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Fotografía: Serrano. Publicada en ABC |
No he querido aguar fiesta ninguna, y menos los días señalaítos de Santa Ana, y he esperado al último cohete que, por cierto, la crisis apagó antes de emprender su vuelo luminoso. Conste que tampoco pretendo avivar fuegos como anda el ánimo en este amplio solar que todavía se llama España. Sólo entiendo que es de justicia, dada la fecha (cuando esto escribo es 21 de julio), comentar una página oculta de la historia de Triana, página de un libro que jamás se escribió y que debió recoger los sucesos que hicieron temblar al barrio entero a partir de otro 21 de julio.
Las fotografías son de esta fecha y sabemos que la primera salió de la cámara de Serrano y publicada en ABC. En ella una mujer enlutada -junta a otra- con una toalla blanca en las manos, no sabe qué hacer ante el cadáver de un joven (¿su hijo?) que yace junto a dos hombres más bañados en sangre, uno de ellos caído sobre la acera. Justo al lado, un hombre de mediana edad, delgado y vestido con un traje claro, observa, aparentemente impasible, la escena. Al fondo de la calle, y en la esquina de Fabié, un grupo de vecinos se asoma alarmado sin atreverse a más...
Se ha escrito mucho sobre la represión en Sevilla con la imagen descrita como ejemplo, pero nada, o casi nada, sobre las víctimas de la foto. En uno de los pies de estas reproducciones pudimos leer: “La venganza contra Triana. Queipo de Llano encontró focos de resistencia en barrios obreros de Sevilla. La represión en ellos fue brutal. En la imagen, dos vecinas lloran por la muerte de sus familiares, ejecutados en una calle de Triana. Antes de retirar los cadáveres, la población tuvo que limpiar las fachadas de lemas favorables a la República”. El sitio elegido para el fusilamiento estaba pensado. No fueron las tapias del colegio Procurador ni las de la piscina de Sebastián Elcano, donde cayó “El Polito” y tantos más, era el corazón del barrio donde mejor podía prender el terror en las primeras horas de la invasión.
Un día, miércoles 13 de octubre de 1999, y en el diario El Mundo, apareció un artículo firmado por Francisco Javier Recio con este título: “Historia de una fotografía”, y como ilustración la de Serrano en Triana. Se habla de dos libros sobre los terribles días de julio del año negro, uno de Juan Ortiz Villalba y el otro de Nicolás Salas; los dos, con algunas contradicciones, coinciden en señalar la crueldad con que se produjo el asalto a Triana. Lo curioso es que las fotos del mencionado Serrano y las de otros dos reporteros gráficos más, que se repartieron la zona de la acción, se mostraron como ejemplos de la barbarie izquierdista en los días en que el barrio resistió a las tropas del comandante Castejón. Y cualquiera lo rebatía... El primer autor adjudica los tres cadáveres al grupo de resistentes trianeros; el segundo se limita a lo que el fotógrafo relató en su momento, o sea, que pudieron ser elementos izquierdistas asesinados por otras facciones del Frente Popular. Ortiz Villalba rechaza esta versión, pues si hubiera sido así Queipo de Llano lo hubiera aprovechado para su propaganda radiofónica. Estamos con Ortíz Villalba por la lógica del sentido común; qué otra cosa podía decir un reportero presionado por las circunstancias y que, además, venía a las órdenes de los invasores. Lo cierto es que hasta ahí llega la “historia de una fotografía”.
Fotografía de origen desconocido publicada en la web "Todos los Rostros" |
Hace unos días ocurrió lo que nos ha movido a escribir sobre el trágico suceso. Hallamos en Internet (“Todos los rostros”) otra imagen del mismo día y lugar y vemos que han desaparecido las dos señoras de negro y el misterioso caballero impasible, surgiendo otra vecina mayor que se limita a ver cómo un joven trata de levantar el cuerpo al que las mujeres pretendían, al parecer, taparle el rostro. Creemos que la foto descubierta es una imagen inmediata posterior. ¿Convencieron a las dos pobres vecinas para que se alejaran? Porque lo más probable es que las fuerzas invasoras, con severas órdenes de disparar a todo lo que se moviera o fuera mínimamente sospechoso, andarían recorriendo calles inmediatas sembrando el pánico. ¿Quién sería el muchacho que arriesga su vida...?
… y quiénes son estas víctimas. Durante cuarenta años ha habido tiempo de repetir los nombres de los asesinados por el otro bando; durante los más de treinta de democracia no ha habido lugar para saber ni siquiera los de la fotografía más recurrente cuando se ha querido mostrar la barbarie de la guerra civil. Ese es el problema ya sin solución... por lo visto.