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lunes, 26 de mayo de 2014

EL FAROL DE MARCHENA


LOS ANGELES TRIANEROS


Con las ganas de usar el chuzo, contra tanto político desconocedor que campa a sus anchas vociferando en los mítines, se ha quedado el bueno de Marchena que  finalmente ha optado por usar su farol para arrojar un poco de luz en favor de este barrio olvidado y tan frecuentemente ultrajado.

Tenía cien mil argumentos el alcalde Zoido para proclamar la importancia de nuestra ciudad en la gesta del Descubrimiento que él, sin dar demasiadas explicaciones,  considera  fue  una de las claves de la génesis de la Europa del futuro y para ello no se le ocurre mejor idea que aseverar que las naves del primer viaje de Colon no salieron de Palos sino  de Sevilla. Como era lógico, la respuesta desde tierras onubenses no se hizo esperar y  fue el alcalde de la capital, el también popular Pedro Rodríguez, el primero que le enmendó la plana a su colega sevillano dando otra lección magistral de historia afirmando que todos los marineros eran de Huelva llegando incluso a asegurar que Rodrigo de Triana era de Lepe. Podemos entender que el alcalde pacense de Huelva no tenga tiempo de repasar la historia y se permita asegurar con tal rotundidad de dónde eran quienes se inscribieron en la tripulación con el apodo “de Triana”. Le recomendamos, para cuando sus obligaciones se lo permitan, que repase la obra de un trianero docto en la materia y personaje fundamental en el Descubrimiento; nos estamos refiriendo a Bartolomé de las Casas.



Hemos titulado esta entrada “Los Ángeles Trianeros” en referencia al monumento que se puede observar en la trianera  Plaza de Chapina desde el 26 de Julio de 1992 y que fuera realizado por Gabriel-Mozas en homenaje a los marineros trianeros que participaron en el descubrimiento del “Nuevo Mundo” entre los que destacan Rodrigo de Triana, Rodrigo de Bastidas,  Andrés de Morales y otros muchos  marineros trianeros anónimos. Nosotros queremos añadir, para conocimiento del edil onubense, a dos que figuraban en la lista de tripulantes de aquel viaje que partió de Palos:  Juan Verde de Triana y Fernando de Triana. Tampoco queremos pasar por alto al navegante trianero Luis de Cárdenas, pieza fundamental en aquella  conquista  junto con Hernán Cortés, y a tantos lugares trianeros como EL Convento de los Remedios, El Monasterio de la Cartuja,   donde Colón planificó su viaje y estuvo enterrado, La Casa de las Columnas, sede de la  Universidad de Mareantes, el Muelle de las Mulas como punto de partida de la expedición de Magallanes y Juan Sebastián el Cano.  Seguro que fueron muchísimos más esos “Ángeles Trianeros” que tuvieron en el arrabal el apoyo necesario de calafates, carpinteros de riberas, artesanos del barro, de la industria del bizcocho o de la pólvora.

Nadie, salvo los zoquetes, deberían dudar de la importancia que Triana tuvo en el Descubrimiento y que no fue reconocida ni siquiera durante la Expo 92 más allá de este monumento que hoy en día le puede parecer al que lo visite que  representa a un grupo de trianeros huyendo despavoridos ante la amenaza de esa cercana Torre Pelli.


José Luis Jiménez

viernes, 28 de marzo de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


La Cabaña

       Codeándose con el “Bar Altozano”, pero con otro aire más franco y veraniego, sentaba sus reales la bodega y cervecería “La Cabaña”, un centro más de reunión en la Triana de posguerra. Situado en el primer edificio de Pureza, en la acera que se funde con el Altozano, fue uno de los locales más populares. Marisqueros ambulantes ofrecían allí su apetecible y democrática mercancía de fósforos con bigotes (gambas y camarones) para acompañar el rubio caldo que con tanta generosidad se despachaba sobre el húmedo mostrador, disfrute parroquial al son del palilleo y las palmas de sus asiduos, currantes en salas de fiestas que lucían aquí sus repeinadas cabelleras y sus modernas camisas de colorines. En “La Cabaña” disfrutaban aficionados como el padre y el tío de Naranjito, junto a profesionales del flamenco. Fieles a La Cabaña eran el bailaor Juan Montoya, que solía llegar acompañado de amigos artistas; la llamativa María Jiménez, vecina cercana, que traía desquiciada a media parroquia; Nicolás, el carnicero, quien llevó allí muchas veces a Lola Flores, y no eran extraños en la casa Salvador Távora, Chocolate y Chano Lobato el tiempo que éste vivió en Triana. Mención aparte para los singulares personajes Manolito El Rubio, Paco Béjar y Miguel de la Isla -intérprete éste muy distinguido de las sevillanas-, quienes con el llamado Chico de la Rumba, personaje vinculado al flamenco y al mundo del toro, formaban parte esencial del ambiente. También Manolo Caracol apareció más de una noche por aquel atrayente umbral de Pureza.

        A “La Cabaña” le llegó su hora en la devastadora década de los sesenta. Enrique Carrillo recordando el lugar en la revista “Triana”, cita a Antonio Silva como regidor de la cervecería, un vinatero de Villanueva del Ariscal, honrado trabajador al que pocos habían visto reírse. Adolfo, propietario más antiguo, murió en trágicas circunstancias. Asimismo, durante un tiempo estuvo en manos de un umbreteño llamado Carlos Ruiz.

Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)"




domingo, 23 de marzo de 2014

EL FAROL DE MARCHENA


LOS NEGROS CURROS


Ya hemos comentado ampliamente en este blog acerca de los negros que habitaron nuestro arrabal y que llegaron a constituir la colonia más numerosa de la ciudad en el barrio de Portugalete. A mitad del siglo XVI Sevilla llegó a tener 6500 esclavos negros y otros muchos que ya serían libres y que llegaron a fundar  diversas cofradías, concretamente en Triana bajo la advocación del Rosario fundaron una hermandad que fue la génesis de la actual del Cachorro.

Durante el siglo XVI, una gran parte de los negros esclavos llegaron a vivir en la casa de sus amos y los libres, que vivían de ejercer los oficios más modestos, la picaresca y la delincuencia, habitaban en las viviendas más humildes de los barrios extramuros como  el barrio de la Calzada, Triana y El Arenal; de esta manera, al cierre de las puertas de la ciudad,  se evitaba su indeseable presencia en la misma. Los clérigos y los nobles eran las clases que más esclavos poseían siendo especialmente apreciadas las negras que con frecuencia eran concubinas de sus amos.

La presencia de estos esclavos data de cuando los musulmanes compraban negros en África para venderlos a los mercaderes cristianos y en el siglo XIV procedente de las  incursiones castellanas en las costas africanas, ocurriendo el mayor tráfico  a partir de la segunda mitad del siglo XV con las redadas que los portugueses llevaron a cabo en las costas africanas de Guinea. La mayoría de los esclavos terminaban en Sevilla previo paso por Lisboa. El incremento de la población negra de esclavos sufre un fuerte descenso a partir de  la mitad del siglo XVII, coincidiendo con la epidemia de peste en la que murieron en Sevilla cerca de 60.000 personas, siendo los negros uno  los colectivos que más sufrió dicha mortalidad.

Pero muchos de estos esclavos pasaron desde Sevilla hasta América, inicialmente como sirvientes de los castellanos que embarcaban. En 1501 se produce la primera autorización para introducir en las Indias esclavos negros, pese a que el 22 de junio de 1497 los Reyes Católicos, a instancias de Colón con objeto de poblar La Española, ordenan la deportación a dicha isla de todos los delincuentes condenados a destierro. Igualmente se ordenó un indulto general a todos los condenados , excepto traidores y herejes y algún que otro delincuente, para que quedaran exento de toda pena con la condición de emigrar a la Española y servir allí bajo las ordenes de Colón.  Finalmente se consiguió que la mayoría de los pobladores fueran personajes del hampa sevillana entre los que se encontraban un buen número de negros.

A principios del siglo XX, el antropólogo cubano Fernando Ortiz durante una conferencia titulada “Los Negros Curros”, define a unos característicos habitantes negros del barrio del Manglar, extramuro de La Habana, que desaparecieron a mitad del siglo XIX  y cuya memoria se mantiene viva en La Habana a través del folklore y carnaval. Chaquetillas de terciopelo, camisas blancas de manga ancha con pechera adornada, pañuelos de algodón a la espalda, en la mano, al cuello o sobre el sombrero, pantalones acampanados y floreados. Con un andar lento  y mecido y una forma de hablar donde la zeta predominaba en expresiones del tipo “arremangarse”, “jalarse”, “gachón”  o “zumbarse”, los negros curros  alardeaban y mostraban su vanidad y arrogancia.

De vida criminal, pendencieros, siempre con un cuchillo escondido y temidos retadores; así define Fernando Ortiz a este grupo social que llegó a la Habana desde la Sevilla de extramuros, donde el trianero barrio de Portugalete poseía la mayor población de negros.


José Luis Jiménez

martes, 18 de marzo de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


Villa Troya


         Situada en la esquina de la Cava de los gitanos (Pagés del Corro) con la calle Troya desde el mes de mayo de 1923 que es cuando el palentino Heliodoro Ramos Mancebo abre su libro de cuentas. Es el tiempo en que es refugio del padre de El Pati cuando no estaba sudando en el Muelle o debajo de un paso en Semana Santa; uno de sus primeros parroquianos. Llegado el momento, se hace cargo del gobierno del mixto establecimiento, taberna-ultramarinos, los hijos del fundador, Manolo, Heliodoro y Joaquín; los tres fueron uno, como los mosqueteros de Dumas, durante más de cuarenta años. En el patio vecinal de la que era accesoria “Villa Troya”, vivió el torero Zapaterito, yerno del célebre Minuto, y, también, el viejo cantaor Tragapanes con su familia.

         El cónsul de Triana de la “Peña Er 77”, Ángel Bonilla, nos acompañó cuando visitamos el establecimiento al día siguiente del cierre. Joaquín, el último de los hijos del palentino Heliodoro, mantuvo abierto hasta el postrer suspiro, ayudado por su cuñado, el penúltimo Curro Puya. Nos contó Joaquín la historia de “Villa Troya” para nuestra sección de El Correo de Andalucía (4-8-1996), y de su mano nos tomamos la última cerveza de un grifo “Cruzcampo” exhausto y definitivamente jubilado.

         Curro Puya nos contó que su tío Rafael cuando llegaba con sus amistades a la Cava (el popular Miguel El Potra entre ellos) colgaba en “Villa Troya” un billete de veinte duros y organizaba un “concurso” de cante y baile entre los gitanitos aficionados.

        Después los íntimos, con El Juani, El Titi, Juan El Piqui, El Papi, gitanos que en el sentimiento de Joaquín eran lo mejor del mundo, se juntaban hasta la honrosa retirada con la mejor de la sonrisa en los labios. Y mientras en “Villa Troya” se despedía la fiesta, daba los buenos días a los que se templaban el estómago antes del tajo en el Muelle, la Algodonera, la fábrica de tabacos o en La Hispano Aviación. Y luego llegó la televisión, el primer aparato de la zona. Pero la modernidad traería el desastre; el popular colmao sin sus gitanitos quedó en una esquina para la nostalgia.

           Y en “Villa Troya” también paraba El Vega; su nieta, Esperanza Fernández, lo recuerda en un emotivo tango: “…arréglate que nos vamos/ a tomar café a Villa Troya…”.


Ángel Vela Nieto. De "Triana, la otra orilla del flamenco (2)". 

martes, 21 de enero de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


Los Remedios, convento y raíz (y 2)


         Tras un largo periodo de abandono, el edificio pasa a ser el Instituto Hispano Cubano, fundado por Rafael González Abreu, vizconde de Los Remedios. Al socaire de la Exposición Iberoamericana se practican obras de restauración que fueron dirigidas por el arquitecto Juan Talavera y Heredia, quedando inaugurado el mencionado instituto en un acto en el que estuvo presente el rey Alfonso XIII, celebrado en 1929.

         Después de la construcción del puente de San Telmo, aún aparecía el antiguo convento como un oasis en medio de un inmenso solar, el anchuroso espacio que ocupara la huerta de la Victoria y la propia de Los Remedios que se extendían hasta la margen sur del río, por donde existió la nombrada Quinta de los Remedios.

         La empresa inmobiliaria “Los Remedios, S.A.” tiene fundación en 1920, también alentada por las transformaciones de la ciudad que preparaba el certamen internacional mencionado y es, lógicamente, la más interesada en el funcionamiento del puente abatible proyectado. Cuatro años después se aprueba el plan del sector y el ensanche interior de Triana (el de la futura barriada fue realizado por Fernando García Mercada en 1927, proyecto que no se respetó). Lo cierto es que el puente no se inaugura hasta 1930 y hasta mediados de la década siguiente no se construyen las primeras calles que estarán compuestas de viviendas de protección oficial y que se rotulan con estos nombres: Niebla, Miño, Turia, Arcos, Arqueros, Ánimas, Nao y Béjar, un viario completamente asentado en el sitio de la antigua huerta del convento de la Victoria, quedando todo el entorno como paraje ideal para las excursiones camperas de las familias de los corrales de Triana.

         En 1950 se rotula su arteria principal, Asunción, en recuerdo de la celebración del dogma mariano, una hermana menor de Pureza que sufriría el ataque frontal de la especulación. “Arrabal trianero”, denominó certeramente a Los Remedios el ilustre periodista Joaquín Carlos López Lozano; “la nueva urbanización de Triana”, proclamaba en su publicidad inicial la sociedad promotora, pero... ¿le queda algo de vocación trianera a esta criatura...? Y todo por negarse a escarbar en sus raíces; si lo hiciera encontraría vestigios asequibles de su identidad... y se sentiría orgullosa.


Ángel Vela Nieto (del libro “Triana, sitios y presencias”).

sábado, 18 de enero de 2014

EL DEDO DE RODRIGO


Los Remedios, convento y raíz (1)


         El llamado Barrio de Los Remedios es una gran criatura sin memoria. Nació consciente y con todas sus facultades básicas normales. Supo donde estaba y lo que quería ser de mayor. Creció y creció como un niño rico estrenando ayas y mentores con demasiada frecuencia, recibiendo extrañas enseñanzas que fueron convirtiéndose en un completo galimatías. Tal desorden confundió su entendimiento, llegó a olvidar sus primeras ideas y optó por ir tan encogida de hombros que estos le tapaban los oídos.

         Ya adulta, cada vez que se mira en el espejo del río, el mismo que regó las tierras de la huerta que fue, le asalta la inquietud de una interrogante que es siempre la misma: ¿Quién soy yo...? Se ve tan distinta que le cuesta identificar sus genes lo que complica la amnesia vital que padece.

         En la medida de nuestras posibilidades, pocas desde luego, nos gustaría ayudarle. Y lo primero que se nos ocurre es la lectura que de sus orígenes encontrará en los escritos de tres de los historiadores fundamentales de la cultura trianera: Justino Matute, González de León y Madoz. En sus obras registraron la propiedad de los terrenos que ocupa, nombres de barrios antiguos y los oficios que practicaron los que fueron los más directos ascendientes de sus actuales vecinos, historias de conventos y de monjes que hallaron en este suelo el refugio de la Cruz y la paz del rezo, recogidos en la magnificencia de obras de arte que les ayudaron a comprender la gloria a la que aspiraban; crónicas de molinos de pólvora que saltaron por los aires, de astilleros emprendedores y de puertos de muelas de molinos de donde zarparon gigantes de la navegación (el río podría hablarle de esas epopeyas, pero ha sido tanto su desinterés...).

         Mas recurramos a los ancestros y detengámonos ante el convento que fue su origen cuando ya no ejercía la piedad y a lo peor por eso, por tener un padre jubilado de su oficio, le vino la anormalidad. El sitio tuvo un primer vecino trascendente, el ermitaño que levantó la primera capilla donde la gente del puerto veneraría a una imagen de la Virgen del Carmen, porque ella era el remedio para los males de la navegación. En 1526, diez años después de la llegada de los frailes de la que sería Casa Grande de la Victoria -convento vecino donde fray Diego de Pérez encendía el fervor de toda Sevilla con sus predicaciones-, ya se reza allí a la Virgen de los Remedios que tardaría de disfrutar de casa digna, pues el 20 de octubre de 1603 un vendaval derriba la campana del edificio matando a uno de los frailes de la reducida comunidad de carmelitas descalzos, y dos años más tarde la cofradía de Mareantes acuerda en una de sus actas la entrega de sesenta ducados a los frailes del convento de los Remedios, así por su pobreza como por habérseles caído la casa...

         El edificio actual se comenzó a construir en 1632, más alejado del río, pero su altar no se consagró hasta el año 1700. A fines de ese siglo se levantan las dos naves colaterales de la iglesia, obra de José Echamoros, Maestro Mayor Municipal. González de León lo situaba en 1830, diciendo que hacía punta o cabo por donde terminaba el barrio por esta parte. Añadamos que sor Teresa de Jesús fue huésped en esta casa, un convento que era saludado con salvas de artillería en la partida y, especialmente, al regreso de las travesías de las naos al Nuevo Mundo en acción de gracias. Con el paréntesis de la invasión francesa mantuvo su monástica actividad hasta la ex claustración general de 1835. En el año 1879 refiere el historiador Ana de Valflora: “Es muy nombrada la huerta de este convento por la abundancia y buen gusto de sus naranjas y limones...”.


Ángel Vela Nieto (del libro “Triana, sitios y costumbres”).


         

jueves, 16 de enero de 2014

EL FAROL DE MARCHENA


LA VILLA DE REINOSA: UN TESORO DE LA CAVA.

                                                                                  Para Anselma, por dar de nuevo vida a esta casa.


Mientras que el valor patrimonial de las casas se suelen adquirir en la construcción y con el tiempo, el valor sentimental , el espíritu de la casa, lo adquieren por las personas que han vivido en la misma.  El  caserío de Triana todavía conserva muestras de edificios singulares con un gran valor artístico y espiritual, pese a que  estos no estén identificados ni señalizados convenientemente y pasen desapercibidos para los turista que nos visitan. Un ejemplo lo podemos encontrar en   la Cava Vieja, la de los Civiles,  donde la “Villa de Reinosa” hermosea entre los nuevos adefesios y los abandonados solares.



En una de la esquinas de Pagés del Corro con Antillano Campos podemos encontrar este edificio construido en 1915 bajo la promoción  de Joaquín Arenas Fernández  con la función de  casa-negocio. Nos apunta Ángel Vela que la construcción fue dirigida por Rafael López Carmona, maestro de obras colaborador del afamado arquitecto Juan Talavera, constituyendo una muestra arquitectónica homenaje al municipio cántabro de Reinosa y a la familia del comerciante, como puede apreciarse en los paños cerámicos presentes en los paramentos exteriores de la finca, realizados por Gustavo Bacarisas, que representan a la esposa e hijas de Arenas:  Carmen Gutierrez , Jovita, Encarnación y María Teresa.


El inicio de la Guerra Civil obliga a Joaquín Arenas a abandonar Sevilla, dejando como recuerdo el rótulo de su tienda de comestibles que heredaría y conservaría Francisco Pariente quién con el paso del tiempo se convirtió en un afamado y servicial comerciante, hasta tal punto que la “Villa de Reinosa” paso a conocerse como “Casa Pariente”. La piqueta y el consiguiente exilio de la mayoría de los clientes de la casa ocasionó el cierre del establecimiento.

A finales de los años 70 el edificio presentaba un estado lamentable; los retablos cerámicos y demás elementos ornamentales estaban totalmente deteriorados  así como la mayoría de los cerramientos y carpinterías. A principios de los años 80 se somete a una restauración importante y se consiguen salvar la mayoría de los valiosos azulejos  aunque se encarga al pintor ceramista Guillermo Moreno Moreno la reproducción de algunos paños.

En el año 1986, si la memoria no me falla, entra en  la remozada Villa de Reinosa una nueva inquilina, Anselma Giménez, quien en la actualidad sigue gestionando este singular local que es recomendado en todas las guías turísticas, consiguiendo que aquella casa que mandó construir Joaquín Arenas, allá por 1915, sea mundialmente conocida por “Casa Anselma”.  Desde su apertura hasta la actualidad he acudido con mucha frecuencia a un local donde no era habitual encontrarte  con trianeros. Bautizado por un grupo de amigos, en el año 1992, como el “Pabellon de Triana en la Expo 92”, este peculiar establecimiento se ha convertido por derecho propio en una auténtica referencia de Triana en el mundo, donde la inmensa mayoría de los que acuden quedan gratamente sorprendidos y reconfortados.

Hoy, al enterarme que el Ayuntamiento de Sevilla ha notificado la clausura  de “Casa Anselma”, no pude más que entristecerme   ya que se perderá un lugar emblemático para nuestro Barrio tan necesitado  de sitios como este ante la masiva apertura de bares, carentes de sabor, que terminarán globalizando a Triana.  No quiero entrar en las razones del cierre que seguro habrá sido perfectamente argumentada por los juristas y técnicos municipales; los mismos que autorizan aperturas de bares, camuflados como restaurantes, en la zona acústicamente saturada de Triana y  que hacen la vista gorda ante tantos veladores ilegales en la Calle San Jacinto. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Sí quiero terminar deseándole una pronta recuperación a Anselma, dándole las gracias por tan buenos momentos como hemos pasado en su casa y esperando que “Casa Anselma” tenga una pronta continuación en la historia de la “Villa de Reinosa”.




José Luis Jiménez     

domingo, 15 de diciembre de 2013

EL FAROL DE MARCHENA


Avíón HA-100 TRIANA.

EL AVIÓN TRIANA Y EL "AUTO- TRI"


En este mes de diciembre esperábamos, tal y como habían prometido, la inauguración del Museo de la Cerámica pero, una vez más, y ya son demasiadas, nos han vuelto a tomar el pelo. El asunto de este Centro, donde están involucrados los tres partidos mayoritarios  que gobiernan la ciudad de Sevilla y la comunidad andaluza, debe de encerrar algún problema que desconocemos y que nuestros representantes políticos, demostrando como siempre su absoluta falta de transparencia, nos ocultan deliberadamente. La nueva fecha de apertura que   han publicado esta vez  es enero, pero no han dicho el año.

Sin embargo tenemos algunas efemérides interesantes  que recordar del mes de diciembre de 1953. Por aquel año todavía no existían los porteros electrónicos que en la actualidad mantienen cerrados a cal y canto las puertas de los  pocos corrales de vecinos que milagrosamente siguen en pie. El dictador Franco y su familia habían visitado Triana donde un grupo de trianeros  habían fundado una asociación de nombre “Grupo de Amigos de Triana” con el único  fin de defender el arrabal ante la falta de representación en el consistorio; ahora, pese a  la amplia representación del Distrito, las cosas siguen igual.  La especulación y la piqueta todavía no eran un problema para un barrio que conservaba  en pie gran parte de su prospera industria como la Hispano Aviación que desde 1951 había contactado con el proyectista alemán Willy Messerschmitt para desarrollar los aviones HA-100 TRIANA, HA-200 SAETA y HA-300.  Los frutos del proyecto no se hicieron esperar y en menos de dos años, concretamente el 10 de diciembre de 1953, el avión HA-100 TRIANA realizaba su primer  vuelo.

El Auto-Tri durante su presentación en Madrid.

Pero no terminan los proyectos trianeros en este año - así lo recoge Ángel Vela en “Triana y su Velá en tiempos modernos”- y uno de los trianeros más ingeniosos , Francisco Gaitán Sánchez, presenta en Madrid un utilitario de tres ruedas denominado “Auto- Tri”,  con Tri de de Triana, claro. Un resumen de esta presentación se puede visionar en el NODO del 14 de diciembre de 1953.  Construcciones Gaitan S.l. comenzó con un pequeño taller de reparación de bicicletas en el nº2 de la calle Betis y terminó siendo una próspera industria de microcoches, coches de pedales, motocarros, coches de inválidos, motorización de bicicletas y triciclos de reparto. También construyó camas de hospital y butacas de cine.

Han pasado 60 años y nada queda de aquella Triana industrial con espíritu emprendedor donde, cada 4 años, siguen llegando nuevos políticos acompañados de un séquito cada vez  más abultado  que realizan multitud de promesas y que vienen cargados de heraldos con mensajes banales y noticieros similares al nombrado NODO en distintos formatos; todo ello pagado con dinero público. Y al final  para convertir a Triana en un vulgar muestrario de bares y veladores.


José Luis Jiménez

jueves, 31 de octubre de 2013

EL FAROL DE MARCHENA

Plaza del Altozano con la Torre del Reloj, Capilla del Carmen y edificio anexo en su estado original

LA TORRE DEL RELOJ


Recién inaugurado el Puente de Triana y bajo el proyecto del arquitecto Balbino Marrón, en El Altozano,  se comienza la construcción de una torre   para colocar un reloj. Aunque habría que repasar los archivos arquitectónicos municipales, todo parece indicar que la torre se diseña y construye paredaña  a un edificio existente  de dos plantas más bajo comercial que pudiera ser ya por ese año el conocido establecimiento de “La Unión Palentina”. El final de las obras ocurre en junio de 1853 y  se remata conjuntamente con la humilde Capilla del Carmen, paredaña también con nuestra torre y más cerca de Sevilla,  con una altura inferior que permitía observar una de las dos esferas del reloj, precisamente la que miraba hacia el Puente. La otra esfera miraba al Altozano.

Nos relata Manuel Macías en su “Caserío” que a los pocos meses de su inauguración se comprueba que el sonido de la campana sólo  era audible a escasa distancia de la torre con lo que no ejercía la función adecuada para alertar a la nutrida población trianera. Comenzaron los litigios y se determina que la aleación de la campana no era la adecuada ni tampoco el proceso de fundición así que  finalmente se decide devolver a su fabricante: “Relojería de Zugasti e Hijo” de Bilbao, quién terminó instalando una nueva campana acorde con el requerimiento del proyecto.En 1870 el reloj se encontraba parado y los vecinos reclaman al Ayuntamiento la necesidad de conocer las horas con exactitud con objeto de poder acudir con puntualidad a los trabajos. Destacamos que un vecino relojero, Manuel Rodriguez, se ofreció voluntario para arreglarlo; la historia se repite.En 1911 se sustituyen las esferas por otras nuevas de cristal a la vez que se dota de alumbrado para su visión nocturna. En 1921 el conjunto se encuentra totalmente abandonado y el reloj vuelve a dejar de funcionar hasta su demolición final que ocurrió varios años después con objeto del ensanche del Altozano. El conjunto de la Torre del Reloj y la Capilla del Carmen anexa dan paso al “Edificio del Faro” y la nueva “Capillita” de Aníbal González.

Importante destacar que el edificio anexo a esta Torre fue demolido en los primeros años del siglo XX y en su lugar se construyó un nuevo edificio - más en la línea arquitectónica de la época- en el que sí  podemos asegurar que se encontraba el mencionado comercio de “La Unión Palentina” y en cuyo piso superior estuvo viviendo el pintor ceramista Manuel Vigil-Escalera Diáz. En esta misma época también sufrió una pequeña reforma  la Capilla  consistente en la transformación de la pequeña ventana -único lugar por donde se podía venerar a la Virgen del Carmen- por una puerta de mayores dimensiones que permitía el paso al interior de la capilla.

Torre del Reloj tras las últimas reformas de la Capilla del Carmen y edificio de la Unión Palentina. Observen las diferencias con el edificio primitivo.



José Luis Jiménez

lunes, 28 de octubre de 2013

EL DEDO DE RODRIGO

Fotografía de Jean Laurent. Triana 1879-1880

CURRO PUYA (1)


         Este Curro Puya fue cantaor y torero, bisabuelo del primer Gitanillo de Triana, también titulado como Curro Puya. Torcuato Pérez de Guzmán afirma en su libro “Los gitanos herreros de Sevilla” (1982), siguiendo a Demófilo, que fue uno de los grandes cantaores de todos los tiempos, poseedor de un eco flamenquísimo. Nació este Fancisco Vega hacia la mediación del XIX y está escrito que cantaba esta letra: En el barrio de Triana/ el que no sabe cantá/ sabe tocá bien las palmas. Pero el cante que lo distinguió fue este: Me araquelo Curro Puya/ po la tierra y po la má,/ y por rati soy en Serva/ columna fundamentá. Así traduce  José Carlos de Luna una de las letras más reproducidas y significativas de todo el cancionero flamenco. Augusto Jiménez en su “Vocabulario del dialecto gitano” (1846), le niega a los calés la valentía, pero aclara que “el que sale con valor es terrible”. No cabe duda de que el legendario Curro Puya estaba entre estos. Se fabulaba que era un ser mágico que se reencarnaba en cada generación.

         Curro Puya, según los ecos orales del tiempo, está considerado un maestro en los llamados cantes de fragua. Se afincó en Cádiz “cuando  echaron a casi todos los gitanos de Triana”, según cuenta Aurelio de Cádiz a José Blas Vega. El origen del apodo puede estar, en opinión de Joaquín Albaicín, en las puyas para picadores que se hacían en las fraguas o por los espolones de los gallos de pelea; ambas cuadran dentro de la lógica. También hay quien cuenta que en su tiempo de matador mandaba picar mucho los toros gritándole al varilarguero: “¡Puya, puya, puya...!”. Pero el sobrenombre ya estaba heredado. Manuel López Rodríguez aporta su teoría particular: “Como tenía fama de valiente, fue el cabecilla de las revueltas que originaron los gitanos trianeros (por las persecuciones), y entre las armas blancas que utilizaban los insurrectos se contaban las puyas que él fabricaba en su herrería”.

         Es lo cierto que este Curro Puya heredó la responsabilidad en la comunidad gitana de Triana de su honorífico grado de autoridad y que fue un líder, un jefe, donde clanes castellanos -según se ha escrito- quisieron imponer su hegemonía en medio del desgobierno que envolvió al arrabal durante gran parte del siglo XIX. Su coetáneo, Demófilo, lo cita como una figura principal que dominaba los cantes por seguiriya y por soleá. Adornemos la semblanza de tan relevante personaje con otra de las letras flamencas que se le dedicaron, variante de la que ya hemos asentado en caló: En el barrio de Triana/ se han echao a temblar,/ porque entraba Curro Puya,/ la piedra fundamentá. O ésta, más extendida y redonda: A mi me llaman Curro Puya/ por la tierras y por la mar,/ y en llegando a la taberna/ la piedras fundamental.


Ángel Vela Nieto (del libro “Triana, la otra orilla del flamenco”)

lunes, 7 de octubre de 2013

EL FAROL DE MARCHENA


Único recuerdo de la "Hispano Aviación" en Triana. Placa ubicada en la fachada de la Calle San Jacinto.

LA HISPANO AVIACIÓN: EL FIN DE LA INDUSTRIA TRIANERA


En los tiempos que corren donde las cifras del paro siguen creciendo mes a mes - pese a que  incomprensiblemente para los políticos siempre son positivos los números que  anuncian y, entre la misería, nos hacen ver el éxito de su gestión-  pocos pueden imaginar que en Triana, hasta principios de los años 70 del siglo pasado, hubo una importantísima industria aeronáutica que llegó a dar trabajo en los momentos de mayor esplendor a 1500 personas. Una marea humana que inundaba a diario la calle San Jacinto dotando al Barrio de una vida saludable, como dirían los nutricionistas.  Con especial cariño recordamos  su famoso  “pito”, auténtico reloj de Triana. Eran años donde no existía el carril bici pese a que muchos trabajadores de la Hispano llegaban a la factoría usando este medio de transporte. Esta importante industria trianera convivió con la de los almacenes  de aceituna, la industria cerámica y las numerosas fraguas repartidas por el arrabal. Triana mantenía con ella su indiscutible tradición industrial que se remonta a la alfarería, a la industria de la pólvora, a la fabricación de jabón o  a sus famosos astilleros.

Pero la Hispano Aviación fue un orgullo para Triana no sólo por la cantidad de empleo y recursos que generó sino porque aquí se engendró y nació el primer avión a reacción fabricado en España: “El Saeta”; nuevo hito para la historia de Triana que ya poseía el de  la fabricación del primer barco a vapor construido en nuestro pais: “El Betis”.  El Saeta o H-200 vuela por primera vez en Agosto de 1955 y tres años antes ya se había probado y construido el avión H-100 conocido como “Triana”.

El avión  "HA-100", denominado "Triana"


No hace ni 40 años que la Hispano cerró sus puertas y en sus instalaciones se construyó la barriada que podemos contemplar en la actualidad. Como testigos mudos permanecen la fachada de la calle San Jacinto, la nave central , denominada familiarmente “El Paragüas” y la “Nave de Maquinaria”, actualmente ocupado por un Gimnasio; la plaza que forman estos dos edificios la nombraron como Plaza del Monte Pirolo. El resto del entorno lo constituyen  viviendas ordenadas en torno a una gran plaza rectangular a la que rotularon con el nombre de Plaza del Zurraque. Demostraron los gobernantes poco conocimiento geográfico e histórico de Triana nombrando a estas dos plazas de la moderna barriada Hispano.

 Sin embargo, en tan poco tiempo,  esa ordenada  marea humana  que suponían los mil quinientos empleados con sus numerosas bicicletas, el estruendoso ruido que producía el famoso “pito de la Hispano” y toda la industria de abastecimiento aledaña , donde las tabernas constituían los establecimientos de mayor interés, se ha sustituido por una marea incontrolada de ciclistas circulando por sus nuevas vías verdes o incluso  por las aceras, patinadores, veladores y otros  artefactos  que  están convirtiendo a Triana en un lugar poco apto para vivir. Si antes las tabernas constituían el mejor soporte a la industria trianera, ahora el escaso comercio y casi nula industria artesana intentan vivir de los clientes de las nuevas y, en la mayoría de los casos, irrespetuosas tabernas.

Pero lo peor de todo  es que este análisis evolutivo que hemos realizado de nuestro Barrio se puede hacer extensivo al resto de España donde irremediablemente terminaremos convirtiéndonos en los camareros de Europa; eso sí, con un alto grado de preparación académica.

José Luis Jiménez


lunes, 30 de septiembre de 2013

EL DEDO DE RODRIGO


                            Sucedió en Triana (1740-1800)

         En el libro “Triana, la otra orilla del flamenco" contamos algunos sucedidos fundamentales en nuestro barrio durante la época denominada preflamenca que reproducimos aquí:

       -Olavide reglamenta los baños en el río. La Velá de Santa Ana, la primitiva y gran fiesta del arrabal, sufre periodos de censuras y prohibiciones.

       -El año 1742 abrió los ojos a la luz de Triana Marcos Hiraldez de Acosta, que llegaría a ser considerado ilustre figura de la ciencia médica andaluza. Catedrático de Método, su benemérita actuación fue providencial durante la terrible epidemia de 1800.

        -En 1762 se suprimen los fuegos artificiales. Triana es un barrio donde laboran numerosos coheteros.

         -El terremoto de 1775 afectó a todo el caserío trianero soportado por una muy castigada cimentación. Y como el templo de Santa Ana quedó muy afectado no faltó púlpito desde donde se le echara la culpa de la ira de Dios “al libertino barrio y sus pecados”. Diez años después Triana padecería una epidemia de peste.

         -El mismo año del terremoto, nace en la calle Castilla Alberto Lista, gran figura intelectual de la Ilustración Española, maestro de Bécquer y Espronceda... “Feliz el que nunca ha visto/ más río que el de su patria,/ y duerme a la sombra del árbol/ donde de niño jugaba...”, sentenciaría en un poema poco antes de morir en 1848.

        -La hoy conocida como Casa de las Columnas, que fuera sede de la Universidad de Mareantes, se convierte en casa de vecinos el año 1780.

        -Carlos III dicta leyes en 1783 que pretenden dignificar la existencia de los gitanos; esto es, si pasan por el aro de las normas oficiales. Lo cierto es que iban dirigidas a cierta clase de individuos que nada tenían que ver con los censados en Triana.

         -En 1784 eran El Arenal y Triana lugares ideales para la instalación de escenarios teatrales. En Triana, en una nave de Los Remedios, se establece una compañía de títeres y un grupo de cómicos dirigido por María Solís, tonadillera y especialista en el baile del fandango, para alentar el ánimo de sus agobiados vecinos. Aquí permanecen durante varias temporadas cerca de un público aficionado, cálido y fiel.

         -En 1786 llegan a Sevilla las primeras tres cigarreras, eran francesas y traían la misión de adiestrar a las empleadas nativas en las faenas auxiliares para la elaboración del rapé, cuyo consumo hacía furor entre los elegantes. Sin embargo, el cigarro se impuso y hubo que contratar a cientos de mujeres. Nació el mito y parte de él fueron muchas mujeres, gitanas o no, de esta orilla del cante. La estampa de las cigarreras con sus llamativos mantones y su rodete en el pelo, embarcando en las falúas del Puerto Camaronero camino de la fábrica, quedó como un cuadro de costumbres.

       -Grandes inundaciones arruinan aún más el caserío; una de estas terribles plagas fluviales, la de 1796, acaba con el primer barrio satélite del arrabal trianero, el de San Sebastián, antiguo núcleo de pescadores que se amparaba en los muros del convento de la Victoria y donde, por cierto, vivían entonces cuatro familias dedicadas a la herrería.

Ángel Vela Nieto

         

lunes, 16 de septiembre de 2013

EL FAROL DE MARCHENA


EL PUENTE DE TRIANA: UN SÍMBOLO DE LA SUPERVIVENCIA


Tuvieron que pasar casi 700 años para que Triana quedara comunicada de una manera adecuada mediante un puente  sólido acorde a los requerimientos del arrabal.  Aunque los primeros planteamientos de un nuevo puente quedan constatados desde al menos la primera mitad del siglo XVII con el proyecto  de un puente de piedra realizado por Andrés de Oviedo- ver entrada de este blog de fecha 7 de abril de 2011-, no es hasta 1852 cuando se inaugura el Puente de Triana, o sea, que estuvieron mareando la perdiz dos siglos y medio.  La historia de su  construcción y copia fiel a la del puente parisino de Carrusel ya la hemos detallado en este blog.


La barandilla actual data de 1918 y las farolas de 1972.

Nuestro puente, testigo mudo de accidentes, levantamientos militares, asesinatos, tardes de gloria taurina e infinidad de festejos, ha sabido sobreponerse a sus 161 años de antigüedad soportando las embestidas del río, las cargas de vehículos pesados durante sus 100 primeros años de vida -cuando era la salida obligada de Sevilla hacia Huelva y el Aljarafe-, el paso de los primeros tranvías de  tracción animal donde el percherón  Pujavante,  a las órdenes de Barriga, era el único que conseguía subir al “riper” por la rampa del Altozano.

Fotografía aparecida en Mundo Gráfico el 12 de Abril de 1916. Se aprecian la barandilla original y los bancos.

Sin embargo su estado de salud ha pasado por momentos delicados:  ya en 1874 tuvo que efectuarse una primera reparación estructural importante en su estribo derecho y en ambas pilas. En 1881 se refuerza y repara su estribo izquierdo. Sin embargo la enfermedad seguía estando latente porque en 1890 se informa públicamente del mal estado de los andenes y en 1900 se comunica, desde la Jefatura de Obras Públicas, de la necesidad de remodelar el puente para adaptarlo a las necesidades de la pujante industria trianera y al establecimiento del nuevo tranvía eléctrico. Ya empieza a barajarse la posibilidad de demolerlo.  Afortunadamente se optó por una remodelación importante  que terminó con el ensanche del tablero  a la vez que se rebajaron las rampas y se sustituyeron las barandillas originales por las que existen actualmente. Consecuencia de esta intervención fueron también la pérdida de los bancos y de los soportes de piedra de las primeras lámparas de arco eléctrico. Estamos en el año 1918 y ya pocas intervenciones dignas  de mención se realizan hasta la  gran reforma de 1976, pese a que una enfermedad de base siempre ha estado pesando sobre nuestro puente. En Octubre de 1957 un informe técnico concluye con la prohibición del paso de autobuses y vehículos de carga que sin embargo no se comunica públicamente hasta 17 de octubre de 1958. En el mismo informe se relata “ la imposibilidad técnica de reformar la capacidad de carga del puente actual, dado el sistema de construcción”. En definitiva que el puente queda sentenciado a muerte.





Pese a permanecer durante cerca de 20 años en el corredor de la muerte, los trianeros no permitirán que se derribe este símbolo del arrabal que ya llevaba conviviendo entre ellos más de 100 años. En 1974, encontrándose abarrotado de gente al paso de la Esperanza, el puente se estremeció y la condena a muerte parecía próxima a ejecutarse. Se prohibió  el paso de todo tipo de vehículos y los reiterados informes del Ingeniero de Caminos Carlos Fernández Casado dejaban poca esperanza. Pero la sociedad sevillana se movilizó y fue decisiva la intervención del Colegio de Arquitectos que lanzó un comunicado - que  reproduciremos en una nueva entrada de este blog- donde  no descartan la existencia de otras soluciones técnicas que permitan su refuerzo sin tener que derribarlo.  Fue el ingeniero Juan Batanero el que ideó y proyectó el refuerzo que finalmente se llevó a cabo bajo la dirección del ingeniero Manuel Rios Pérez.  Con fecha 13 de abril de 1976 se declaró monumento nacional y el 13 de junio de 1977 se reinauguró  tal y como lo podemos contemplar en la actualidad.



Pero las penurias de nuestro Puente no terminan con este perdón  “in extremis”. Los últimos años ha tenido que seguir soportando el abandono de los gobernantes municipales y la permisividad con las nuevas modas de colocar candados, en una entrada de este blog de fecha 9 de febrero de este año ya denunciábamos el mencionado estado.  Esta vez el corte de tráfico no ha sido necesario realizarlo mediante informes técnicos de ruina;  la irracional peatonalización de la calle San Jacinto y la proliferación de carriles bicis por doquier han imposibilitado el tráfico. Lo último, también documentado y denunciado en este blog, ha sido la no inclusión del Puente de Triana entre los monumentos más destacados de Sevilla. ¿Para cuándo una “plataforma salvadora”?

José Luis Jiménez


viernes, 9 de agosto de 2013

LA CAVA


Julie, nuestra amiga americana, enseñándonos cosas de Miami -ciudad en la que habita buena parte del año-  nos mostró la fotografía que encabeza esta entrada. Se trata, según nos explicó ella misma,  del mejor tablao flamenco de Miami: “La Cava Tablao Flamenco Restaurant”. Poco sabemos de su dueño, el sevillano Pepe Canto. El local realmente está ubicado en la ciudad de Coral Gables, perteneciente al condado de Miami y la dirección es  8 street , o sea calle del 8.

Con el nombre de La Cava nos hemos encontrados diversos establecimientos relacionados con el Flamenco, desde ciudades tan cercanas y flamencas como Cádiz hasta otras tan recónditas y lejanas como esta de  Coral Gables. Y es que es difícil encontrar una calle que reúna tantas connotaciones flamencas y taurinas y que siendo tan real parezca onírica.

Sin embargo son frecuentes los errores que encontramos tanto en la ubicación como en la denominación de esta calle trianera por la que siguen interesándose muchos turistas y amantes de nuestro barrio a los que intentamos abrir los ojos para que  puedan ver la verdadera dimensión de este entorno.

La vía, que transcurre paralela al río, es  la única que atraviesa la Calle San Jacinto formando con ella una gran cruz trianera, siendo precisamente en esta intersección donde queda históricamente dividida en dos partes: La Cava Alta, después Vieja y finalmente  de Los Civiles frente a  la Cava Baja, Nueva o de Los Gitanos.

La Cava, Pagés del Corro para los que todavía no se hayan situado,  refiriéndonos a las edificaciones, es en la actualidad  un enorme escaparate de  adefesios; es como si la calle la hubieran convertido en una zona experimental para jóvenes arquitectos con poco gusto y escaso conocimiento de la historia. También es la zona por donde la barriada de Los Remedios, conocido puntal de Triana, va arañando lentamente causando  heridas irreparables que alcanzan ya al mítico Monte Pirolo. Cuesta creer que en plena Cava de los Gitanos algunos comercios se adornen con el nombre de la empresa inmobiliaria que construyera la  mencionada barriada.

Expulsados los trianeros, expoliadas las casas de vecinos, clausuradas sus tabernas - auténticos templos del Flamenco junto con las también desaparecidas fraguas- la Cava sigue manteniendo, como bandera de la falta de pudor  de aquellos que nos gobiernan, solares y casas abandonadas y antiguos corrales cerrados a cal y canto, para disfrute de no sabemos muy bien qué vecinos.

Sin embargo, y pese a tanto daño, tenemos que presumir de la coexistencia de tres grandes colegios trianeros:   Reina Victoria,  San Jacinto y José María Izquierdo forman la columna vertebral de la enseñanza trianera durante muchas generaciones,  convirtiendo a La Cava en el centro cultural del Barrio. También nos congratulamos de la existencia de edificios tan emblemáticos como el convento de las Mínimas,  la iglesia de San Jacinto y de San Vicente de Paul, recientemente representadas en el cartel de La Velá. Referimos en la parte positiva la muestra de corrales de vecinos que aún se pueden contemplar, algunos con mayor dificultad que otros, y para aquellos que quieran saber más de esta calle lo remitimos  a nuestro pequeño y apócrifo ateneo de “El Ancla”, situado en plena Cava de los Civiles; para que Manolo, o alguno de los tertulianos presente,  le termina de completar la historia y si el día no está muy malo a buen seguro que hasta lo acompaña a los pies de Rodrigo de Triana, vigía permanente pese a estar en la Cava Baja.


José Luis Jiménez

miércoles, 29 de mayo de 2013

EL COLEGIO REINA VICTORIA IV. EL BATALLÓN INFANTIL DE MARINERÍA


Un curioso acontecimiento en la historia del Reina Victoria fue la organización del Batallón Infantil de Marinería. La génesis de tan singular agrupación tuvo lugar durante el mes de junio de 1912 cuando se nombró una comisión presidida por Andrés Fernández Mensaque con el apoyo de un nutrido grupo de  personalidades destacadas del barrio entre los que estaban Manuel Carriedo y el director del colegio, D. José María del Campo. El fin de la idea fue la de exaltar el patriotismo de los niños en una época donde había múltiples corrientes antimilitaristas y un enconado conflicto con Marruecos.

Los pequeños marineros usaron como uniforme el del cuerpo general de la Armada e inicialmente estuvieron dirigidos por un teniente de navío de 11 años, el niño José Gómez Rodríguez. En número de ciento cuarenta niños, el batallón se dividió en tres secciones al mando de otros tantos alféreces de navío. Como necesario complemento a la divertida organización militar no faltó una banda de música, con cornetas y tambores, dirigida inicialmente por Manuel  Damas,  que ejercerían de animadores musicales en multitud de actos y festivales.

El abandono paulatino por parte de sus principales animadores  y, tal vez, la falta de los necesarios fondos económicos terminaron con la aventura de este batallón trianero.


José Luis Jiménez

jueves, 23 de mayo de 2013

EL COLEGIO REINA VICTORIA (III). A DOÑA EMILIA MARTÍN MANCERA




Cuando comenzamos esta serie de entradas acerca del Colegio Reina Victoria disponía de poca  bibliografía relacionada con el colegio. Algún artículo de la Revista Triana, pequeñas referencias en libros sobre la historia de Triana, libros-catálogos sobre Aníbal González y tratados sobre la escuela pública sevillana era todo lo que disponía de información. Sin embargo, una búsqueda en la web me llevó hasta un blog creado para dar a conocer un libro que se había publicado sobre la historia del colegio. Poco conocía de su autora, Dña. Emilia Martín Mancera, así que rápidamente  comencé a buscar datos sobre la misma y alguien que me llevara sobre el libro que, de momento,  nadie conocía. El citado blog sólo disponía de dos entradas; la primera, del mes de febrero de 2009, anunciando el libro y la segunda, de septiembre de 2009, anunciando la muerte de Dña Emilia.El blog lo firmaba Mariano Ganfornina Álvarez, persona desconocida para mí y  para aquellos a los que realicé una primera consulta. Investigando en la red pude encontrar el correo electrónico del Sr. Ganfornina y gracias a dicho medio pude ponerme en contacto con él. En un intercambio de correos, Mariano, antiguo alumno del Reina Victoria, me puso en antecedentes del libro y  de su autora. Incluso me mandó la fotografía que encabeza la entrada así como un adelanto en forma de archivo escaneado de la portada y contraportada del libro.

El libro, de título exacto “Historia del Colegio José María del Campo, es un trabajo fruto  de su experiencia como directora del Colegio además  de tres años de investigación en hemerotecas. Contó con el apoyo  del propio Mariano Ganfornina y del jerezano Fernando Álvarez Montes que, según cuenta Mariano, pudo limpiar los documentos gráficos para su publicación. La autora no tuvo fines lucrativos con la edición de este libro; todo lo contrario ya que la única entidad que aportó dinero, no más de 200 euros, fue la Fundación Cajasol.  Se editaron 75 ejemplares que en su mayoría,  a la muerte de Dña. Emilia, quedaron sin distribuir.

De la biografía de Dña. Emilia podemos aportar que nació en Bodonal de la Sierra en diciembre de 1924, maestra de primera enseñanza y licenciada en ciencias químicas por la Universidad de Sevilla. Tras pasar por diversos centros escolares termina en el colegio Reina Victoria, del que fue muchos años directora. Dña. Emilia murió viuda sin hijos y sólo tenemos referencia de una sobrina de nombre Laura, de la que desconocemos su paradero. Pero lo más importante de todo, y es por lo que le hemos querido dedicar esta entrada, es que gracias a su tesón el colegio Reina Victoria sigue en pie y goza de un buen estado de salud.  Por el año 1969 el alcalde de la ciudad, Félix Moreno de la Cova, decide demoler el colegio y enviar a los alumnos a un colegio fuera de Triana.  Eran tiempos donde la especulación inmobiliaria no respetaba nada. Los trianeros, en tristes procesiones, salían de su barrio en dirección a los nuevos polígonos y La Cava iría transformando su fisionomía y sabor. Sin embargo, en el Colegio Reina Victoria, Emilia Martin Mancera hizo frente al alcalde y logró frenar la disparatada decisión. Buscó dinero para la realización de las obras de rehabilitación e incluso planificó las mismas para que se realizaran sin parar la labor docente en el colegio.

Dña. Emilia murió sin hacer ruido, como a ella le gustaba trabajar,  – según palabras de su amigo Mariano Ganfornina-  en 2009, el mismo año que se celebraba el 100 aniversario de la inauguración del colegio. Sería injusto que pase un día más sin que al menos una simple placa, en el interior del colegio, recuerde a esta persona cuya labor ha sido fundamental en la historia de este colegio trianero.




Continuará…..

José Luis Jiménez

viernes, 17 de mayo de 2013

EL DEDO DE RODRIGO



Rocieros de infantería


            Va de recuerdos. Pongamos como fecha los años cincuenta que igual que en los cuarenta varió la vida muy poquito desde el primero al último año de la década; el mismo gris y las mismas carencias. Fueron los años de mi niñez, mi patria (“la infancia es la patria del hombre”, sentenció un poeta). Y Triana, mi patria física, era todavía un pueblo cercado en su forma de arco de amplios espacios abiertos para el disfrute de los niños, y unas costumbres festivas de siglos para que los mayores se olvidaran, siquiera por unos días, de esas estrecheces que he mencionado y poner un poco de color a sus vidas.

            Estaban la comitiva de los Reyes del Ateneo, la Semana Santa y la Feria, aunque ésta sólo diera para un paseo hasta el Prado de San Sebastián para contemplar la diversión ajena como si fuera propia. Y lucían las Cruces de Mayo, más asequibles y disfrutables; la salida en procesión de alguna imagen de gloria que favorecía el paseo por el barrio e invitaba a la cervecita –sólo una- en la calle San Jacinto o el Altozano… y el Rocío. ¡Ah, el Rocío!, una fiesta para todos porque se partía en dos, el Rocío de caballería (a caballo o “transporte”) y la siempre fiel infantería acuartelada y con día de permiso. Los primeros eran los principales protagonistas, los que podían presumir de circunstancias que les permitían embutir las carnes en el distinguido uniforme y desahogar su buena suerte rociando sus coplas desde el estruendo del primer cohete de salida del Simpecado.

            ¿Y quiénes iban a ser los de la infantería acuartelada en día (o mañana) de permiso”?, pues los que se tenían que conformar con el espectáculo de ver pasar a los primeros, los afortunados, los rocieros de galones, cuyo Rocío llegaba adonde tenía que llegar, mucho más allá del Patrocinio o de la Pañoleta, y a los que no volveríamos a ver en una semana. De niño y algo mayor viví este tiempo rociero reducido a la contemplación de la salida y el regreso, o sea, en plena infantería cuartelera. Estaba, como la mayoría de los trianeros de los corrales, en mi función de activo animador de la rutilante maravilla; incrustado en la masa en un apretado tramo de acera de San Jorge o Castilla, aplaudiendo a los protagonistas de caballería y transportes, admirado de tanta gracia en los adornos de las carretas y en la belleza de las muchachas ataviadas como la Virgen de la romería mandaba, explosivas en su gracia y en sus cantes. No faltaban rostros de cine, estrellas deslumbrantes con la jerarquía de sus palillos repicando y que sólo volvían a su barrio en esa fecha, lo que alimentaba la curiosidad. Y recuerdo que los chiquillos los acompañábamos hasta los límites patrios, el que marcaba la capilla del Cachorro.

            Los presumidos, que los había como es natural, podían, mientras sujetaban al animal, soltar las riendas de todas sus ansias de verse como galanes del cine, admirados, envidiados y hasta aplaudidos por tantos vecinos encendidos y conocidos en su mayoría. Los de mi patio siempre fuimos de infantería, de la clac, que una vez pasada la ola de colores volvíamos al marengo y al cinc del corral, pero con la esperanza de que en una semana el espectáculo -gratuito- se repetía en la tarde-noche por los mismos escenarios. Sólo que sabíamos que algunos de los cruzados regresarían pareciendo soldados de un ejército en retirada. Y así hasta el último cohete, porque parece inimaginable el Rocío sin cohetes…

            Pues nada, otra cervecita en el Cañaveral y para el cuartel o el cine de verano… Y que viva el Rocío, la fiesta para todos los “cuerpos” militantes.

Ángel Vela Nieto
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