey Don Alfonso,... le vino una recia enfermedad en los ojos, con grandísimo dolor de ellos, tanto que el ojo derecho le saltó del casco; desque el noble rey se vido avilisiado, fue triste e acordó luego de pedir el socorro a Dios, e a Nuestra Señora la Virgen María, e a Señora Santa Ana, su madre, en las cuales él tenía mucha devoción, e como él sabía que en el arrabal de Sevilla, que es agora una honrada collación, y de nobles destinos, había mucha población y que no tenía iglesia alguna, prometió a Nuestra Señora de hacer allí una iglesia en honor e invocación de su Bendita Madre, Señora Santa Ana, e así como el Rey hizo aquel voto, luego en la misma hora se le tornó el ojo en su lugar, y fue sano del todo, y cuando vido aquel milagro tan grande y tan manifiesto, fue muy alegre y dio muchas gracias a Dios, y a Nuestra Señora Santa Ana, e luego a la hora cabalgó e fue a Triana, e preguntó a los vecinos que allí moraban, como ó porqué no hacían iglesias, y ellos respondieron y dijeron: Señor agora la queremos hacer. E dixole el Rey como queríades que se llamase. Ellos le dixeron que quería que se llamase Santa María. El Rey les dixo: Sabed que mi voluntad es hacer aquí una iglesia en honor de la bienaventurada Santa Ana, madre de Nuestra Señora la Virgen María. Dixeron entonces los jurados e hombres buenos que allí moraban; Señor hágase todo lo que vos mandásedes, mas pedimos por merced que lo sepa el arzobispo". La iglesia a instancias del monarca, fue bendecida por el arzobispo Don Remondo.

Sobre el origen de las imágenes de la Señora Santa Ana y la Virgen, Matute recoge una leyenda del agustino Fr. Miguel de Mira sobre la aparición de la Santa a San Fernando; dice así: "estas cosas os ficieron tan venerable en la devoción y religioso ánimo del invicto Rey San Fernando, nuestro glorioso conquistador, que desde el feliz hallazgo de vuestra sagrada imagen en los campos de Guadalcanal, no quiso apartar de sí, para su más rendida veneración, este mismo sagrado simulacro". El padre Rivadeneyra, en su "Flos Sanctorum", afirma erróneamente, comentando la vida de este Rey, que tuvo tanta devoción a Santa Ana que le construyó el templo en Triana, y veneró de tal modo sus imágenes, que cada año en la víspera de su fiesta, traía en una acanea, conduciendo él mismo las riendas a la imagen de Nuestra Señora de los Reyes. "Otro argumento acerca del supuesto origen fernandino de las imágenes titulares nos lo brinda un grabado antiguo con tres escudos en la parte superior de la estampa. En el central se advierte un personaje dormido, vestido con insignias reales, a la vista de un campamento militar, a quien se le aparecen, en un trono, las imágenes de la Virgen y de la Señora Santa Ana. En los otros medallones aparece el Rey en un lecho, y la Santa en el aire sanándole los ojos". Matute, que leyó el proceso de beatificación de San Fernando, y sin encontrar el más leve indicio de su devoción a Santa Ana, dice que todas estas tradiciones carecen de fundamento y provienen de un error común. Confunden a San Fernando con su hijo don Alfonso, que es el que padeció mal en la vista, fue devoto de la Señora Santa Ana, le construyó la iglesia, y con toda posibilidad, mandó construir las imágenes actuales de la Virgen y Señora Santa Ana. Por tanto, los medallones del grabado no cree aludan a San Fernando, sino a su hijo, milagrosamente curado como hemos visto, por la Santa.


Carmen Calderón Benjumea

"Iconografía de Santa Ana en Sevilla y Triana" (1990)
Selección: Emilio Jiménez Díaz

viernes, 5 de noviembre de 2010

TRIANA EN LA LITERATURA: WALTER STARKIE


(Hoy traemos a este blog la escena "La fiesta en Triana", incluída por el escritor dublinés Walter F. Starkie en su libro "Don Gitano" (1944), en el capítulo XXVIII, dedicado a Sevilla)


LA FIESTA EN TRIANA


Mi busca en pos de Carmen me condujo naturalmente a la ciudad de Triana, cruzando el río Guadalquivir. Porque ¿no es Triana el lugar más frecuentado por los romaníes? Preguntad a un sevillano sobre Triana y os dira que es un arrabal de Sevilla, pero sería peligroso para un forastero llamar a Triana arrabal y que lo oyese uno de sus cincuenta mil trianeros, porque juraría y maldeciría exclamando; "Triana es una ciudad aparte; tiene doble gracia y encanto que Sevilla; somos un pueblo distinto con tradición propia. Sólo hace unos cuantos años que los sevillanos se anexionaron nuestra ciudad por medio del puente. Necesitaban a Triana para tener más gracia".
El viajero sonríe porque sabe que Triana se integró a Sevilla el año 1248, cuando el rey Fernando el Santo tomó la ciudad a los moros.
Triana posee una gran historia como centro de la canción y del baile. Julián Ribera, en su libro sobre música árabe, establece que ya en los días de Ziryab, el incomparable rapsoda de Harum el Raschid y Abderramán II, el lugar ocupado por Triana era teatro de mágicas zambras que hizo de Sevilla el gran centro de la cultura musical de Occidente. Así pudo decir Averroes que cuando moría un gran músico dejaba sus instrumentos a Sevilla. Triana fué siempre un famoso lugar de reunión de los gitanos, por lo que los gitanos andaluces han apellidado a la ciudad "gitana". Hoy, sin embargo, no predominan en Triana los gitanos tanto como antes, convirtiéndose en un gran arrabal de artesanos y habiendo perdido gran parte de sus características. La mejor hora del día para visitar Triana es la de la puesta del sol, cuando atraviesan el puente toda suerte de viandantes. Si el Califa de Bagdad fuese a Sevilla y quisiese encontrar los hábitos y costumbres de sus súbditos tendría que colocarse en medio del puente para ver desfilar la harapienta humanidad que pasa de uno a otro lado. No conozco ningún sitio de Europa en que se puedan ver mayor número de tipos raros y exóticos. Por su colorismo me recuerda el barrio gitano de Bucarest, sobre las orillas del río Dombovita. El bullicio de las voces ensordecía; tonos altos y bajos, voces desagradables y metálicas, intercaladas por el ruido de bocinas de los autos, el chirriar de los carros, el monótono pregón de los vendedores ambulantes. Mirando sobre el aparapeto del puente podía contemplar el ancho curso del río color amarillento por el cual los galeones de España avanzaban cargados de oro. Abajo, en la rivera, se encuentra la Torre del Oro que fué baluarte en los tiempos de Pedro el Cruel, transformándose después en el depósito de todos los tesoros que descargaban los navíos de América. A la puesta de sol la Torre del Oro se enciende en oro y rosa. A mi alrededor se agitan algunos vendedores que mercan cintas para los zapatos, corbatas, lazos, pulseras y toda clase de baratijas de imposible descripción.
¿Por qué no saludar al crepúsculo desde el centro del puente? Mis aladas canciones no se oían entre el ruido del tráfico. Muy pocos me escuchaban excepto una anciana, coja, que se apoyaba en una muleta, abanicándose el sudoroso rostro con un pedazo de cartón. Mientras tocaba pasó por mi lado mi amigo el gitano Paco el Pelo. Paco era mi amigo jurado. Le había conocido gracias a los buenos oficios de Mariano Peña. Ningún rom goza de tan gran reputación entre la hermandad de los herreros y los demás calés que viven en el distrito de Triana, conocido por la "Cava". Un irónico y, sin embargo, melancólico camarada es Paco, hombre flaco y dispépsico. A veces despierto en él una turbulenta alegría cuando algo extraordinario excita su humorismo. Al encontrarme en medio del puente, pero apartado del tránsito, sin que la gente me prestase más atención que si hubiera sido una gárgola, mi amigo doblaba de risa su cuerpo enflaquecido.
-Vamos, Paco -le dije con impertinencia-; ¿qué diablos pasa para que se ría así? Haga lo que yo durante un rato y verá como le gusta.
-No se ofenda, amigo. No he querido ofenderle, se lo aseguro. Pero ¿por qué, ¡en nombre del cielo! toca aquí? Ni un ciego hubiera elegido este sitio; la gente le oye a usted como quien oye llover.
-No es usted sentimental, Paco el Pelo. Yo estaba saludando la puesta del sol.
-¿Necesita dinero? -me dijo?- ¿Tiene ya cama para esta noche?
-Todavía no, Paco. Pero como dice el proverbio "A mala cama buen colchón de vino". Vamos, amigo. Primero vamos a beber un poco y luego buscaremos donde dormir.
Paco descubrió para mí una cama en una antigua posada de la calle de Castilla denominada "Parador de las bocas". Todas las habitaciones estaban llenas, pero había un pasillo estrecho en el cual habían colocado cinco camas. Yo podía tomar una, según dijo la astuta posadera, por dos pesetas. Fué una lástima no haberme decidido antes que esto a dormir debajo del puente de Triana, cosa que me hubiera evitado picaduras, asfixias y la embestida de los "caballos de Satán" que se desprendían de las vigas de madera en las silenciosas horas de la noche. Una noche en la "Posada de las bocas" era bastante; por ello las otras noches de Semana Santa las pasé en la calle. Mi primera noche en Triana fué solitaria, porque Paco el Pelo se había ido a su casa. Deambulé sin objeto por muchas calles angostas y oscuras. Llegué a las once y todos parecían haberse acostado o haberse ido a ver los Pasos de la procesión.
"¿Dónde están las zambras de Triana?", me dije. Esperaba oír el rasgueo de bandurrias y de innumerables guitarras en esta sede del cante jondo. Pero no oí ningún ruido excepto el salpicar de una fuente en un vecino patio y el producido por una pareja de gatos extraviados que escarbaban en un montón de basura. La atmósfera era húmeda y pesada, pues el río estaba cerca. El olor en las calles era desagradable. De súbito, a la vuelta de una esquina, llegó a mis oídos el distante sonar de unas canciones. Salían de algún patio. ¡Si pudiera encontrarlo! Ningún caminante solitario, perdido en el bosque, busca su ruta con tante perseverancia hacia la luz de la cabaña del leñador, como yo hacia aquel remoto sonar de canciones. Unas veces me parecían próximas y otras lejanas. Pero yo me obstinaba en buscarlas entre el laberinto de aquellas calles sin luz. Por fin di con una casa grande cuya cancela se hallaba completamente abierta. Dentro, en el patio, había reunida gran cantidad de gente, escuchando a un cantaor sentado en el poyo de la fuente, que cantaba con acompañamiento del guitarrista. Todos los balcones de alrededor del patio estaban llenos de gente que llevaban el compás con los pies y aplaudían al que cantaba. En un rincón había un gran tonel de vino. Varios jóvenes llenaban sus jarras de vino. Durante un instante me detuve con timidez en la puerta. Pero apenas me vió un joven con el estuche del violín en la mano se fué hacia un viejo que evidentemente era el patrocinador de la jarana; inmediatamente fui invitado y penetré en el patio entre aclamaciones.
-¿Qué fiesta es esta? -pregunté al patrón.
-Es el festejo de un bautizo -me dijo-. Aquí tiene una copa de manzanilla. ¡Beba por la chica! Ha sido bautizada en Santa Ana.
-¿Santa Ana?
-Sí, Santa Ana. Es la iglesia de Triana en que se bautizan todos los chicos gitanos. El cura don Bernardo Guerra, casa y bautiza a los gitanos, gratis.
Al llegarme el turno de tocar, un joven tenía la caja de mi violín, mientras otro esperaba con un vaso de vino, pronto a apagar mi sed en cuanto acabase de tocar. Yo pensaba: "¿Qué tocaré yo entre estos aficionados? Nada de tangos, vitos ni malagueñas; sería una vulgaridad después de los martinetes, seguiriyas y polos que ellos han cantado". Así, pues, toqué una lenta melodía húngara, un lassu que aprendí en unos funerales en la Puszta. Después de tocar le dije al anfitrión:
-Esta pieza, señor padrino, la dedico a la memoria del gran hijo de Triana, el valeroso Gitanillo.
Gitanillo de Triana fué uno de los más grandes toreros gitanos: yo le había visto torear en muchas corridas en Sevilla, Madrid y Barcelona. Murió víctima de una cornada en 1931; yo estaba en Sevilla por aquel tiempo, cuando se celebraron sus funerales. Fué una jornada de duelo en Triana.

Walter Starkie
(Selección: Emilio Jiménez Díaz)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

PALABRA PRESTADA: ANTONIO BURGOS

(El colectivo de este blog quiere agradecer públicamente a nuestro buen amigo Antonio Burgos la generosidad por dejarnos insertar en el mismo, al grito amigable de un ¡Viva Triana!, los artículos que consideremos oportunos de su hermosa obra y opiniones sobre el viejo arrabal. Gracias, Antonio, y que Señora Santa Ana -que es en la única en la que ya confiamos- te multiplique tus afanes.)




TRIANA: PALIMPSESTO EN EL PALITROQUE DE LA CUCAÑA

Así, acodados en la barandilla del puente, se conocieron los padres de un poeta sevillano, una tarde que fueron a ve los delfines. Nosotros nos hemos acodado en la barandilla y le hemos vuelto la espalda gloriosamente a la Exposición Universal. Si se trata de contemplar América, no hay que mirar a Chapina, sino aguas abajo, donde flotaban los ahogados que sacaba el buzo, donde cargaban nieve en sus bodegas los pesqueros de Barrera. Te pones a mirar las aguas del río y adivinas un universo desde Triana. Se ven los barcos venir, los galeones de la carrera de Indias, cargados de versos de Lope, velas blancas, juncias verdes con el asa de las alcarrazas que acaban de salir de los alfares para que las pinte Zurbarán ante una mesa de frailes cartujanos. Te acodas en la barandilla y ves que la primera conquista de Triana es este puente, que construyó no con hierros de la fundición de Portilla & White, sino con coplas por las que pasaba la Reina, recógete la cola que te arrastra, que llevaba un mantón de Manila en cuyos flecos aún no habíamos perdido las colonias que con Triana hacían frontera en las redes de los pescadores de sábalos y albures de la calle de la vera del río, en los memoriales cívicos de don Manuel Carriedo, en los latines de don Antonio María Fabié, en los cantes del Zurraque y en las tercerolas de los civiles de la Cava. Ésta, trianeros, es la primera conquista de tu famoso Arrabal y Guarda, que el puente pudo ser de Sevilla, pero se lo apropió Triana como símbolo y síntesis de una voluntad de ser tierra de frontera, pueblo perseguido que por los polígonos y tiros de línea afirman su identidad, cuando en estas tardes de la cucaña vuelve al paraíso.

Que si bonita está Triana cuando le ponen al puente las banderitas gitanas, no hay un puntal más fino que la sostenga que ese palitroque de la cucaña, árbol de amores con el barrio, donde grabó nombres la punta de la navaja de un patero de la cuadrilla de Alfonso Borrero, que es el de la colla del muelle, que tiene el carné de la CNT, que ha ido con Saturnino Barneto a proclamar el Cantín Trianero, haciendo frente a los disparos de fuego con humo de aceite del olivo de Minerva que granean los soldaditos de Pavía que fríe Enrique en la calle San Jacinto. Ahora, acodados en la barandilla del puente, con unos prismáticos que usaba Carlos Astolfi para ver el debut de Juan Belmonte en la Maestranza, nos hemos puesto a mirar todas las inscripciones de amor que una navaja de riña y novias antiguas ha grabado sobre el árbol del paraíso del palitroque de la cucaña y hemos encontrado este palimpsesto.


LA MAREA.- Para saberlo hay que estar bautizado en la pila de Santa Ana, o por lo menos en la ayuda de parroquia de La O, o haber salido de nazareno en el Cachorro, o cuanto menos haberle comprado una tumbaga a Fernando Morillo, el que viste a la Esperanza. No es el viento. No es la brisa. No es el aire. En Sevilla le han puesto una calle al Aire y en Triana no hace falta. Triana le tiene puesto piso a su amante vespertina del verano, que es la marea. No es un viento de la tierra, es un viento de la mar. La mar está más cerca de Triana que la calle Sierpes. Sobre Triana, en el verano, a la hora incierta del humilde olor de dama de noche que llena la Cerca Hermosa, a la hora del grito blanco del jazmín en la reja de la calle Pelay Correa, llegan los ángeles sanluqueños y marineros de la marea. Han estado toda la tarde en Bajo de Guía, bebiendo cañas de manzanilla. Vieron atardecer sobre el Coto. Echaron de menos un galeón indiano. Y se dijeron: "Vamos a subir a Triana, que lo vamos a encontrar junto al puente de barcas". Llegan siempre al atardecer estos ángeles de la brisa que tan bien se conocen las calles de Triana. Huele, aspira hondo este aire trianero de la noche. No es de la tierra. Huele a mar. Siente, siente sobre el gozo nocturno del cuerpo el soplo de la marea. Verás que no sentimos la torre de Santa Ana ni la cruz de mármol de San Jacinto, que la marea se lleva a Triana toda, río abajo, como un barco, hacia la bahía, ¿o no estás viendo ya allí, sobre la calle Larga, el guiño del faro de Chipiona? Sí, Triana es con la marea como los vapores que paraban al pie de la escalerilla de Tagua, el San Telmo, la Torre del Oro; lleva el barrio orondas ruedas que mueven el vapor de sus sueños.

EL NACIONALISMO TRIANERO.- Triana es siempre la excepción que confirma la regla de Sevilla. Sevilla se miró en el río y salió ese sueño al que llamamos Triana. Todo lo que le falta a Sevilla lo tiene Triana. Sevilla no tiene mar, por eso Triana le puso el río. Sevilla no hizo la revolución industrial, por eso se pusieron a echar humo las chimeneas de los tejares. En Sevilla nunca mandó la burguesía, por eso Triana estuvo en manos de comerciantes e industriales, la rebotica de Aurelio (léase Urelio) en el Altozano tenía mucho de conspiración de una gloriosa revolución para proclamar a los cuatro vientos del universo: "Viva TRiana con honra". A Triana le queda un nacionalismo sin fronteras que se afirma en cuanto pasa el puente o llega a la primera parada del autobús de Los Remedios. ¿De dónde es usted? De Triana. ¿Y eso donde está? En todos los centros de la Andalucía del mar, pero tierra adentro, barro adentro, forja adentro, almona adentro. Sólo con las ideas de su nación trianera muy claras puede el trianero, cada mañana, despedirse de su mujer como el que se va a la guerra o al finibusterre: "Adiós, niña, que me voy a Sevilla...".UN PUEBLO PERSEGUIDO.- Los trianeros están todo el día yéndose a la mar de sus recuerdos. Son más trianeros que nunca cuando tienen que dejar el barrio. Sevilla se hundió, una espada de fuego arrojó a las gentes de sus corrales y de sus calles, y por ellas pasó una sombra. A Triana la derribaron, arrojaron a los trianeros de su orilla, como un bíblico pueblo perseguido, y nunca entonces Triana fue más Triana. No pueden pasar sin volver por el barrio, por la taberna, por la peña, por el recuerdo de donde estaba el corral. Cuando no van a Triana es como si les faltara algo. Cuando dejan Triana les falta el aire. El Primer Trianero es el Cachorro. Le llaman Cristo de la Expiración porque cada tarde de Viernes Santo pierde la vida cuando ve que le falta el aire de Triana, que se lo están llevando a Sevilla. Sobre el puente, sus ojos miran al cielo que va perdiendo, con una inmensidad de marisma. Por la boca del Cachorro no entran y salen los ratones, sino que entran y salen los suspiros de todos los trianero que, como él, tuvieron que dejar el barrio. Cachorro le llamaban a este pueblo que muere cuando pierde el aire del barrio y que retorna al paraíso cuando vuelve a la mercería de la calle Castilla, a las fichas de dominó de la Peña Trianera, al romero dominical del Corpus Chico. Sabe que Santa Ana es la catedral y que el mundo entero cabe en un mostrador de la Cava que anuncie el mosto nuevo de los lagares de Roma.


LA HORA DE TRIANA.- Corrieron el mundo. Iban con Juan. Aquellos banderilleros de Triana que iban con Juan Belmonte nunca le cambiaban la hora a sus relojes de plata. Aquella plata era tan trianera como las maniguetas del paso de la Esperanza, que hasta navegan en la luz de la mañana en cuanto dejan atrás el Pópulo, de contentas que vienen con el mar de trianeros en popa, detrás del manto. Estaban haciendo las Américas los banderilleros de Juan Belmonte y sonaba a cada minuto la hora de Triana. ¿Qué mejor meridiano para no perder el norte por el mundo? Estaba el sol alto, salía un reloj de la prisión de una leontina, liberado el bolsillo de un chaleco, y decían: "Pues en Triana ya tienen que estar empezando a freír el pescado...". Y en América toda, del grito de Rodrigo de Triana al brillo de sol de un barro vidriado en una cúpula colonial, se hacía la hora de Triana.

ARTE DE TRIANA.- Todos sabemos qué es un torero de Triana. Todos sabemos qué es un cantaor de Triana. Todos sabemos qué es una cuadrilla de costaleros de Triana. Triana tiene unas coordenadas distintas para sus artes y sus artesanías. ¿Quién se atreve a definirlas? Muchas veces he oído que hablaban de Triana pura y me ha parecido siempre un pleonasmo. ¿Es que existe acaso una Triana impura? Bendita Triana, tu pureza, que hasta calle te ha puesto, y eternamente lo sea, pues Sevilla se recrea en el río que te besa...

SANTA JUSTA Y RUFINA.- Nos prestó Triana hasta las Santas Patronas, que eran alfareras, ¿qué iban a ser? Si no llega a ser por Triana, la Giralda se viene abajo cuando el terremoto de Lisboa. Para eso estaba Triana, para sostener el símbolo de Sevilla y después, como siempre, humilde, no atreverse a pasar factura. Son cuatro pilares finos los que sostienen a Triana, y no los miento por sabidos que son. Lo que no sabe la gente es que son dos pilares finos de Triana los que sostienen a Sevilla: Justa y Rufina.

LAS ARMAS CHICAS.- Si será suya Triana, que ni siquiera tiene escudo. Yo pondría las armas chicas de la ciudad en lo más alto de la torre de Santa Ana, con la guasa fina del barrio. Yo pondría:
                                               
 Sí 8 Do

Porque a Triana Sevilla la ha dejado tantas veces, que con la voz antigua de la murga en el Altozano, el pito de caña de Manolín, interpretado por Silvestre como diana floreada, nos diría con una antigua tristeza de tarde de Viernes Santo con los nazarenos de la O por la calle Castilla: "Sí, me ha dejado...


Antonio Burgos

Texto publicado en "25 viejas postales de Triana", edición del Ayuntamiento de Sevilla y la Comisaría de la Ciudad de Sevilla para 1992. Madrid. Ediciones Tabapress, 1992.

(Selección texto y fotos Cucaña y Cachorro: Emilio Jiménez Díaz)

domingo, 31 de octubre de 2010

TRIANA EN LA LITERATURA: CAMILO JOSÉ CELA


Por las páginas de este blog irán pasando textos de escritores que dejaron alguna visión sobre Triana, desde los viajeros románticos hasta los de nuestros días. Será un sano ejercicio recordar esos escritos que tuvieron a nuestro barrio como protagonista. Hoy vamos a iniciar esta andadura ofreciendo un extracto del capítulo que Camilo José Cela le dedica en el apartado VI de su libro "Primer viaje andaluz". La edición que manejamos es la 4ª, correspondiente a 1977, de la editorial Noguer.


TRIANA, CAPITAL DEL CANTE

Al bar Altozano, donde el vagabundo ha de darse con su gentil compañía, aún no ha llegado la señorita Gracita Garrobo.
     Desde la calle del Betis, Sevilla luce dorada a la puesta del sol. Triana es barrio vivo, barrio donde los niños gozan la mugrienta y sana dicha de la libertad. En medio de la calle de la Pureza -según vagos rumores que el vagabundo preferiría tan falsos como Judas- pasaron su última noche, antes de rendir viaje en la tierra clamente de Moguer, un poeta y su musa, cada uno en su frío ataúd y los dos en el discreto y vergonzante furgón que usan los muertos para ir por la carretera.
     Un gitanito cruza -el ombligo al aire del atardecer- por delante de Santa Ana. En la iglesia de Santa Ana, que fundó el rey Sabio, esconde sus delicadezas la delicada Virgen de la Rosa, salida de la paleta y de las manos mismas que pintaron la marinera Virgen de los Navegantes.
     El vagabundo, por la calle de Pagés del Corro, se acerca a la bullidora calle de San Jacinto, columna vertebral del barrio. En el convento de San Jacinto descansan durante doce meses del trajín de una semana, las Vírgenes de la Esperanza de Triana y de la Estrella, cada una con su cofradía.
     Detrás se esconden, más allá de las calles del Ruiseñor y del Evangelista, los nombres nuevos de las calles nuevas: calles de la Virtud y del Trabajo, de la Prosperidad, de la Voluntad, de la Constancia, del Consuelo. Poca fortuna tuvo el discurridor de esta nomenclatura de pía urgencia, de este próvido manantial de vana verborrea de concejales o de altos funcionarios de las cajas de ahorros. Triana es barrio vivo -se dijo- y latidor, barrio poblado por humildes gentes que cantan para espantar el hambre y beben vino, si cae, para ver el mundo con sus buenos ojos.
     La voluntad del trianero, como la del poeta,

     se ha muerto una noche de luna
     en que era muy hermoso no pensar ni querer.
..

     El vagabundo, por admiración y respeto a la rara voluntad (que a lo mejor ni lo es) del trianero, no la toma por la hoja del rábano que se acostumbra a premiar: la terca voluntad del voluntarioso -que suele tener mucha, ¿para qué?, y no siempre buena.
     El gitano que le pega a la fragua en la trianera calle de la Cava y entre chispas de angélico revolar, ¿qué piensa de la prosperidad del comerciante, de la constancia del opositor a notarías? ¿Qué sabe del consuelo que jamás nadie -de tú a tú, que es como únicamente consuela y aprovecha- le brindó? Dícese que un poeta sevillano

     por dar al viento trabajo,
     cosía con hilo doble
     las hojas secas del árbol.

    
El vagabundo piensa que en Triana -la del hermoso callejero: María Niño, Cohetería, Chapina, Troya, del Tulipán, del Paraíso...- sobran los nombres de las virtudes menores y revisables. Y al vagabundo no deja de darle mala espina -y un turbio y convencional tufillo a la nariz- el hecho de que el bautizador se haya olvidado, a la solemne hora de estos bautismos, de la fe, de la esperanza y de la caridad, que son los nombres de las tres virtudes teologales.
     En el barrio de Triana, el alfarero se fía de la Virgen -la confianza es fe-, aunque no corra. En verso de soneto ya está cantado que todo es fácil si en la fe se fía.      En el barrio de Triana, allá 
por donde el cascabel de la esperanza acelera su ritmo, tal quería el viejo León Felipe, el tabernero espera -además de otro milagro de la primavera, como el viejo olmo seco- al parroquiano que le da de comer, a cambio de que le den de beber, y que jamás falla.
     En el barrio de Triana, el cantaor hace la caridad del cante a quien sabe que no ha de pagarle porque no puede: tan sólo porque tiene fe -la caridad es una forma de fe- en que ha de ser escuchado.


Camilo José Cela

(Recopilación: Emilio Jiménez Díaz)

*/